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Música para el cerebro

Santy March, violinista profesional que sufrió un ictus en 2010, da clases del instrumento a dos pequeños con daño cerebral en una terapia mutua

Mikel Bernués | Unai Beroiz - Sábado, 11 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Guzmán Santafé (Hiru Hamabi), su hija Marta y el profesor de la niña Santy March (MusicAvanza), en casa del violinista en el barrio de la Rochapea.

Guzmán Santafé (Hiru Hamabi), su hija Marta y el profesor de la niña Santy March (MusicAvanza), en casa del violinista en el barrio de la Rochapea. (UNAI BEROIZ)

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Guzmán Santafé (Hiru Hamabi), su hija Marta y el profesor de la niña Santy March (MusicAvanza), en casa del violinista en el barrio de la Rochapea.

“Que la gente busque en su afición el estímulo;ahí encontrará su pequeña salvación”

PAMPLONA- “Nadie decía que iba a volver a tocar el violín. Tardé como 6 meses en mover un dedo”, dice Santy March, músico profesional y docente que sufrió un ictus en 2010. “Pero cuando tienes algo vocacional es muy difícil decir ‘pues no hago nada’. Si no hago nada con mi vida, directamente me tiro al Arga”, cuenta también.

Como no estaba por la labor de renunciar a las pasiones que alimentan su vida (y tampoco quería tirarse al Arga), este vecino de la Rochapea de 55 años, natural de Castejón, pensó: “lo voy a intentar, voy a pelearme con estos”, dice retando a sus dedos. “Y todos los días me ponía el violín, intentaba sujetarlo y no me salía... El proceso es sumamente lento. Fueron seis meses de trabajo diario para mover un dedo”.

También reconoce que en estas historias de superación “siempre se cuenta lo bueno”. Pero “las secuelas están ahí. No puedo meter mucha información a la cabeza”. Santy evita reuniones multitudinarias en las que “si hay dos conversaciones, en 10 minutos me puede dar un crac”. Tampoco puede escuchar músicas con “mucho engranaje”, así que se las ingenió y descubrió canciones populares irlandesas con una sola línea melódica. “Tenía claro que tocar algo que había hecho antes era muy contraproducente para mi salud, porque siempre me iba a estar comparando. Y vivo cada pequeño avance como algo maravilloso. Lo bueno que tiene la música popular es que si desafinas, lo haces mal o muy lento, no pasa nada porque está abierta a que todo el mundo se exprese”. Santy se hizo su pequeño repertorio irlandés, “y eso era mi terapia. La música estimula nuestro cerebro y nos da bienestar”, garantiza.

nace musicavanzaEn pleno proceso de recuperación, conscientes de esos beneficios para sus respectivos cerebros, Santy y el pianista Javier López (que sufrió una encefalopatía en 2011), junto con la médico rehabilitadora Carmen Mateos, especialista en DCA (Daño Cerebral Adquirido), crearon MusicAvanza para transmitir esas bondades desde el plano musical y científico. “Empezábamos a tocar en pequeñas salas, hospitales, centros de día... funcionaba muy bien y veíamos que a nivel cognitivo mejorábamos mucho. Por eso creamos la asociación. Ahora damos conciertos y charlas por toda España. Con la música no como un modelo a imitar, sino para que la gente busque en su afición el estímulo. Si te gusta el bricolaje, haz mucho bricolaje y ahí vas a encontrar tu pequeña salvación”.

adei, marta e hiru hamabiSanty se había encontrado. Pero las secuelas del ictus le impedían ejercer como docente. Hasta que se topó con Hiru Hamabi, una asociación nacional con sede en Sarriguren que lucha por los derechos de los niños con DCA. Ahí surgió una nueva melodía. “Empecé con ellos como tratamiento neuropsicológico. No podía dar clases porque a nivel cognitivo me quedé muy mal, y como parte de mi terapia me dijeron, ‘aunque no puedas dar clase a 60 alumnos, vas a colaborar con esta asociación y te vamos a poner uno o dos niños, a ver cómo te motiva’”.

Le motivó. En cosa de mes y medio Santy dejó a un lado “la parte psiquiátrica y parte de la medicación. Aquello me cambió el estado anímico”. Los culpables fueron Adei y Marta, terapeutas sin saberlo a sus ahora 6 años. “Marta sufrió un ictus perinatal, por lo que su daño cerebral es desde el nacimiento”, relata Guzmán Santafé, padre de la criatura y miembro de Hiru Hamabi. “Un niño puede sufrir un ictus. Afortunadamente son menos que en los adultos, pero los hay. Es un tema muy desconocido socialmente, y si no se conoce el problema, ¿cómo se va a buscar una solución? Esa visibilización es uno de los objetivos de Hiru Hamabi, además de acoger y acompañar a las familias y buscar recursos”, detalla.

“Marta está muy bien y estamos súper orgullosos de ella porque está evolucionando genial. Pero tiene sus problemas de aprendizaje, comportamiento... Como consecuencia del DCA tiene diagnosticado un trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Es un terremoto, no para quieta. Y eso le influye a la hora de desarrollar sus capacidades”, dice Guzmán. El terremoto de Marta y Santy congenian a la perfección. Se chantajean, él le pone pegamento imaginario en los pies, exploran juntos y se sorprenden mutuamente.

“Él entiende que ella sea incapaz de parar quieta 10 minutos. Su experiencia es muy valiosa para trabajar con los niños. Es una maravilla porque les entiende”, añade Guzmán. “Cuando le conocimos nos dijo una cosa muy importante. Él ve la música no como un fin sino como el medio. Es lo que ha hecho con su vida;rehabilitarse a través de la música. Es lo que vemos que a nuestra hija le puede venir muy bien;mantener una postura, tener paciencia y prestar atención... Es nuestro tercer año con Santy, y aunque musicalmente la evolución no es brutal, sí lo es el comportamiento. La música es el medio para que ella misma sea capaz de contenerse. El simple hecho de escuchar una melodía ya es prestar atención, un entrenamiento muy bueno para su cerebro”, finaliza un Guzmán “muy agradecido a Santy. Se ha volcado con los niños y la asociación. Siempre les tiene en cuenta, su paciencia es infinita y pone su alma, y a veces hasta su salud, en esto”.

Aunque su salud se resienta -Santy dice que después de dar clase se tiene que meter a la cama-, al mismo tiempo “estos niños me dan la vida. Te ofrecen todas esas cosas que vamos abandonando: la ingenuidad, la libertad, la sensación de estar en la vida queriendo sorprenderte con todas las cosas. Cuando somos mayores perdemos eso porque no somos sensibles, y un niño sí lo es. Por eso la educación con los niños te da la felicidad. Yo directamente estoy deseando que llegue la siguiente clase”.