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Crítica Constructiva Medioambiental

Conclusiones

por Juan L. Erce Eguaras - Sábado, 4 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

He presentado un resumen en esta misma sección de la encuesta-entrevista realizada en Améscoa, en tres artículos consecutivos (“Améscoa habla” sobre la conservación de Urbasa y de Lóquiz, “Améscoa habla” sobre el desarrollo sostenible y Las actividades económicas en Urbasa y Lóquiz). Reproduje el resultado medio de las doce preguntas básicas, cuya respuesta consistía en darle una puntuación del 0 al 10; y una serie de comentarios textuales vuestros, argumentos o sugerencias, a favor o en contra, que giraban alrededor de cada una de ellas. Como pretendía que fuese una forma de expresar vuestras opiniones, inquietudes, preocupaciones, protestas, ideas, etc., no quise hacer ninguna valoración personal. Sin embargo, creo llegado el momento de que yo también me posicione y exponga las conclusiones a las que he llegado a través de ese estudio.

Las principales se podrían sintetizar en cuatro ideas, que trataré de desarrollar a continuación: Alta valoración de los espacios naturales. Falta de conocimiento real de los problemas del entorno. Desunión entre los diferentes sectores de actividad. Escasa apuesta por el desarrollo sostenible. En cuanto a la primera es un indicativo esperanzador, porque en general todas las personas entrevistadas han manifestado un aprecio notable por ambas sierras y por su conservación, con más o menos matizaciones o diferencias.

El problema empieza a surgir cuando se indaga en el estado de salud de Urbasa y de Lóquiz, dándose el fenómeno de que cuanto más se frecuentan más se perciben sus anomalías, más consciente se es de ellas. Tal es así que quienes más las destacan son algunos ganaderos, operarios forestales, montañeros… Se quejan de la suciedad, tránsito de vehículos no autorizados y ruidos, problemas que achacan a la actividad turístico-lúdico-deportiva sobre todo. También se muestran contrarios a la política actual de talas, limpias (clareos), repoblaciones, y bastante críticos con la gestión de Medio Ambiente. En el otro polo se sitúan los visitantes ocasionales, administrativos, empresarios turísticos o trabajadores del sector servicios, quienes no observan apenas perturbaciones y están casi siempre dispuestos a una mayor apertura hacia el turismo y menos restricciones al mismo. Este hecho crea una brecha entre sectores de actividad, que genera a su vez una falta de colaboración entre ellos, haciendo que cada uno vaya más o menos por libre. Por el contrario, el desarrollo sostenible sólo se puede dar cuando los sectores interactúan, como por ejemplo el turismo rural y la ganadería, con visitas guiadas a granjas, queserías, bordas, zonas de pastoreo…

Todo ello hace, según mi criterio, que no haya hoy por hoy una gestión acertada de los recursos naturales, ni humanos, ni económicos, incluso aunque se hagan algunos esfuerzos, que no los niego. En consecuencia, otyro resultado es la explotación y venta de la madera en bruto, sobre todo de haya, a un precio muy bajo, insostenible, que obliga a talar cada vez más. Se debería avanzar hacia su conservación y aprovechamiento y no considerarla una especie invasora, que no lo es; ya que está aquí desde hace más de 6.000 años, es vital para la continuidad del ecosistema y atrae la lluvia vertical y horizontal (niebla). La madera se podría rentabilizar mejor creando productos transformados de forma artesanal, en escuelas-taller, cooperativas, y con venta directa, on-line, etc.; generándose así nuevos puestos de trabajo para jóvenes y desempleados, poniendo freno a su vez las talas masivas y obteniéndose certificados de sostenibilidad.

Otro frente está en la oferta turística, que es muy poco evolucionada hacia la educación medioambiental. Hace falta una acción didáctica por parte de todos, del valor de la flora y fauna, la limpieza del entorno, el respeto a las buenas actuaciones forestales basadas en el estudio científico independiente, etc. En este ámbito se incluyen las políticas del departamento de Medio Ambiente, muy teóricas, poco prácticas, alejadas de la realidad social y de la sostenibilidad. Distanciamiento también entre sus responsables políticos y los funcionarios, a la vez que de estos últimos con los restantes trabajadores de Urbasa, e incluso con los visitantes, salvo en lo que se refiere al Centro de Interpretación. Y una muy mala y muy preocupante gestión del Nacedero, que quizá debería abrirse sólo a visitas guiadas y previo pago de una cuota, puesto que el nivel de afluencia, erosión, contaminación acústica y trastorno a la fauna y flora son extremos, máxime con las sequías, cada vez más frecuentes. Esto último hace también imprescindible prohibir las barbacoas en el Parque, excepto en invierno.

Por último, se observa una dependencia manifiesta de las ayudas europeas de la PAC (Política Agraria Europea), gestionadas por TEDER (Tierra Estella Desarrollo Rural), entidad esta última que cuenta con un presupuesto anual de 3 millones de euros para toda la Merindad, cifra nada desdeñable. Según mi criterio, se debería apostar por unas acciones mucho más decididas hacia la agricultura y ganaderías ecológicas, las energías renovables, la creación de granjas-escuela, evolución turística de calidad... Los avances hacia la sostenibilidad son muy tímidos, puntuales, y por lo tanto muy escasos. Y no están además en proporción a los graves inconvenientes que pueden ir llegando con el cambio climático. No hay previsión de futuro, quizá ni siquiera de presente.

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