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La doble desaparición de Florentino Rubio

Este vecino de Torres del Río fue asesinado en la Guerra Civil. Su esposa logró recuperar su cuerpo de una fosa común de Beriáin en los años 60, pero unas obras en el cementerio han extraviado de nuevo sus restos, buscados ahora por su nieta.

Un reportaje de Txus Iribarren - Miércoles, 1 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Arriba, la lápida desaparecida junto con el cartel que ponen cada año. Abajo, documentos del caso Florentino y la ambigua placa del cementerio sobre el 36.

Arriba, la lápida desaparecida junto con el cartel que ponen cada año. Abajo, documentos del caso Florentino y la ambigua placa del cementerio sobre el 36.

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Hoy miles de navarros y navarras colocarán flores y llorarán a sus muertos ante una tumba. Los descendientes de Florentino Rubio, en cambio, no podrán hacerlo. Es cierto que muchos otros familiares de fusilados de la Guerra Civil tienen la misma frustración porque aún no han podido encontrar sus restos, pero el caso de Florentino, nacido en Torres del Río y asesinado en 1937, es singular. Su hija Teresa sí que logró dar con sus huesos en una fosa común de Beriáin en los años 60. Y en años de silencio y miedo, consiguió exhumarlo y enterrarlo en el camposanto de su localidad natal. Sin embargo, fruto de una remodelación del cementerio, su tumba de nuevo “desapareció” en 2011, sostiene la familia. A partir de esa fecha sus nietos y el Ayuntamiento se han enzarzado en una polémica en torno a lo que sucedió con esa tumba y el paradero del cadáver. Tras un toma y daca de cartas, expedientes e incluso con la intermediación del Defensor del Pueblo, la familia no ha conseguido dar con ellos y achaca al Ayuntamiento haber puesto más obstáculos que facilidades. El resultado actual es una maraña burocrática y varios intentos infructuosos de exhumación. Florentino ha desaparecido dos veces. Su recuerdo sigue vivo, pero sus restos vuelven a estar en paradero desconocido 80 años después. Esta es su historia contada por su nieta Blanca Oria.

“Florentino Rubio Martínez (Torres del Río, 1895) fue llevado a la cárcel de Estella en el otoño de 1936. Estuvo preso varios meses y en marzo de 1937 lo trasladaron al fuerte de San Cristóbal, donde pasó muy poco tiempo, tal vez solo unos días. De ahí lo sacaron para llevarlo a Beriáin y asesinarlo. ¿Su delito? Haber reivindicado ante el Ayuntamiento de entonces lotes de leña y terrenos de comunal. Fue el único de su pueblo y dejo viuda y cuatro hijos. Una de ellas, Teresa Rubio -que era mi madre- se enteró a principios de los años 60 dónde estaba enterrado y de que en esa zona iban a hacer un campo de fútbol”, relata. “Mi madre consiguió permisos y se fue a Beriáin a desenterrarlo. Lo encontró junto a otra persona de Genevilla, a la que también habían matado. Recogió los restos y los metió en una caja de zinc. Luego los llevó a Torres del Río y los enterró en el cementerio. En aquella época no pudo ponerle lápida ni señalización, pero sabía dónde estaba, porque lo había enterrado ella misma. A mediados de los años 80 murió la abuela (la mujer de Florentino Rubio) y se les puso una lápida a ella y otra a él. Desde entonces, para todos nosotros, aquel era el lugar donde estaba y allí íbamos una vez al año por lo menos”, recuerda Blanca. que no da crédito a lo que iba a suceder años después...

las obras de 2011“En noviembre de 2011 fuimos a poner flores al cementerio de Torres del Río y nos encontramos con que la tumba de mi abuelo había desaparecido”, continúa. “Era una lápida con cruz y todos los años le poníamos un ramo de flores cuando íbamos en noviembre. No se trataba de ninguna tumba abandonada ni nada semejante”. Blanca no se resignó a estos hechos. “Cuando desaparece la lápida me reuní con el Ayuntamiento del pueblo porque no habían avisado de nada. Después de aquella reunión, les pedí que buscaran los restos del abuelo y que los volvieran a poner en su sitio. Lo mismo que su lápida”, explica. Por eso les envió una carta el 5 de marzo de 2012 que fue respondida el 4 de junio por parte del alcalde, quien negaba que se hubiera realizado ninguna exhumación con la obras, les recordaba que la familia no tenía derechos adquiridos en el campo santo y les instaba, en todo caso, a acreditar una petición formal de exhumación. Florentino volvía a chocarse con el Ayuntamiento mucha años después de muerto...

El asunto se embarranca en este ámbito burocrático y Blanca acude a la Affna 36 (asociación de familiares de fusilados), que les remite al Defensor del Pueblo. “Fui un par de veces o tres y también le envié algunos escritos. El Defensor recomendó que había que solucionarlo, pero el alcalde -según sostiene Blanca Oria-, trató de retrasar el tema “pidiéndome papeles y más papeles. Le envié todo lo que pide, aunque no había justificación para algunas de las peticiones y no le quedó otro remedio que acatar lo que dijo el Defensor del Pueblo en 2012: facilitar la exhumación de los restos y ponerlos a nuestra disposición”.

Sin embargo, todo volvió a estancarse. “Como no hicieron nada, volví a insistir y en abril de 2013 le volvieron a instar al Ayuntamiento en la misma línea. La verdad es que fue un proceso largo y penoso. Finalmente conseguimos que el alcalde gestionara una pala y fuimos a buscar los restos al cementerio. Lo cierto es que no apareció nada y entonces pensamos que a lo mejor, al estar enterrado en una caja de zinc, un detector de metales podría servir para averiguar algo más. Yo me fui decepcionada y el Ayuntamiento se quitó un peso de encima porque todo se quedó a la espera de volver con el detector aunque también trató de endosarme los gastos de esta maquinaria que yo no había contratado aprovechando que tenían mis datos personales en la documentación privada que previamente habían pedido”, se queja.

¿un detector de metales?“Han pasado más de tres años desde entonces. Creo que la posibilidad de mirar con un detector sería algo sencillo y esa es la petición que tengo hecha desde hace tiempo a la Affna, y siempre han mantenido la intención de hacerlo, pero todo es muy lento. El hecho es que seguimos sin saber dónde están los restos de mi abuelo. Yo sigo yendo todos los años en noviembre, pongo las flores y también suelo colocar una pequeña lápida efímera (sobre un bastidor o cualquier cosa) en la que señalo que le seguimos buscando. No sirve para mucho, pero de esta manera siento que no coloco las flores sobre la nada. Florentino Rubio ha desaparecido dos veces. Pero al menos quiero que se sepa todo esto. Por eso no me parece mala idea dar a conocer su historia y lo que le ha pasado”, concluye.

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