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jornadas sobre el 25 aniversario del asedio de sarajevo jornadas sobre el 25 aniversario del asedio de sarajevo Fermín Córdoba Gavín director de la OSCE en la misión de bosnia-herzegovina

“La élite política no está interesada en la reconciliación sino en gestionar el rencor para mantener su ‘status quo”

Fermín Córdoba (Pamplona, 1976) es el responsable de la misión de la OSCE en Bosnia-Herzegovina que trabaja por la reconciliación tras la guerra

Elena Urabayen Unai Beroiz - Domingo, 12 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Fermín Córdoba y Jasminka Dzumhur, en el Café Iruña.

Fermín Córdoba y Jasminka Dzumhur, en el Café Iruña.

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Fermín Córdoba y Jasminka Dzumhur, en el Café Iruña.

pamplona- Se fue de Pamplona con apenas 22 años a probar suerte en Madrid, a ejercer de abogado de Derecho Mercantil. Fermín Córdoba (Pamplona, 1976) pronto vio que aquello no era lo suyo y decidió cambiar el Derecho de empresas por los Derechos Humanos y se fue a los Balcanes con la ONG Movimiento por la Paz para ayudar a los refugiados de las guerras de la antigua Yugoslavia. Tres años después, en 2009 comenzó a trabajar en la misión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Bosnia-Herzegovina y se estableció de forma definitiva en Sarajevo. En 2015 fue nombrado director de la OSCE. Allí ha formado una familia y trabaja al frente de un equipo de 150 personas que, repartidas en 9 oficinas por todo el país, pelean cada día para establecer cauces de diálogo y colaboración entre los tres grupos constituyentes (bosnios, croatas y serbios) que quedaron con una enorme división social tras la guerra de cuyo comienzo se cumplen ahora 25 años. Una tarea complicada, relata, en especial porque la élite política no colabora en la tarea de tratar de cerrar heridas, más bien al contrario ya que, asegura, les interesa mantener la posición que les permite seguir enriqueciéndose. “En vez de poner pomada en la herida de vez en cuando”, dice, se encargan de “echarle sal” para que los ciudadanos continúen sumidos en el rencor y el miedo que aquel cruel y sangriento conflicto impregnó en su día a día. Esta semana ha participado en las jornadas organizadas por el Gobierno de Navarra para hablar sobre la reconstrucción del país.

25 años después del inicio de la guerra, ¿cómo está Bosnia-Herzegovina?

-Es un país que está dividido de tal manera que en cada zona hay un grupo constituyente -como se llaman a los principales grupos de ahí que son los serbios, los croatas y los bosniakos- físicamente separadas y mentalmente, desde luego, muy distanciadas. La reconciliación está muy lejos todavía.

¿Cuál es el problema?

-Muchas veces son diferencias políticas entre ellos las que impiden la ejecución de proyectos y la reconciliación. La élite política no esta interesada en reconciliación sino que está interesada en mantener un status quo que les permita seguir enriqueciéndose y seguir gestionado después de la guerra el rencor y el dolor que siente la gente, seguir gestionándolo para mantener elstatus quo. No se pone pomada en las heridas sino que lo que se hace es echar sal de vez en cuando para meter el miedo en el cuerpo y que esos prejuicios se consoliden y decir “fíjate qué malos son los otros, que hace 20 años hicieron esto...” sin ninguna visión de cómo podrían ir hacia adelante a pesar de sus diferencias.

¿Cómo afectan las distintas vertientes religiosas e idioma entre los grupos a la reconciliación?

- Hay una identificación total entre identidad nacional, religiosa (musulmanes, cristianos ortodoxos y cristianos católicos) y lingüística que anula al individuo frente al grupo, ya que el sistema es tal que empuja a todos a esa triple identificación. Por ejemplo, respecto al idioma, la lengua común es la serbocroata aunque hoy en día dicen que unos hablan bosnio, otros que hablan serbio y otros que hablan croata. Se han forzado, sobre todo en el lado croata, algunas palabras nuevas para diferenciarse y el lado serbio ha potenciado el uso del cirílico a costa del alfabeto latino. Otros potencian el alfabeto latino... En fin, en el lenguaje las diferencias son auténticas nimiedades pero tratan de hacerlas más grandes para que parezca que son más diferentes y no tienen nada en común.

La élite política no quiere reconciliarse pero, ¿cómo vive todo esto la sociedad civil?

-Lo viven por una parte con hastío, por otra son conscientes de que la élite política es muy corrupta a todos los niveles de la Administración. Por ejemplo accesos públicos pagando, se compran la plaza de empleos, en ocasiones llegan las elecciones y si quieres mantener tu puesto de trabajo público tienes que votar a un líder en concreto. La ciudadanía es consciente de todo esto pero cuando llegan las elecciones salen los mismos partidos porque esta élite política gestiona de forma interesada los rencores y miedos de la gente.

En este contexto, ¿cuál es el trabajo que ustedes desarrollan allá?

-Trabajamos para promover la reconciliación y tender puentes entre comunidades y en generar espacios de diálogo donde se pueda, sobre todo a nivel local, a través de varios proyectos: derechos humanos, crímenes de guerra, educación y buena gobernanza. Por ejemplo, cada zona gestiona su educación. Hemos analizado los libros de texto y vemos que lo que se enseña en religión o historia, cada uno cuenta la suya. El aroma que desprenden esos libros de texto es que no se les enseña a apreciar las diferencias y a respetarlas y reconocerlas como una expresión de la diversidad de Bosnia-Herzegovina. Al revés, se enseña que mejor estamos como estamos, sin mezclarnos y es que los culpables fueron los otros y nosotros somos las víctimas. Cada grupo, con matices, toca la misma canción.

¿Ven resultados de su trabajo?

