Poética de lo cotidiano

Javier Muro parte de objetos domésticos para crear un arte ingenioso, con un toque de ironía y curiosas reminiscencias. El escultor navarro muestra su obra en el espacio Apaindu.

Un reportaje de Paula Etxeberria Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 5 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Sillas en un diálogo de construcción-deconstrucción, materia-vacío.

Sillas en un diálogo de construcción-deconstrucción, materia-vacío. (IÑAKI PORTO)

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Sillas en un diálogo de construcción-deconstrucción, materia-vacío.Silla tratando de besarse a sí misma.‘Spider pot’ (el ‘puchero-araña’), en el centro junto a otras obras.Javier Muro, en Apaindu junto a varias de sus esculturas a partir de objetos ‘domesticados’.
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De pequeño, Javier Muro (Pamplona, 1968) “era feliz” creando sus propios juguetes, desde un caballo hasta una locomotora o un barco, y siempre con cosas que tenía en casa. “Tenía una caja, mi caja de herramientas, e iba recopilando materiales que me encontraba. Con apenas once años me construía una especie de dioramas surrealistas...”, recuerda el escultor, quien se da cuenta de que eso es lo que ha hecho toda su vida.

“Creo que me he quedado ahí, jugando. Haciendo esa patria que tenía de pequeño, recuperando esas sensaciones. Eso es lo que me ha dado la vida”, dice el escultor navarro en alusión al juego, al arte. Las piezas que ahora construye y con las que disfruta como cuando era niño son esculturas realizadas también a partir de objetos domésticos, de su entorno cotidiano, que generan un efecto de sorpresa y asombro en quien las contempla;que arrancan sonrisas y expresiones de interés. No puede ser de otra forma, cuando son obras que nacen del ingenio creativo y de una visión de la vida desde la ironía, el guiño y el juego. Lo comprobará quien se acerque a la exposición que el escultor navarro tiene este otoño-invierno en el espacio Apaindu de la calle Curia.

Allí, Javier Muro muestra una selección de piezas de su proyecto Doméstico, que ya exhibió el año pasado en una amplia muestra en Ciudadela. “Es Doméstico por dos cosas: porque son todos objetos domésticos, del entorno, y por el proceso de la domesticación. De domesticar el entorno, de hacer que entre a tu mundo, a mi mundo, a mi manera de verlo”, dice el autor sobre estas piezas. “Al hacerlas yo también me hago, yo también me domestico”. Todas tienen “su pequeña broma, su ironía, su pequeña historia”. Su visión poética y reminiscencias a otros artistas, en la línea posmoderna, como Louise Bourgeois y su célebre araña, Picasso, Frank Gehry y el Guggenheim, o la reminiscencia “a ese dorado que es un dorado falso en alusión a la escultura que ahora se lleva tanto y en la que todo es pulido”, explica Muro sobre piezas que nacen de sillas que, una vez domesticadas, dialogan a través del vacío y de la materia, o que intentan besarse a sí mismas;bandejas de latón, jarras, cestas de plástico o pucheros. “Siempre parto del objeto cotidiano. Aprovecho sus formas, y al juntar objetos, ellos me dan la solución”, cuenta el escultor. Surgen asíArquitecturas encontradas, Amores improbables o el superhéroe puchero-araña (Spider pot). Obras que generan un efecto sorpresa en el espectador. “El asombro, la sorpresa, son fundamentales en el arte;lo han sido siempre. De hecho, no hay obra buena en la historia del arte que no tenga su componente de asombro, lo tienen desde Las Meninashasta El grito, pasando por Las señoritas de Avignon. Generan un efecto de sorpresa, que no de incertidumbre. Porque otras veces se utiliza la perplejidad, y al quedarte perplejo ante una obra te quedas desarmado y te cuesta mucho esfuerzo entrar. Pero la sorpresa sí te invita a entrar en el diálogo que propone el autor”, sostiene Muro.

Sus esculturas también arrancan sonrisas. “Incluso cuando he tratado temas más dramáticos, por así decirlo, siempre lo he hecho desde un punto de vista bastante irónico, creo que es por la manera de ser que tengo”, reconoce.

De esta manera, Javier Muro se propone “llegar a lo excelso pero con lo básico, con lo que tenemos más a mano y con lo que más sensación de pobreza da”. Aunque no sabe explicarse por qué le interesan los objetos domésticos. “Al final te acostumbras a trabajar en una línea y vas descubriendo y descubriendo... Siempre me muevo ahí, nunca me ha dado por salirme, excepto en trabajos que son de encargo o institucionales. Me gusta trabajar con un a priori, con algo en las manos porque para mí es como un reto: a ver qué me dice este objeto, qué le puedo sacar... es como una pelea que tengo yo con el objeto. Como si tuviera un circo donde domestico estas piezas”, cuenta el artista, que echa en falta en Pamplona “más espacios” para exponer, “aunque ahora mismo Apaindu es una buena opción, su situación es muy buena, en un lugar de mucha vida y mucho tránsito”.

Muro también expondrá otra parte de su proyecto Doméstico, desde finales de este mes, en el estudio de interiorismo y diseño Tinta china de la calle Aoiz, y participará en la cita 948 merkatua, donde tendrá stand junto con otros once creadores plásticos. “Este mercado me parece una idea muy buena para poder mostrar arte en Navarra. Porque te pone en contacto con clientes, con el público, y así no tienes la sensación de que lo que haces es solo una cuestión bohemia, sino que puede interesar, puede haber mercado para ello”, dice.

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La exposición. En el espacio Apaindu (calle Curia, 7-9, bajo). Hasta el 15 de enero, de lunes a viernes en horario comercial.

El arte, “razón de vida”. Javier Muro asegura que el arte ha sido siempre su “razón de vida”. “Es lo que me hace a mí mismo reconocible”, dice, aunque lo considera “un camino muy difícil”. Logró vivir de ello, pero desde que sobrevino la crisis lo compagina con otro trabajo en márketing. “Pero siempre me veo como escultor”, dice Muro, quien cree que “faltan apoyos para que en Navarra las empresas relacionadas con el arte florezcan”.