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Nerea Barrios hija de josé luis barrios, asesinado por ETA en 1988

“Ahora quiero limpiar la memoria de mi padre”

Coincidiendo con el Día de la Memoria celebrado ayer, Nerea Barrios relata su dura experiencia como víctima de ETA pero, sobre todo, su mirada al futuro

Una entrevista de E. Santarén Fotografía Borja Guerrero - Sábado, 11 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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portugalete- Pocos días después de que ETA asesinara a su padre, Nerea, que no había cumplido aún los quince años, bajó a la calle. La abordó un amigo. “Me preguntó: oye, que me han dicho que a tu padre le han pegado un tiro, ¿qué ha hecho?”. Era la actitud social mayoritaria durante los años de plomo, el “algo habrá hecho”, la culpabilización de la propia víctima. “La gente pensaba que tenía que haber una razón, que algo habría hecho. ¿Sabe qué hacía yo? Subir a casa a llorar”, relata casi treinta años después la hija mayor de José Luis Barrios, hostelero santurtziarra de ideología socialista -era hijo de Próspero Barrios, que había sido teniente alcalde de la localidad por el PSE- que murió asesinado el 17 de septiembre de 1988. Hoy, Día de la Memoria en Euskadi, Nerea quiere reivindicar su memoria.

¿Cómo recuerda lo que ocurrió?

-Aquella noche, poco después de las doce, madrugada del viernes a sábado, mi padre atendía a los clientes del restaurante familiar San Jorge, de Santurtzi. Dos personas de mediana edad y bien vestidas entraron al local y pidieron dos consumiciones y un paquete de tabaco. Les atendió mi abuelo. En cuanto salió mi padre con una bandeja de las cenas, le metieron un tiro en la nuca y salieron corriendo. Fue mortal de necesidad.

¿Cuándo supo lo que había pasado?

-Yo me había acostado dando un beso a mi padre. Al día siguiente nos despertó la chica que nos cuidaba y nos dijo que mi padre había tenido un accidente y había muerto. Éramos cuatro hermanas, y yo era la mayor. Así me enteré, a bocajarro.

Tras el shock inicial, ¿cómo vivieron los días y meses posteriores?

-Si lo resumo en una palabra, es dolor. Dolor. No tengo otra. Toda mi vida cambió. Yo era una niña que iba a ballet, estudiaba inglés, hacía guitarra, superartistilla, todo me gustaba. El 15 de septiembre empecé octavo de EGB y esto fue el día 17. Evidentemente, no terminé mis estudios. Quería ir de luto a clase, porque para mí mi vida era negra. Yo pasé de ser una niña superfeliz a de repente perder toda la alegría. Ya no quería bailar, no quería cantar...

Le arrebataron la infancia.

“Tenía 15 años, pasé de ser una niña superfeliz a perder toda la alegría. Soy más joven ahora que entonces”

“Lo que peor he llevado es que encima de que lo mataron, mancharan su memoria con falsedades”

“He hecho un trabajo interno de p

-Yo cumplo los 15, los 16, tengo que ayudar en mi casa, mi madre se ha quedado con cuatro niñas y yo soy la más mayor. Mis hermanas tenían 13, seis y siete años. Me puse a trabajar muy joven para ayudar, no pude estudiar. Yo siempre había tenido la ilusión de hacer Periodismo o Psicología, era lo que quería hacer. Ya nunca quise estudiar. Mi madre se quedó bastante tocada y me tocó ayudar mucho, un poco coger las riendas como hija mayor.

Han pasado 29 años y, aunque a veces se le quiebra la voz, Nerea ha dejado atrás la etapa del odio y de la negrura. Un divorcio traumático le hizo, años después, vivir el duelo de su padre. “Ahora soy más joven que entonces. Perdí el sentido del humor, me hice muy dura. No dejas de tener 15-16 años pero en realidad no los tienes. Ahora tengo 43 y de espíritu soy mucho más joven”, dice con una amplia sonrisa.

¿Tuvieron algún tipo de ayuda?

-Solo del entorno más cercano, la familia. En aquel entonces éramos invisibles. Éramos como los lobos que se lamen las heridas solitos en una esquina. Recuerdo la manifestación en Santurtzi, que mucha gente se quedó en las aceras. No nos sentimos apoyados. Las instituciones se hacían la foto el día del entierro, daban el pésame, venían a la manifestación pero luego no les he vuelto a ver en mi vida. Recibí una llamada 20 años después, de Maixabel Lasa. Fue la primera.

Con todo, según relata Nerea, lo más “terrible” durante todos estos años ha sido soportar las excusas lanzadas por ETA y su entorno para justificar el asesinato de José Luis Barrios. En el comunicado en el que reivindicaban el atentado, los terroristas acusaban al hostelero de tráfico de drogas, de ser “colaborador e informador de las fuerzas de ocupación” y aseguraban que los poderes fácticos y el PSOE introducían la droga en Euskadi “como un recurso más de un plan de contrainsurgencia”. Una campaña de calumnias que Nerea aún no ha superado. “Es lo que peor he llevado, que, encima de que lo han matado, tenga que defender a mi padre, limpiar su memoria. Pero como hija lo hago encantada, por eso estoy aquí”.

¿Cómo se sobrellevan esas acusaciones, esa campaña difamatoria?

-Que se diga que es traficante, confidente de la Policía, trata de blancas..., yo creo que si fuera ahora, sería maltratador de mujeres y pederasta. Y Santurce entero lleno de pasquines, manchando su memoria. El día de la manifestación tiraron folletos: Si estáis a favor de los traficantes, ir a la manifestación. Cuando pasamos por la herriko taberna, pusieron superalto, nunca se me olvidará, Que se piquen, que se piquen, ellos y sus amigos los maderos, una canción que se titulaba Mándalos a la mierda. Me la sé, y han pasado casi 30 años. Una falta de respeto terrible. Yo iba agarrando la pancarta. Imagina a una niña de 15 años que están diciendo eso de su padre. Encima de que lo han matado, manchan su memoria.

De los asesinos nada se sabe a ciencia cierta, jamás se juzgó el caso. Tampoco de quién lo señaló y lo puso en la diana. “Era un vecino, pero no sé quién es y la verdad prefiero no saberlo. Yo vivo en paz. He hecho un trabajo interno de intentar perdonarme y de perdonar, pero por mi bien. A quien mató a mi padre le da exactamente igual que yo le odie o que no o que le perdone, porque nunca han pedido perdón”, dice.

Si hace treinta años tuvo que tomar las riendas en su casa, ahora cree que su responsabilidad es reivindicar la memoria de su padre. “Yo quiero que esto no se olvide. Durante 25 años he estado callada. Hasta ahora no hemos tenido voz. Ahora mi padre tiene voz a través de mí. Que se conozca lo que le pasó, su legado. Y sobre todo, porque tengo dos hijos y no quiero que la historia se repita. Estoy segura de que él me diría: Hija, lucha por mí;ya que yo no tengo voz, hazlo tú por mí”.

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