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la carta del día

El paraíso capitalista

Por Ignacio Rodríguez Ruiz de Alda - Viernes, 10 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hay personas que entienden que sólo una sociedad donde impere la empresa privada, trabajadores asalariados a los dueños de las empresas, mercado libre y desarrollismo económico trae la prosperidad a la humanidad.

Es un mantra que se repite y que por no más repetirse no deja de ser falso.

Hoy, en 2017, hay 800 millones de personas que padecen hambre cuando hay alimentos suficientes en el mundo para alimentar a todos y cada uno de ellos según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (luego el capitalismo no parece que les favorezca), 1.300 millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día según Manos Unidas (gracias capitalismo), y cientos de miles de personas que mueren de enfermedades que tendrían curación con productos que encontramos en nuestras farmacias más cercanas.

¿El capitalismo les está ayudando? Si eso fuera cierto, tras casi 150 años de capitalismo en el mundo, éste sería un mundo feliz, rico, libre y desarrollado, y no parece que vivamos en esa arcadia feliz que se nos promete.

Se dice que nuestro entorno goza de un Estado de Bienestar, y es cierto que en Europa occidental y algunos países más (EEUU, Canadá, Australia...) tiene unas cuotas de riqueza mayor que el resto del mundo.

¿Es porque son más capitalistas que nadie o porque ha habido un Estado que se ha dedicado a corregir las consecuencias del capitalismo, a repartir las rentas, crear servicios públicos, sanidad universal, educación para todos y una intervención controlada de la economía para que ésta no sea pasto de los vaivenes de los mercados? Me temo que se debe a esto último, y ello no ha ocurrido precisamente por el apoyo de los que defienden un capitalismo puro, sino siempre bajo su crítica por tal intervención.

Tras casi 150 años de capitalismo, éste sería un mundo feliz, rico, libre y desarrollado, y no parece que vivamos en esa arcadia feliz

¿Y tras la crisis económica actual? Su origen financiero lo dice todo de su causa especulativa y ni siquiera de economía real, agravada en España por la especulación del ladrillo gracias a leyes que permitían la especulación al máximo.

En España, a fecha de hoy de 2017, tenemos a un 17% de la población activa en paro, tenemos a 12 millones en situación de riesgo de pobreza y a 1,5 millones en riesgo severo (Red Europea contra la Pobreza), al 60% de hogares sin capacidad de ahorro y al 70 % de los hogares más pobres cada vez más pobres (Cáritas).

El Estado de Bienestar ha sido sacrificado al emplear la mayoría de los recursos para salvar a las entidades bancarias y no a las personas en riesgo, pagar antes los intereses de los prestamistas del Estado que dar ayudas sociales (mayoritariamente bancos y fondos de inversión otra vez, Reforma Art. 135 CE), se han reducido los servicios públicos, las ayudas a los parados, la educación, las salud, se han privatizado las empresas públicas y se han bajado los impuestos a los ricos a nivel de España.

Es por nuestro bien, dicen… Así, cuando los ricos sean más ricos, por desbordamiento los demás también lo seremos, como si ellos fueran el rico Epulón y la amplía mayoría social el pobre Lázaro de la parábola evangélica.

Frente a lo anterior, cuando se proponen alternativas, nuevos tipos de economía social y ecológica, cuando se busca que entre todos controlemos la economía y no que ésta nos controle a nosotros, cuando se busca que la persona sea el centro y no una mera mercancía más sujeta al mercado, se dice que es un insulto a la inteligencia y que “es la economía, entupidos”.

Pues frente a ello les contestaremos “¡¡es la voluntad, y son los intereses de unos pocos, entupidos!!”, y que defender un sistema que permite crear y amparar estas situaciones no es solo un insulto a la inteligencia, sino también la muestra de una ausencia total de conciencia moral.


El autor es abogado

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