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A la contra

Muerte tras la muerte

Por Jorge Nagore - Viernes, 10 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La muerte, eso. Cogiendo un año al azar como 2015, el total de muertes en Navarra con 40 años de edad o menos es apenas el 1,7%, 96 entre 5.680 defunciones. Entre 0 y 50 años, la cifra asciende al 3,7%. Entre 0 y 60, al 8,6%. Entre 0 y 70, al 18,1%. Y entre 0 y 80 incluidos, al 36%. Esto quiere decir que la gran mayoría de las muertes tienen lugar entre los 81 y los 90 años -el 40% de los fallecimientos- y de los 91 en adelante -el 23,6%-, siendo el quinquenio más probable de muerte el de entre 86 y 90, con el 22% de los decesos. Entonces, morirse con 37 años o antes, por ejemplo, solo les sucede al 1,35% de los fallecidos, una auténtica mala suerte. Y morirse a los 37 años apuñalado por la espalda supongo que baja el porcentaje a uno entre todos los muertos y a que la mala suerte estadística y real ya sea máxima. La persona a la que le sucedió esto hace unos días, la noche de difuntos, al parecer sigue en el depósito de cadáveres del Instituto Navarro de Medicina Legal, puesto que sus familiares en Rumanía y aquí, así como sus amigos allí y aquí, aún no han logrado reunir los 7.000 euros que cuesta repatriar el cadáver de George Cocosanu, hijo único, que llevaba 13 años en España. El otro día inauguraron la línea área Pamplona-Francfort e ir y volver cuesta 139 euros. Que te traigan a tu hijo asesinado de Pamplona a Rumanía para poder velarlo y llorar el cuerpo cuesta 7.000 euros. Vivimos en un mundo profundamente podrido, donde incluso para los asuntos básicos hay que tener contratado un seguro y si no lo tienes corres el riesgo de que velen tu cuerpo los fluorescentes apagados de una fría, aséptica y triste sala, en vez de tu madre, en vez de tu padre, en vez de tu hija. Que no haya o no existan procedimientos institucionales para ayudar urgente y eficazmente en casos así demuestra muy claro la sociedad pija y voraz en la que vivimos y también morimos.

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