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Marysa Navarro Historiadora pamplonesa afincada en estados unidos

“Se ha contado la Historia de una parte de la población, excluyendo a las mujeres”

Marysa Navarro se muestra esperanzada con la evolución del papel femenino en la sociedad actual y cree que la Memoria Histórica es un pilar básico para la convivencia

Unai Yoldi Hualde Javier Bergasa - Miércoles, 8 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La historiadora Marysa Navarro, que fue investida ayer doctora honoris causa por la UPNA.

La historiadora Marysa Navarro, que fue investida ayer doctora honoris causa por la UPNA.

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  • La historiadora Marysa Navarro, que fue investida ayer doctora honoris causa por la UPNA.

pamplona- Marysa Navarro (Pamplona, 1934) es una de esas personas que, a pesar de los múltiples conflictos e impedimentos con los que se ha topado a lo largo de su vida, ha conseguido alcanzar todo aquello que se ha propuesto. Nació dos años antes del estallido de la Guerra Civil, motivo por el cual ella y su familia tuvieron que abandonar Navarra por la militancia republicana de su padre. Pasó su infancia en Francia y su juventud en Uruguay, donde despertó en ella una gran pasión por América Latina y por el papel de las mujeres en la Historia. Posteriormente se marchó a Estados Unidos, gracias a una beca, para ingresar en la Universidad de Columbia, donde se licenció en Historia, y trabajó como docente en diferentes centros como en el Dartmouth College, donde se convirtió en la primera mujer profesora. Ahora, vuelve a Pamplona para ser investida doctora honoris causa por la UPNA, siendo también mujer pionera en recibir esta distinción.

¿Qué supone para usted este reconocimiento?

-Una alegría muy grande. Estoy muy agradecida a la UPNA por la oportunidad que me brinda de pertenecer a esta institución que es especial para mí. Desde pequeña había oído a mi padre decir que Navarra necesitaba una universidad pública. Y aquí estoy ahora en su nombre, muy feliz y agradecida del honor que me produce formar parte de esta institución.

Usted ha vivido fuera de Navarra prácticamente toda su vida, sin embargo tiene un lazo muy fuerte, ¿no?

-Siempre me he sentido parte de Pamplona y Navarra aunque no haya vivido nunca en ellas. Me fui, pero he vuelto siempre que he podido. Eso sí, ninguna de las veces que he regresado ha sido tan emocionante como esta.

¿En qué está trabajando ahora?

-Estoy escribiendo dos libros. Uno es sobre la Comisión Interamericana de Mujeres y otro sobre la Guerra Civil en Navarra y la historia de mi familia. Es algo que he querido hacer durante muchos años pero no he podido porque me pegaba unas lloreras enormes. Me angustiaba y tenía que dejarlo. Ahora también me pasa a veces, pero hace unos años me era imposible.

¿Cómo ve la labor que se está desarrollando en Navarra en materia de Memoria Histórica?

-Creo que se está haciendo un esfuerzo desde el Gobierno de Navarra para ir más allá de lo que se ha ido en el pasado reciente. Si no se empieza a trabajar, a hablar, a escribir y a explicar los enfrentamientos del pasado, no hay manera de establecer una convivencia verdadera. Hay un sector que perdió y sufrió mucho y otro que ganó y, por decirlo de alguna manera, refrota su triunfo a los primeros. La posibilidad de corregir eso es un deber y me da pena que en muchas partes de España no se haga, pero me satisface enormemente que en Navarra se haya hecho un esfuerzo y haya compromiso por reparar a las víctimas.

En cuanto a las mujeres, ¿cuál cree que ha sido su papel en una Historia que parece que solo la han hecho avanzar personajes masculinos?

-Todavía estamos dilucidando cuál ha sido ese papel, pero lo que está claro es que eso que los señores (como yo les llamo) han llamado Historia, que supuestamente decía todo lo que había que decir, resulta que no es verdad. Han escrito la Historia de una parte de la población y la han extendido a su totalidad excluyendo a las mujeres. No sabemos con exactitud su papel en los diferentes momentos del proceso histórico porque no han vivido un rol protagónico. Toda la serie de obligaciones y la división social del trabajo ha sido muy dura para las mujeres. Solamente en épocas recientes han podido acomodar sus obligaciones, disminuirlas y compartirlas como los hombres.

Pero todavía queda camino por recorrer, ¿no?

-Sí, el problema es que está costando y va a costar mucho. El sistema capitalista no está de acuerdo con la reorganización de la división social del trabajo. Las mujeres nos estamos encontrando con numerosas dificultades a nivel macroeconómico y también a nivel del día a día.

Por otra parte, está la violencia de género, ¿qué cree que se podría hacer contra esta lacra?

-Ciertamente las cosas que se están empezando a hacer son las correctas. Hay que conseguir que los hombres no vean a las mujeres como objetos sexuales, como presas que pueden ser adquiridas. Además, las mujeres se avergüenzan muchas veces cuando son agredidas y no lo cuentan. Ahora, por primera vez, están explotando, porque mujeres con reputación y con poder de masas han hablado y una vez que lo han hecho ha habido una seguidilla enorme. Eso ha empoderado a otras y ya hay un ambiente propicio para oírlas y para preocuparse de lo que les pasa, que es un problema para todas las mujeres de todos los países.

La discriminación usted la vivió en su propia piel, ¿cómo fue hacerse paso en las universidades cuando casi no había mujeres?

-Fue muy duro. Todos los días me tomaban por la secretaria y me molestaba profundamente tener que explicar que no lo era. Luego me sentía culpable porque era muy amiga de la secretaria del departamento y respetaba profundamente su trabajo, pero tenia que desdecir que yo no lo era. Una vez que entré como profesora no hubo ningún problema, pero en el periodo de estudiante fue muy difícil. Nadie me quería en clase. La transición del cierre a la apertura de las instituciones a las mujeres fue dura, había que transformar la universidad para que educasen a hombres y a mujeres, por lo que una proporción de hombres tenían que dejar de ir para que entrásemos nosotras.

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