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Música y danza

Messiaen por encima del tiempo

Por Teobaldos - Lunes, 6 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

siria entre amores que matan

Música: Olivier Messiaen, Cuarteto para el fin del tiempo. Intérpretes: Adela Martín, piano. Salvador Contreras, clarinete. Anna Siwek, violín. Tomasz Przylecki, violonchelo. Leire Ruiz, actriz. Garazi Etxaburu y Agustín Alzaga, bailarines. Josu Múgica, coreografía. Vídeo: Acrónica Producciones. Iluminación: Miriam Zaragüeta. Lugar: sala de cámara de Baluarte. Fecha: 4 de noviembre de 2017. Público: tres cuartos de entrada (15 euros). Incidencias: a beneficio de los refugiados sirios (ACNUR).

esta lluvia vivífica que cae desmigada y mansa estos días, es, sin embargo, infecunda sobre las ruinas, y hace todavía más impracticable el campo de refugiados. Es una de las imágenes de la guerra de Siria que se proyectan en el espectáculo fronterizo y multidisciplinar, cuyo contenido fundamental y más poderoso es la interpretación del cuarteto para El fin del tiempo de Oliver Messiaen. Es la angustiosa y, a la vez, salvífica, música del compositor francés, creada y estrenada en el Stalag VII Adel campo de concentración alemán. Las proyecciones -vistas mil veces en los telediarios- adquieren aquí un dramatismo especial, precisamente, por la música que las acompaña. Y, viceversa, las ciudades bombardeadas, el paisaje de exterminio, los rostros, sobre todo de niños, que aún conservan ojos luminosos que buscan la luz, explican muy bien la profundidad de esa música que fue capaz de hacer sobrevivir a Messiaien, Jean (violinista), Henri (clarinete) y Etienne (violonchelo). Los otros dos elementos del espectáculo, los textos y la coreografía, a mi juicio, no aportan gran cosa. Los textos -narrados entre los movimientos del cuarteto- no dicen nada nuevo;creo, incluso, que quitan dramatismo al acontecimiento visual y musical e interrumpen la sobrecogedora atmósfera dramática. Y la danza -un paso a dos intimista, realizado con corrección y con una plástica demasiado evidente de lo que se cuenta- no estorba, pero tampoco impacta. Yo creo que para coreografiar la música de este cuarteto, hay que asomarse al Beato de Liébana y su comentario sobre el Apocalipsisde San Juan. La danza transmite el movimiento lento y desnortado de los refugiados, su apretado refugio de los unos sobre los otros, la carga soportada por los más fuertes de los más débiles -elevaciones sobre los hombros, cuerpos enhebrados- pero la música es mucho más incisiva.

El cuarteto instrumental, que sale a escena vestido de preso, hace una excelente interpretación en todos sus compromisos de solos, y en el conjunto, creando la desoladora sonoridad del comienzo, y aupándose, luego, hasta el vuelo de los pájaros y la luz. Excelente el dúo entre violín y violonchelo. El clarinete de Salvador Contreras, en su solo del Abismo de los Pájaroses una lección de fraseo, de fiato y control de la respiración, y, sobre todo, de expresividad, con un regulador a partir del silencio que se abre y eleva con un vuelo extraordinario, justo lo que se quiere expresar: del abismo al cielo. El violonchelo de Przylecki, siempre entre la ternura y el quejido. El violín de Anna Siwek, con su solo en el extremo agudo del sonido, corta como una alambrada. El piano de Adela Martín, que tiene el menor compromiso, sin embargo, es siempre oportuno en su tintineo. Y el tutti, imponente, siempre. Afortunadamente, el espectáculo no es excesivamente bonito;por la música, se eleva por encima de cualquier estética terrenal.

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