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Cargos insumisos

Por Fátima Andreo - Sábado, 4 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

durante veinte años fui voluntaria de una organización de derechos humanos y una de las actividades más estresantes era realizar ruedas de prensa, ya que había que atenerse estrictamente a lo que nos decían que había que comunicar. Salirse del guión era bronca segura, puesto que el cambio de discurso podía poner a la organización en una situación complicada y dañar su credibilidad, principal activo de la misma. Naturalmente a nadie se le ocurría que cuando hablábamos en nombre de la organización lo hiciéramos aportando nuestras ideas propias;la diferencia entre el discurso personal y el de la asociación estaba muy clara y si en algún caso no estábamos de acuerdo podíamos no ayudar a publicitarlo, pero nunca aprovechar el foco que nos proporcionaba la organización para contar nuestra película.

Cuando Podemos apareció en el panorama político muchas y muchos nos apuntamos adjudicándoles todo tipo de expectativas personales a un partido en construcción. Cada cual lo identificó con su ideal mientras los discursos sobre muchos temas aún no estaban elaborados y sí que coincidíamos en las propuestas iniciales: lucha contra la corrupción, contra los recortes, contra las desigualdades que habían aumentado en los tiempos de crisis;búsqueda de la transparencia en la función pública, de la honradez de representantes públicos. Más tarde hubo de tomar decisiones sobre otros muchos asuntos o profundizar en los anteriores o decidir los mecanismos más adecuados para alcanzar los objetivos. Y ahí empezaron a surgir los conflictos. Algo normal en cualquier organización que aun se está posicionando y que cree en la democracia como método para llegar a acuerdos.

El problema surge cuando hay gente que no acepta lo decidido por la mayoría, por los órganos del partido elegidos democráticamente, y decide ir por libre creando bastante confusión entre la gente, que puede leer posturas encontradas sobre determinadas cuestiones. Más cuando este partido no cuenta con especiales simpatías entre los medios de comunicación generalistas, que suelen aprovechar las salidas de tono para atacarlo y poner de relieve sus contradicciones.

Cuando yo me vi en la situación de que la portavocía de mi partido decía cosas, demasiadas, con las que yo no me identificaba, cuando me encontré en desacuerdo con la forma de actuar de la dirección decidí dejar el cargo público que ocupaba. Decidí dejar de ser una autoridad con influencia en la política navarra. Me pareció lo lógico. Pensé que Podemos Navarra y yo habíamos evolucionado de forma diferente y habíamos llegado a lugares distintos. Así que lo mejor era una ruptura de la convivencia. Que más tarde retomé cuando cambió la dirección y volví a reconocerme en sus propuestas y formas.

Ahora me encuentro con compañeros y compañeras que parece que se han apropiado de sus cargos públicos. Cargos a los que accedieron en las listas de un partido que, como he comentado, en los últimos tiempos ha ido tomando posturas, tras los debidos debates y en órganos elegidos democráticamente. Y ellas y ellos no tienen ningún empacho en posicionarse públicamente en contra de las decisiones tomadas. Se quejan de que se les interviene cuando actúan a su bola. Despotrican contra el partido cuyos electores les han puesto ahí. O se dedican a publicitar sus opiniones como las de Podemos, sin aclarar que solo son posiciones personales. Se han acostumbrado a que “el partido soy yo” y no acatan las directrices que se les marcan.

Esto ayuda a que luego haya gente que hable del autoritarismo del partido, que no tiene más remedio que hacer valer sus posturas frente a las disidencias insumisas y antidemocráticas;ayuda a que la gente se pierda en cuál es la postura del partido en temas tan relevantes como puedan ser la situación de Cataluña o la reforma fiscal en Navarra;ayuda a la crítica fácil sobre el caos en el partido. En fin, que a lo que no ayuda es a construir ese partido que aún tiene tantos retos por delante y tantas dificultades para afrontarlas.

O al menos así lo veo yo. Igual es por tantos años de militancia en movimientos sociales. O por tantos años, sin más. Pero es que no entiendo ese afán por perjudicar a compañeras y compañeros con quienes tanto han compartido. Como tampoco entiendo esas parejas que no se acaban de romper y andan ahí fastidiándose. En esos casos los divorcios suele ser la mejor opción.

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