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Siete pruebas capitales

LOS CINCO ENCAUSADOS LLEVAN 16 MESES EN PRISIÓN PORQUE ABUNDAN LOS INDICIOS Y EVIDENCIAS EN SU CONTRA, LOS CUALES DEBERÁN REFRENDARSE, O NO, EN EL JUICIO QUE EMPIEZA mañana

Un reportaje de Enrique Conde - Domingo, 12 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Los árboles no deberían ocultar el bosque. Las defensas de los acusados de la violación han reiterado sus impresiones sobre las banalidades de los Sanfermines (pese a no haber acudido nunca), han reflexionado sobre una ciudad a la que sitúan en fiestas como centro de bacanales y botellones, y tampoco les han faltado palabras tiradas con saña hacia las “malinterpretaciones del juez instructor”, ni críticas por su bando a la valiente respuesta ciudadana contra las agresiones, ni a la presencia de las instituciones públicas navarras en el proceso, incluso formalizadas en recursos en los que han reclamado que se les aparte de la causa. Como si aquí no pintaran nada. A Pamplona y los Sanfermines también se les adeudan toneladas de justicia, pero parece una quimera recuperar ese pesaje y sacar lustre al blanco y rojo. Ruido, tanto ruido, que podría acallar el sonido de la verdad, de la jurídica, que es la que entra en juego. Para llegar a ella, este proceso ingente, excepcional, e iluminado hasta ahora con focos de estadio, vive desde mañana diez sesiones en las que se discernirá un proceso judicial que gira en torno a siete claves que decantarán la sentencia de un lado u otro.

Testimonio de la víctima

Consistente y coherente

En caso de haber condena, esta debe estar debidamente justificada con indicios que enerven el mayúsculo principio de presunción de inocencia. Según reiterada jurisprudencia del Tribunal Supremo, la denuncia de la víctima para ser creíble debe reunir requisitos de verosimilitud, que no existan móviles espurios y tenga una persistencia en la incriminación. Por ahora se dan los tres criterios. El juez que instruyó la causa dejó claros los motivos por los que a los procesados se les enviaba a prisión provisional y por los que no han salido de allí. “Las declaraciones de la víctima son consistentes y coherentes desde su relato inicial a las personas que la encontraron llorando en cuanto salió del portal número 5 de Paulino Caballero y a los agentes de la Policía Municipal que llegaron a atenderla en primer momento hasta su posterior denuncia en la Policía y su declaración en sede judicial”. El juez ya respondió al hecho de que las defensas cuestionaran pequeños errores en el relato de la chica, como que al principio dijo que los acusados eran cuatro y que pudieron acudir antes del portal al hotel Leyre cuando en realidad pasaron por el hotel Europa. “A dicha coherencia no cabe oponer -añadía el instructor- las pequeñas inconsistencias de la narración, como el de la ubicación y el trayecto exactos, que se producen en una ciudad en la que no reside, o del número de agresores, que por otra parte consta con claridad en la grabaciones, cuando por el contrario no se aprecia ningún elemento de incredibilidad subjetiva, al no conocer siquiera a los procesados con carácter previo ni apreciarse ningún otro móvil”.

Exploración forense

Lesiones compatibles

La joven fue explorada en Urgencias del servicio de Ginecología del Hospital Virgen del Camino a las 5.20 horas. En dicha exploración los forenses acreditan una lesión eritematosa en la zona genital de data compatible con lo relatado. No existen lesiones en el resto de la exploración general.

Estado emocional de la víctima

En ‘shock’ y con un llanto desconsolador

La víctima abandonó el portal de los hechos a las 3.25 horas, dos minutos y cuarenta segundos después de los acusados. Se sienta en un banco de la avenida Roncesvalles, “llora desconsolada” y eso llama la atención de una pareja navarra que pasa por la zona. Se acercan a ella al minuto y medio de que tomara asiento. Les dice, aunque apenas balbucea y se expresa con frases cortas y sueltas, que le han robado el móvil y que han abusado de ella. Y llaman al 112. La Policía aparece a las 3.39 horas. La agente que la atiende ha declarado en la instrucción que la chica “estaba en shock” y que le pedía que no la dejase sola. “No me pareció que pudiera estar ebria ni drogada, más era angustia e impotencia”, contó la agente, que la acompañó también hasta el servicio de Urgencias.

