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Ion Iraizoz actor protagonista de ‘fuera de juego’

“No podemos pretender que un sistema se transforme sin que la sociedad civil haga nada por cambiarlo”

Una entrevista de Fernando F. Garayoa - Miércoles, 15 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Ion Iraizoz, entre Mikele Urroz y Juan José Rodríguez.

Ion Iraizoz, entre Mikele Urroz y Juan José Rodríguez. (CEDIDA)

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  • Ion Iraizoz, entre Mikele Urroz y Juan José Rodríguez.

las claves

pamplona- ¿Cuántas veces tiene que morir un ser humano para darse cuenta de que no vale luchar con las reglas de un mercado dominado por el sistema, sino que, llegados a determinado punto, solo sirve romper la baraja?

-En este caso, Gerard Smec, el protagonista, dice que muere tres veces. La primera, cuando le despiden;la segunda, durante los dos años de paro;y la tercera cuando le quitan las prestaciones por desempleo. La obra, que comienza cuando el tipo lleva ya dos años en paro, desgrana un proceso en el que se convierte en otra persona, algo que él va descubriendo conforme sucede la acción mientras se da cuenta de que ya no es el que era. Es cierto que hay una cuestión del sistema, de hecho, el autor, Enzo Cormann, decía que esta obra no habla del paro, habla de las trampas del sistema en el que vivimos;trampas que, por suerte, a veces no tienes que sufrir. Pero vivimos en un país, y en Europa, donde la precariedad y las desigualdad son terribles, y son muchísimas las personas que lo sufren, cada vez más. La obra habla de una persona, no de todo el mundo, porque cada uno afronta el paro de diferente manera, pero sí podemos dar datos que, aunque fríos, son definitorios: en España, la mitad de los parados no reciben ningún tipo de ayuda, ni psicológica ni, por supuesto, económica. Eso es terrible porque estamos hablando de más de un millón y medio de personas que están ya fuera, o casi, de los límites del sistema o del mundo en el que vivimos.

Apunta que al protagonista, este proceso demoledor del paro, lo convierte en otra persona, pero, realmente, ¿no deja de ser persona?

-Lo que sucede es que él se rebela contra esto que le ha tocado vivir, contra la precariedad, contra los trabajos basura... Y eso hace que le echen de las listas, le quiten la prestación. Él se rebela, pero pierde, porque no tiene nada que hacer contra el sistema, está luchando contra molinos de viento, es imposible.

Ante la violencia sibilina, ¿está legitimada como respuesta la violencia abierta?

-No, desde luego que no. La violencia explícita se plantea en la obra y se cuestiona, evidentemente. Ni no nosotros la legitimamos ni, aunque el protagonista ejerza la violencia en un determinado momento, significa que nosotros como, compañía que hemos puesto en pie esta obra, estemos a favor de la violencia o la legitimemos. Y es que esto es algo que últimamente está en boga, hay una confusión con los creadores: que pongamos en escena a un tipo que ejerce la violencia no significa que estemos de acuerdo con ella, simplemente estamos hablando de lo que pasa en el mundo. De hecho, el protagonista es un personaje pero esta basado en personas reales que han vivido en Europa a lo largo de los últimos 20 años: gente que explotó, no pudo más, tomó decisiones equivocadas y acabó muy mal.

La gente normal, canción de Pulp que pone banda sonora a vuestro teaser, es la que sufre todo esto, pero en, su mayoría, lo hace en silencio, por decirlo de alguna forma... ¿Quizá también haya que reflexionar sobre la parte de culpa que recae sobre nosotros, que no reaccionamos hasta esa tercera muerte o más allá incluso?

