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Balfour: origen del conflicto palestino-israelí

Por Mahmoud M. Rabbani - Viernes, 3 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ayer se conmemoró el centenario de la conocida como declaración de Balfour, origen del conflicto palestino-israelí. Esta declaración de propósitos está contenida en una carta del ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur James Balfour, dirigida el 2 de noviembre de 1917 a Lionel Walter Rothchild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la federación sionista de Gran Bretaña e Irlanda. En concreto, se lee en dicha carta “El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país”.

El pueblo palestino fue la víctima de esta declaración al negarles sus derechos políticos. En 1917 los judíos formaban el 7% del total de la población palestina. A pesar de ello, la carta de Balfour prometía un hogar nacional para una minoría a costa del derecho de autodeterminación del conjunto de la población de Palestina para tener un Estado palestino independiente y democrático, donde todos sus ciudadanos puedan tener los mismos derechos civiles y políticos, independientemente de que sean judíos, cristianos o musulmanes. El mandato otorgado a Gran Bretaña sobre Palestina fue incumplido por esta gran potencia, al no permitir al pueblo palestino entonces ejercer su derecho a la autodeterminación. Gran Bretaña ha otorgado lo que no es suyo, Palestina, sacrificando los derechos de los palestinos sobre sus bienes, para entregarlos a un movimiento sionista que ha practicado el terror contra la población indígena, llevando a cabo una limpieza étnica de la población no judía con el fin de establecer un Estado judío en Palestina.

Gran Bretaña tiene una responsabilidad moral, política y jurídica por esta declaración y posteriormente por su participación efectiva, ayudando al movimiento sionista a conseguir su objetivo de despojar al pueblo palestino de su tierra para reemplazarlos por judíos traídos de todo el mundo, exceptuando los judíos no sionistas que se han opuesto desde un principio a este proyecto inmoral de pisotear los derechos del pueblo palestino y echarlos de su tierra mediante el terror como en la matanza de Deir Yassin.

La vergüenza persigue a Gran Bretaña por los sufrimientos del pueblo palestino a consecuencia de esta declaración, y no haber tenido su derecho a un estado democrático independiente, en vez de ser expulsado de su país, viviendo en condiciones pésimas en sus campos de refugiados o bajo la ocupación en Cisjordania y el bloqueo en Gaza.

Gran Bretaña, aparte de Israel, tiene que ser demandada ante los tribunales internacionales por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino ya que fue el vehículo catalizador y ejecutor de muchas barbaridades cometidas contra este pueblo durante los últimos cien años. Mientras, el gobierno británico sigue sintiendo orgullo por la declaración Balfour. Sin embargo, muchos británicos y judíos del Reino Unido comparten el sentimiento y la solidaridad con los palestinos por sus sufrimientos a raíz de esta declaración y la política colonial posterior en Palestina.

La política colonial británica ha sido de represión brutal contra la población indígena palestina. Tampoco ha cumplido el contenido de la misma declaración de Balfour, cuando no ha protegido los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina tal como señalaba.

Esperamos que llegue el día en que el Reino Unido tenga un gobierno capaz de conocer el error que ha cometido Gran Bretaña en Palestina y pedir por ello perdón al conjunto del pueblo palestino. Aparte de exigir a Israel acabar con su ocupación y reconocer el derecho al retorno de los refugiados palestinos a sus hogares de donde fueron expulsados, respetando la legalidad internacional y las resoluciones pertinentes de la ONU. En definitiva, contribuir a que haya paz y una solución respetuosa con los valores universales de justicia y libertad.

El autor es cofundador de Paz en Palestina (1991)

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