-A veces hay sensación de que no se avanza todo lo que quisiéramos pero hay que seguir intentándolo a nivel macro, ir a trabajar con ellos, aunque a veces no quieren. A nivel de sociedad civil hay que continuar. Los internacionales ahora no somos como justo después de la guerra que podían aprobar leyes, nombrar cargos... Ahora nosotros intentamos trabajar generando espacios de diálogo, juntar a los ministros de Educación, profesores, jueces, fiscales, policías, líderes religiosos... Intentar hacerles ver que algunas de sus líneas no van acorde con los estándares internacionales de derechos humanos y educación e intentar homogeneizar todo lo relativo a sentencias, tipificación de delitos etc... en las distintas zonas.

¿Es optimista respecto al futuro?

-Hay que intentarlo, no hay que hacerse trampas al solitario y pensar que todo va a ir bien porque es muy complicado, pero hay que ser optimista.

De cuando acabó la guerra a ahora, ¿hay mayor acercamiento o sigue todo hermético?

-Hay poca diferencia. La gente dice que a finales de los 90 o principios de 2000 sí que había muchas ganas y una energía positiva de hacer cosas. Después se han instalado en una retórica muy pobre, muy etnocentrista, con esa asimilación de identidad religiosa, nacional y lingüística que excluye a todos los que no sean miembros del grupo.

Mas allá de esos “muros mentales” a los que alude, ¿que diferencias hay entre la gente de una zona y la de otra?

-Ninguna. Se ven las diferencias propias de la geografía, el norte y el sur. Pero a nivel económico, de nivel de vida, son todas las zonas absolutamente iguales. Lo único que cambia es que en cada zona hay elementos religiosos de una u otra confesión, pero por lo demás, todo es igual, no hay ninguna diferencia. A nivel étnico tampoco.

Cuando vuelve a Pamplona y ve los conflictos de aquí como el caso de Catalunya, ¿ve las posibilidades de salida fáciles en comparación con lo que hay en Bosnia?

- No sé qué decir, porque estos casos tienen aspectos en común. Por ejemplo veo en ambos casos una gestión interesada por parte de los líderes políticos del dolor de la gente, de su frustración, de los miedos... Ahí veo ciertas similitudes entre Bosnia-Herzegovina y lo que ha pasado en Catalunya e incluso aquí en lo que llamamos el conflicto vasco. Creo que hay un discurso tendente a empequeñecer al individuo a costa del grupo. Esa nube la veo.

¿Cómo se disipa esa nube antes de que se haga una tormenta?

-Hablando, dialogando, escuchando y asumiendo que todos los proyectos políticos son realizables pero que el precio de llevar a cabo cualquier proyecto no deba ser el envenenar la convivencia, que es lo importante. No hay que tomar como sagrado nada, ni la unidad de España ni la independencia de Catalunya. Siempre hay un punto medio. El peligro que veo es que el discurso de la pertenencia al grupo, sea a costa de anular al individuo, que es mucho más rico y sujeto de derecho. Eso no quita para poner sobre la mesa cualquier modelo territorial.

En Navarra y la CAV también hay dos posturas muy encontradas en relación con el final de la violencia de ETA y el desarme, pero el tema está parado y algunos no aceptan la mediación internacional.

-Desde fuera, es muy difícil entender la posición del “no” eterno del Gobierno del Partido Popular a todo. “No” a la vía Nanclares, “no” a apoyar procesos de reconciliación, “no” a nada de lo que me digas. Es difícil de entender y a veces uno llega a la conclusión de que esto lo que busca es más venganza que justicia.

¿Cree que aquí también los líderes políticos buscan mantener su ‘status quo’?

-Probablemente, porque esta es una baza electoral muy potente. Además, un matiz a tener en cuenta es el rol de género. En la política española también tienen influencia los roles de género. Ceder o cambiar mínimamente de opinión se ve como algo negativo cuando en política negociar y ceder es una virtud. Eso también pasa en Bosnia-Herzegovina.

¿Qué le parecen los encuentros que quiere poner en marcha el Gobierno de Navarra entre víctimas y victimarios de ETA?

-Me parece un temazo, un acierto total. Y qué gusto que haya un gobierno nuestro que haya tomado este camino. Pamplona también ha hecho cosas muy buenas, que están en línea con lo que Naciones Unidas recomendó como exhumar los restos de Mola y Sanjurjo. Todo lo que vaya en este sentido, bienvenido sea.

las claves

el protagonista

Datos personales. Pamplona, 2 de enero de 1976. Estudió Derecho en la UPNA. Antes, en la Ikastola San Fermín.

La OSCE. Es el director de la misión de la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa en Bosnia- Herzegovina.

En Bosnia. Vive en los Balcanes desde 2006, a partir de 2009 se afincó en Sarajevo. Está casado y tiene un hijo de 7 años (Inas) y otro en camino.

datos de la guerra

Del 92 al 95. La guerra de Bosnia duró tres años con 200.000 víctimas mortales (más de la mitad civiles). Hubo cerca de 30.000 desaparecidos y en los años posteriores se descubrieron cerca de 300 fosas comunes (en el 90% de los casos, las víctimas eran bosnios musulmanes). Más de un millón de personas fueron refugiados o exiliados.

Tres grupos. La población bosnia se divide en tres grupos constituyentes. Los bosnios (de religión musulmana) son el 45% de la población, los serbios (cristianos ortodoxos) son el 35%, y los croatas (cristianos católicos) son el 14%.

Dos zonas. El país está dividido en dos zonas: la república SRPSKA (de mayoría serbia) y la federación (de mayoría bosnia). En un país de la extensión de Extremadura y con 4 millones de habitantes hay más de 1.000 ministros y parlamentarios. La corrupción es uno de los grandes problemas del país.