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Hoy todos somos menos libres

Por Alicia Ezker - Viernes, 3 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Es difícil no seguir hablando de Catalu-nya cuando cada día nos atropellan nuevos acontecimientos que nos van arrastrando al triste escenario de la democracia arrasada. Atrás quedaron los días de pedir diálogo como única arma política ante el desencuentro, diálogo para buscar puentes entre las dos orillas tratando de evitar que los ciudadanos y ciudadanas quedaran exhaustos y ahogados de tanto remar en una dirección u otra. El pueblo ha hablado, alto y claro; habló en las urnas y en las calles, habló tanto del sí como del no, se manifestaron unos y los otros, pero el diálogo no llegó. Y en este nuevo capítulo escrito en la últimas horas no es nada fácil entender -y mucho menos aceptar- que un país democrático y sus distintos poderes, consideren una “medida adecuada, razonable y proporcionada” encarcelar a los miembros de un Gobierno, elegido en las urnas, por defender sus ideas pacífica y democráticamente. Porque eso es tanto como encarcelar a a cada uno de sus votantes, al pueblo, a la pluralidad, a la libertad, a la dignidad. El vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras y otros siete consejeros del Govern de Puigdemont deberían estar ahora en sus despachos trabajando o traspasando las funciones a quienes les sustituyan pero nunca en una celda. Así lo vemos muchas personas, porque es a la propia democracia -que dice defender- lo que la Justicia ha mandado a la cárcel al tratar a políticos legítimamente elegidos, que han llevado a cabo el mandato de las urnas y su programa electoral, peor que si fueran delincuentes, y mucho peor que los políticos que sí han delinquido en las sucesivas tramas de corrupción que salpican al PP y a sus dirigentes y que ahora parecen nada. Es un día triste para quienes creemos en la libertad, en la pluralidad, en las urnas, en el respeto al que no piensa como tú y en el derecho a decidir; para las generaciones que no habíamos vivido la dureza de una dictadura y mucho más para quienes lucharon contra ella. No estamos hablando de independentismo o no, estamos hablando simple y claramente de democracia y derechos. Y hay más, porque en esta tristeza no se salva la profesión, con medios que han jaleado y contribuido al desencuentro tratando a los representantes políticos como parte de su show sin respetar su dignidad personal e institucional. En el último siglo, varios de los presidents de la Generalitat han sufrido en algún momento de su vida exilio, cárcel o una condena política por parte de los tribunales. Quizá pronto sea uno más. Esa es la única historia que han querido escribir.

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