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Treinta y seis años de recluta para la Operación Patata

Julen Zelaia participa este domingo, un año más, en la iniciativa en beneficio de las Hermanitas de los Pobres de la peña Alegría de Iruña

Laura Garde | Mikel Saiz - Viernes, 10 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Julen Zelaia, miembro de la Alegría de Iruña desde 1981, espera que, gracias al relevo generacional, la Operación Patata no muera.

Julen Zelaia, miembro de la Alegría de Iruña desde 1981, espera que, gracias al relevo generacional, la Operación Patata no muera. (MIKEL SAIZ)

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pamplona - Aunque en los últimos años han recogido alrededor de 2.000 kilos de patata, llegaron a recolectar 20.000. Ellos son los miembros de la peña Alegría de Iruña, que desde hace más de 50 años organizan la Operación Patata en beneficio de las Hermanitas de los Pobres. Julen Zelaia, que fue reclutado para la causa hace treinta y seis años, es uno de ellos: “Me hice socio de la peña en 1981. Ese mismo año conocí el proyecto y decidí unirme”, explica.

Una vez al año, el grupo recorre entre diez y doce localidades de Sakana en busca de este alimento proporcionado por sus vecinos: “Lo hacemos siempre en domingo, en torno a las mismas fechas. Quedamos a las ocho de la mañana en Labrit, desayunamos y nos ponemos en marcha. Empezamos por Urdín y hacemos el recorrido hacia Pamplona. Pasamos por Bakaiku, Iturmendi, Etxarri, Arbizu, Lakuntza, Villanueva, Yábar...”. Este año, la cita tendrá lugar este domingo.

Julen empezó a formar parte de la Operación Patata junto a Perico Baquedano y Patxi Urtasun. “Hay personas que unos años vienen y otros no, nosotros tres siempre hemos estado al pie del cañón. Este año participamos quince, aunque llegamos a estar unas cuarenta personas. En total, habremos colaborado en esto más de 300 socios”, señala.

La situación ha cambiado en estos treinta y seis años, pero el objetivo de la actividad sigue siendo el mismo: evitar un gasto a quienes no tienen medios con un alimento “tan básico y esencial” como la patata.

Que la Operación Patata diese sus primeros pasos no fue tarea fácil. Antes que la Alegría de Iruña, la peña Anaitasuna y una cuadrilla de San Juan ya lo habían intentado sin éxito. “En 1962, después de los dos intentos fallidos, José Javier Setoáin, entonces presidente de la peña, y sus amigos decidieron lanzarse. Desde entonces no ha habido descanso”, relató Julen. El grupo comenzó con cuatro rutas, la de Sakana y otras tres por el valle de Améscoa, Salazar y la Ribera. “Aparte de que ahora somos menos los voluntarios, hay pueblos que se han abandonado. Además, la gente joven ya no se dedica a la agricultura, la mayor parte trabajan en otros sectores”, aclara el socio. Por suerte, la respuesta continúa siendo positiva y reciben donaciones diversas: “Cada vez nos dan más variedad de verduras y hortalizas, además de dinero. Hemos llegado a recoger más de 600 euros”. Todo lo conseguido lo entregan a las Hermanitas de los Pobres y son ellas las encargadas de distribuirlo a las familias: “Nosotros somos los intermediarios.

Julen recuerda con cariño anécdotas que ha vivido a lo largo de su experiencia. “Una vez nos olvidamos de una compañera en uno de los pueblos. Dimos la vuelta y nos la encontramos con un saco de camino”, cuenta entre risas. En los municipios que recorren, los vecinos que no van a estar en casa dejan los alimentos junto a la puerta. Así, en otra de sus jornadas cargaron en la camioneta -cedida por la congregación- una bolsa de setas que no era para ellos.

recompensa Tradición y solidaridad. Así es como Julen define la Operación Patata, una de las actividades más distintivas de la Alegría de Iruña: “Quizá las peñas no seamos muy conocidas por este tipo de iniciativas, pero también nos definen”. Por ello, espera que el relevo generacional no falle. “De momento, seguimos teniendo gente que nos apoya. Mi hijo pequeño viene cuando puede, y en el caso de Setoáin, por ejemplo, ya es su nieta la que está participando”, declara. Para él, el esfuerzo es mínimo y la recompensa, enorme: “Todos los años funcionamos con la misma dinámica, lo único que nos cuesta es tiempo. Y para mí, por lo menos, no es una pérdida, sino una inversión”, concluye.

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