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El beltranismo lidera la oposición

Por Joseba Santamaria - Domingo, 5 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

el beltranismo es lo que triunfa ahora en el ejercicio de la oposición en Navarra. Ha aupado a su principal representante, la presidenta del PP en Navarra, Ana Beltrán, al liderazgo de la oposición tras arrastrar a Esparza y Chivite a esas turbulentas aguas. El beltranismo -y el pequeño grupo de opinadores mediáticos que lo jalea- aporta muy poco, en realidad no aporta nada serio al debate político. Muchas veces, incomparables documentos, textos y pronunciamientos para la hemeroteca de los grandes ridículos de la historia de la política. Pero se ha instalado como referente mediático llevándose al rebufo a UPN y PSN. Es difícil de entender por qué Esparza, que lidera el partido más votado en Navarra, se ha dejado atrapar en ese discurso bronco, vergonzante y vacío de propuestas. Es cierto que comparte con el PP un espacio electoral, pero su decisión de competir con Beltrán por no perder comba en esa parte de la sociedad navarra que conforma la derecha más extremista -muy minoritaria- le obliga a abandonar otros espacios sociales con mayor cosecha electoral. Al tiempo. UPN sabrá, pero no apunta un buen camino. Y si no es un buen lugar para hacer política para UPN, menos todavía lo parece para el PSN. Es difícil que los socialistas puedan obtener rentabilidad electoral o política alguna compitiendo en ese espacio ideológico extremista. No creo que la imposición del beltranismo como ejercicio de oposición sea un mérito de Beltrán. Se limita a malcopiar los exabruptos con que animan la política española los encargados de la propaganda popular en el Estado, Casado, Maillo, Herando, etcétera. Al contrario, no hay nada democráticamente edificante en ese barullo de insultos, amenazas y mentiras. Es más un demérito de Esparza y Chivite. Uno se ha dejado imponer la estrategia de un discurso bronco y repleto de descalificativos -y competir en eso nunca es fácil cuando quien lo lidera no tiene nada que perder porque no tiene apenas nada que ofrecer en Navarra- y la otra ha terminado chapoteando en esos lodos sin que se sepa con qué objetivos. La estrategia del beltranismo y de quienes le bailan el agua acumula un reguero de perlas políticas cada vez más complicado de superar. Posiciones estridentes con exigencias irrealizables, exigencias que ni UPN ni PP ni PSN pusieron en marcha durante los largos años que controlaron el Gobierno, los Presupuestos y todos los resortes del poder. A cada medida que anuncia el Gobierno de Barkos se le pone un palo en la rueda para boicotear su puesta en marcha o se le exige por elevación condiciones imposibles. Se descalifican, atacan y manipulan todas y cada una de las decisiones del Gobierno, independientemente de cuál sea la propuesta. Discursos que alientan la confrontación y la persecución y que se sostienen en la agitación social, la manipulación mediática y la mentira política. Quizá se trata en el fondo solo de eso, de que el beltranismo es únicamente la imagen política de su negativa a aceptar la realidad de que el modelo de cambio político y social en Navarra se ha consolidado. Por cierto, el beltranismo, que está muy alejado de la mayoría de la sociedad navarra actual, le viene muy bien al Gobierno de Barkos. Sobre todo, le facilita su acción política y una fácil victoria de su imagen e ideas entre una cada vez más amplia mayoría de navarros y navarras.

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