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un escenario muy poco conocido para la pelota

Una final como la de 1953

Mano | El vizcaíno Mikel Urrutikoetxea y el guipuzcoano Jokin Altuna protagonizarán el 19 de noviembre el único duelo por el cetro del cuatro y medio sin navarros de la era moderna

Igor G. Vico - Martes, 7 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Mikel Urrutikoetxea, durante el partido de la liguilla de cuartos de final que disputó contra Ezkurdia en Lekunberri.

Mikel Urrutikoetxea, durante el partido de la liguilla de cuartos de final que disputó contra Ezkurdia en Lekunberri. (Iñaki Porto)

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Pamplona - José Luis Akarregi lo mismo jugaba en los cuadros largos que en los delanteros. Él fue el primer campeón del Cuatro y Medio en el año 1953. El lekeitiarra se impuso a Bolinaga en el frontón Gros de Donostia por 22-21 y trajo el primer título de la especialidad a Bizkaia. Mikel Urrutikoetxea, que actúa como un todoterreno, lo mismo de zaguero -así conquistó su, hasta la fecha, primer y único título del Campeonato de Parejas en compañía de Aimar Olaizola- que de delantero -su posición natural, recuperó la txapela para Bizkaia más de medio siglo después, en 2015. Habían pasado 62 años y el pelotari de Zaratamo, en una temporada mágica, tumbó a Juan Martínez de Irujo al remontar un choque que estuvo 10-20 a favor del delantero de Ibero, pero que terminó 22-20. Le dio la vuelta con una tacada de una docena de tantos. Casi nada. Un envite por apenas centímetros. La lana regresó a territorio vizcaíno.

Con el segundo aterrizaje de Urrutikoetxea en la final de la modalidad tras varios golpes de autoridad en la presente edición de la jaula, Mikel rememora las mieles de entonces. El pelotari de Zaratamo fue el cuarto campeón no navarro de la era moderna del acotado después de Mikel Unanue, Titín III y Sébastien Gonzalez y vivirá una final extraña. Como la de 1953.

Y es que, la clasificación de Jokin Altuna y del manista de Asegarce traza un escenario desconocido para la pelota a mano profesional desde que desapareciera el Cuatro y Medio en 1957 y se retomara en 1989. Desde que regresara la jaula, siempre había sido de la partida para el título un pelotari de Navarra. Pero los tiempos están cambiado. Hasta 1957 no hubo un solo navarro en las finales del acotado. Desde entonces, siempre había habido uno por lo menos. Pero el próximo 19 de noviembre no será así. No habrá ninguno.

Sobre todo, la presencia de tres de los manistas más determinantes de la historia ha sido lo que ha marcado esta tendencia. Julián Retegui, Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo marcaron la pauta en los últimos años. Entre los tres suman la escalofriante cifra de catorce trofeos de la modalidad -cuatro Retegui II, siete Olaizola II y tres Martínez de Irujo-. Asimismo, especialistas como Jorge Nagore y Patxi Eugui establecieron un patrón de juego que les colocó en el Olimpo con tres txapelas por barba. Desde 1989, 24 cetros tuvieron acento navarro. Un dominio absoluto que ahora parece tocar a su fin. Al menos, en la presente edición del campeonato.

La eliminación del vigente campeón, Oinatz Bengoetxea, a manos de Urrutikoetxea, y del heptacampeón del acotado, Olaizola II, por parte de Altuna III abre un vistazo al retrovisor. Solamente en una ocasión se ha producido un encuentro en una final del Cuatro y Medio entre un vizcaíno y un guipuzcoano. Fue en 1953. Otro paralelismo.

el cambio generacional Si bien el dominio de las últimas décadas ha sido patrimonio navarro de modo prácticamente exclusivo, el cambio generacional trazado por las empresas augura un camino dividido entre Bizkaia y Gipuzkoa. Las retiradas de Juan Martínez de Irujo y Abel Barriola, especialistas en la distancia, prácticamente ha cedido el hueco a las estrellas emergentes, que asoman ya como realidades. De cualquier modo, en la liguilla de cuartos de final de la presente edición de la jaula, además de Bengoetxea VI y Olaizola II, solamente hubo otro manista de Navarra, Joseba Ezkurdia, de los ocho aspirantes. En 2016 y 2015 hubo cuatro, en 2014 ascendió el número a cinco y en 2013 y 2012, a seis. Un retroceso para los pelotaris profesionales navarros que escenifica un cambio generacional y también territorial.

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