Pericial psicológica

Situación de bloqueo

Las impresiones de los primeros testigos que asistieron a la víctima vienen reforzadas con la pericial psicológica que se le practicó a la joven en Tudela en octubre de 2016. Las peritos diagnosticaron que la joven cumplía con los criterios de un trastorno de estrés postraumático y describió la supuesta violación como “una situación de bloqueo psicológico en la que no sabía lo que estaba pasando”.

Teléfonos móviles

Grabaron con dos y robaron el de la víctima

Ambos hechos llamaron poderosamente la atención del juez instructor desde el primer momento. Los encausados entregaron sus teléfonos al ser detenidos y allí se halló el material audiovisual que se ha incorporado a la causa. Si bien los acusados dicen en todo momento que la relación fue consentida, el juez “recuerda que la grabación pone de manifiesto una dinámica de los hechos incompatible con la aceptación o tolerancia de los actos de acceso carnal ejecutados sobre ella, en un evidente abuso de superioridad física, puesto que además la propia grabación refuerza la existencia de una situación de absoluta ausencia de consentimiento o tolerancia, al igual que el hecho de la posterior sustracción del teléfono, sin que de contrario pueda estimarse relevante el hecho de que la víctima no padeciera lesiones ante la superioridad física coactiva y colectiva empleada para lograr su propósito”, rezaba un auto. En otra resolución abundó en que “no se aprecia consentimiento alguno por parte de la víctima sino mero sometimiento a una apabullante situación de superioridad física y numérica y de abandono ante las pretensiones de los agresores, no existe reclamación de acción alguna por parte de ella sino simple tolerancia pasiva”. A la chica le robaron el móvil tras la presunta agresión, otra razón de la ausencia de consentimiento.

Portal de Paulino Caballero

Un lugar aislado y el cruce con una vecina

El juez instructor ha recalcado en sus resoluciones que “los hechos se cometieron de forma colectiva y planificada ya desde el primer momento en que los procesados se buscó de común acuerdo un lugar en el que aislar a la víctima y aprovechar la evidente superioridad física”. Buscaban un lugar así y eligieron el portal número 5 de la calle Paulino Caballero, céntrico y a su vez recóndito y con un rellano que era una encerrona. Una vecina del mismo ha declarado en la causa. Se topó poco antes de la agresión con uno de los acusados, José Ángel Prenda Martínez, con el que tuvo un intercambio de palabras subidas de tono, ya que este procesado quería acceder al portal y la mujer no le había visto nunca en el inmueble. Ella le dijo a dónde iba y El Prenda respondió a dónde cojones iba ella. Esta se quedó un tanto parada, a la espera de ver lo que hacía el acusado. El Prenda se montó en el ascensor. Luego bajó al portal y abrió la puerta al resto. La víctima declaró siempre que la metieron adentro tras agarrarla por detrás de las muñecas. Estuvieron 19 minutos en el portal. El espacio de la agresión tiene 2,73 metros de largo por metro y medio de ancho.

Portero del Hotel Europa

Ella no escuchó que pedían habitación

Uno de los argumentos esgrimidos por los acusados y sus abogados defensores durante el proceso ha sido el hecho de que en el trayecto hasta el portal la víctima había acompañado de manera consentida a los acusados. Y trataban de reforzar su teoría del consentimiento con que antes habían preguntado en un hotel, el Europa, por si tenían habitaciones por horas o para toda la noche y que la querían “para follar”. Afirman que la chica les acompañaba y que ella sabía lo que querían. Pero el hecho cierto es que la declaración del portero del hotel Europa durante la instrucción contradijo ese argumento. El portero desmintió que la chica participara de la conversación. “Ella estaba alejada del grupo, a unos tres metros y no se acercó a mí. No se si formaba parte del grupo y no se si podía escuchar lo que me decían”.

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