Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Navegar contra el olvido

LAS CUANTIOSAS GANANCIAS en cada viaje compensaban lAS DURAS CONDICIONES Y las TEMPERATURAS HELADORAS

Un reportaje de Alex Zubiria - Viernes, 10 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Las bajas temperaturas a las que se tuvieron que someter fueron muy duras.

Las bajas temperaturas a las que se tuvieron que someter fueron muy duras.

Galería Noticia

La mayoría de todos estos arrantzales realizaron su primera travesía a Terranova siendo unos adolescentes. Con tan solo catorce y quince años se enrolaron en los numerosos barcos que fondeaban la bahía pasaitarra en busca de unas ganancias que no veían en tierra. Es el caso del donostiarra Jesús Castillo, una de las voces del filme, y que a sus 73 años indica que por aquel entonces podían ganar “cuatro veces más de lo que se conseguía en otra parte”.

“Un puesto directo en la mar equivalía a siete indirectos en tierra, el impacto económico de lo que hacíamos era increíble”, explicó Xabier Anatol, pasaitarra de 80 años y que en 1952, con tan solo quince años, se embarcó un 12 de junio, víspera de San Antón, hacia las lejanas tierras de Canadá. “Salimos de la bahía mientras estallaban los fuegos artificiales y la gente lo celebraba. Es un día que jamás olvidaré”, relató Anatol, quien también recuerda su primer día rumbo a Terranova. “Tenía hambre, así que se me ocurrió hacer una tortilla. Puse a calentar la sartén y cuando me volví de coger el aceite, la sartén se había ido por las olas hasta la otra punta del barco”, explicó entre risas.

Aunque muchos de los arrantzales recuerdan con cariño sus primeras aventuras, las condiciones a las que estaban sometidos eran muy duras. Barcos sin frigorífico, con un dormitorio común para todos los tripulantes y un único vater que con las extremas temperaturas se congelaba y no se podía utilizar. “Hacia tanto frío que la carne la comíamos como lobos, devorándola durante un día antes de que se congelará”, contó Miguel Vila, de 86 años y que viajó junto a sus seis hermanos en numerosas ocasiones al continente americano. El arrantzale explicó que gracias a esas temperaturas, podían conservar la carne del bacalao simplemente poniéndole un poco de sal por encima.

Castillo relató que durante unas Navidades bajaron hasta los 28 grados bajo cero y Jose Manuel González, uno de los últimos arrantzales en viajar a Terranova a finales de los 70 y comienzos de los 80, aseguró que allí, sin importar la época, siempre había alguna inclemencia meteorológica. “Se pasaba del hielo a la niebla, y de la niebla a los ciclones. Era muy duro”, añadió.

Complicándolo todavía más si cabe, el bacalao que se capturaba se destripaba a mano y la técnica de pesca era con red de arrastre en pareja. “Se colocaba la red entre dos barcos idénticos y a través de la radio, los dos capitanes tenían que coordinarse para que todo fuera bien”, explicó Juan Mari Benito, quien con tan solo 23 años ya ejercía como capitán en 1957. “Los gallegos y los vascos éramos los únicos que utilizábamos esta técnica”, añadió.

Con el paso de los años la pesca de arrastre en pareja ha demostrado ser la más dañina para los fondos marinos, ya que es la menos selectiva de todas. Sobre ello, el realizador Van der Zee también ha querido hablar en el documental. “No solo fueron los vascos, todos los países estaban ahí y contribuyeron a un destrozo internacional que a día de hoy perdura”, explicó. No obstante, el holandés quiso recalcar que no se puede culpar a nadie de ello. “Hay que comprenderlo desde la época que era, no había la concienciación de ahora”, afirmó.

“Los arrastres eran de doce horas y podíamos coger entre 35 y 40 toneladas. Teníamos tanto bacalao que pasábamos la red a otro barco para que continuará”, indicó al respecto Castillo.

sacrificios familiares Mientras el fondo marino sufría esta pesca masiva, los beneficios en las localidades costeras vascas no paraban de crecer. El claro ejemplo de ello fue Pasaia, que llegó a contar con hasta 400 rederos. “Traíamos más de 2.000 toneladas de bacalao, todo el mundo quería venir a vivir aquí”, comentó Anatol, quien asegura que por aquel entonces en la localidad guipuzcoana el 90% de los habitantes tenía origen gallego.

Sin embargo, las estancias durante meses en el mar acarreaban numerosos sacrificios. “Mi hijo no me conocía. Cuando estaba en casa, se extrañaba. Para él yo era un desconocido que dormía con su madre”, aseguró Castillo, quien incluso durante un tiempo dejó de ir a Terranova para evitar las largas ausencias. “Pero lo que se ganaba yendo allí no se podía rechazar. Al final, iba hasta allí por ellos”, concluyó el donostiarra.

Herramientas de Contenido