-Sí, por eso yo creo que la obra y el texto de Cormann es un llamamiento a la acción, a no quedarnos en casa... Hoy por hoy no vale con compartir en Facebook o Twitter una noticia sobre el paro o las injusticias del mundo. Creo que estamos en un momento en el que hay que movilizarse como colectivo y sociedad, si queremos cambiar las cosas. No podemos pretender que un sistema o un mercado laboral se transforme sin que la sociedad civil haga nada por cambiarlo. No va a cambiar porque sí, ni lo van a hacer los políticos ni las empresas. La sociedad civil se tiene que poner en marcha y darse cuenta de que, por ejemplo, la reforma laboral, con la desigualdad que sufrimos en Europa, no la podemos consentir, tenemos que luchar. En teoría, si estamos en un momento de recuperación, de crecimiento, las excusas se han acabado para terminar con la desigualdad o, por lo menos, empezar a ponerle fin.

Esta es una historia muchas veces contada, pero La Caja Teatro, y en esto hace especial hincapié, la pone en escena de una forma diferente, ¿cuáles son las claves de esa manera especial de relatar?

-Hay varias cosas... En este espectáculo, la forma de contar la historia es fundamental;de hecho, es tan importante como la propia historia en sí. Creamos un dispositivo escénico bastante divertido y lúdico, creo;no es fácil de contar cómo lo hacemos, porque realmente hay que verlo, pero sí te puedo decir que utilizamos vídeo, hablamos con el público en varias ocasiones... Y utilizamos una serie de elementos y códigos escénicos que nos ayudan a contar la historia. Yo hago el papel protagonista, Gerard Smec, pero Mikele Urroz y Juan José Rodríguez interpretan todos los personajes que están a su alrededor. Hay algo en el texto y en la obra que es como si todo sucediera en la cabeza del protagonista, y esto es algo que, de manera sutil, está en la puesta en escena. En este sentido, a nosotros nos encantaría que viniera gente joven al Gayarre a ver la obra porque creemos que les puede interesar, aunque no vayan habitualmente al teatro, porque pueden ver algo diferente que habla de algo muy actual pero con una manera de hacer teatro también contemporánea.

“Existimos para luchar y luchamos para existir”. La sociedad no hubiera avanzado en derechos si determinada gente no se hubiera atrevido a saltarse la ley. ¿Lo que sucede es que el sistema ha evolucionado tanto que ha convencido a una buena parte de esa sociedad de que saltarse la ley, independientemente de la forma en que lo hagas o de tus objetivos, es malo?

-Efectivamente, es algo muy complejo, y creo que una persona sola no puede hacer nada;aunque a veces suceden cosas que despiertan la conciencia colectiva, como los casos en los que se basó el autor para escribir esta obra. Por eso, repito, que la lucha tiene que ser colectiva. Si solo te rebelas individualmente, vas a perder.

Nos han dejado fuera de juego, ¿cómo podemos volver a entrar en el partido?

-Esa es la pregunta... De hecho, nosotros formulamos muchas en la obra, como, por ejemplo, ¿cuánto vale un hombre? Ya que el sistema nos cuantifica en función de nuestro sueldo. Hay preguntas que ponemos en juego, algunas respondemos y otras no podemos, ya que son cosas que el espectador tiene que llevarse a su casa, pensar y reflexionar sobre ellas. Nosotros no tenemos las respuestas, las tiene la sociedad, como colectivo, para hacer frente a los problemas que vivimos actualmente. Y, desde luego, quedarte en casa viendo La Sexta no es suficiente para cambiar las cosas. Hay que hacer algo diferente a lo que se está haciendo. Nuestra generación tiene cosas buenísimas pero en otras nos tenemos que sensibilizar más, sobre todo cuando tenemos un Partido Popular gobernando... La regresión democrática en cuanto derechos es tremenda;yo me quedo atónito cuando les sigo viendo los primeros en las encuestas. Y contra eso no sé qué hacer, al margen de obras como ésta, cuestionando muchas cosas: pero la respuesta la tiene la gente. Nos gustaría que el teatro mejorara el mundo pero eso solo lo pueden hacer las personas. Para nosotros es una manera de movilizar las conciencias pero sin caer en el panfleto, ya que la obra tiene muchas aristas, con temas complejos que no son blanco o negro.

“La lucha tiene que ser colectiva, si te rebelas individualmente no tienes nada que hacer”

“Nos gustaría que el teatro mejorara el mundo, pero eso solo lo pueden hacer las personas”

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