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Cómo mejorar las condiciones de un préstamo bancario

Claves y herramientas para elegir un buen producto de crédito

Jueves, 16 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Existen herramientan que facilitan la elección

Existen herramientan que facilitan la elección (cedida)

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  • Existen herramientan que facilitan la elección

Por regla general, los consumidores siempre tienen la idea preconcebida de que los bancos imponen las condiciones de sus contratos a los clientes. Esto no es del todo cierto. De hecho, en este artículo, vamos a explicarte una serie de aspectos y técnicas que te permitirán mejorar las condiciones de un préstamo.

Como ya imaginarás, no todos los clientes disponen del mismo margen o flexibilidad para negociar las condiciones en las que su banco les concede financiación. Depende de cuestiones como el perfil crediticio, el grado de vinculación favorable con el banco y, por supuesto, la buena relación que se tenga con el gestor comercial.

1.- Analiza los distintos préstamos disponibles en el mercado

Lo primero que deberías hacer es olvidarte de pedir un préstamo únicamente a tu banco de siempre. Quizá tengas suerte y sea éste el que te proponga la mejor opción. Sin embargo, el resto de entidades están deseando captar clientes y, preferiblemente, robárselos a la competencia.

Para tener una visión general de las distintas opciones que existen en el mercado, una buena opción es utilizar herramientas como el comparador de préstamos de Busconómico.

Debes prestar atención al tipo de interés, así como los requisitos que cada una de las entidades establezca para la concesión del préstamo. La TAE es, casi siempre, el factor más relevante. Sin embargo, hay muchos bancos que reducen el tipo de interés a cambio de aceptar un mayor nivel de vinculación como, por ejemplo, la domiciliación de la nómina.

2.- Acepta un mayor grado de vinculación

Existe una extendida idea preconcebida de acuerdo con la cual, los bancos ofrecen mejores condiciones a aquellos clientes que están más vinculados con su banco mediante la contratación de la hipoteca y los seguros, así como la domiciliación de la nómina y los recibos.

En realidad, esto es una verdad a medias o, más bien, una idea equivocada.

Es necesario distinguir entre la vinculación favorable al cliente y aquella que limita su margen de maniobra. Es decir, nada tiene que ver el hecho de contratar un fondo de inversión y domiciliar la nómina, con solicitar una hipoteca a 30 años.

La principal diferencia entre un caso y el otro es que el primero consiste en la aportación de activos a la entidad financiera;mientras que el segundo caso, supone la concurrencia de pasivos, o lo que es lo mismo, la adopción de una deuda con el banco. ¿Intuyes cuál es la diferencia?

Mantén bajo control el nivel de vinculación en deudas

Los productos financieros basados en la concesión de un préstamo constituyen una vinculación desfavorable con el banco. Al fin y al cabo, hemos adquirido un compromiso y estamos en deuda con la entidad. Los casos típicos son, por ejemplo, la contratación de una hipoteca de vivienda con amortización a largo plazo, los préstamos personales de gran envergadura, la deuda de la tarjeta de crédito, el adelanto de la nómina, etc.

Ese tipo de vinculación nos mantiene atados al banco y, por tanto, limita nuestra capacidad de negociación en caso de pretender solicitar un préstamo. Además, cuanto mayor sea tu nivel de endeudamiento previo, más dificultades tendrás para conseguir una nueva financiación.

Por otro lado, ten en cuenta que la contratación de otros productos que no constituyen una deuda también pueden considerarse una vinculación desfavorable. Tal es el caso, por ejemplo de la contratación de la TPV por parte de un trabajador autónomo u otro tipo de servicios cuya cancelación pueda generar bastantes molestias. Ciertamente, un buen gestor bancario debería considerar estos aspectos en clave positiva, pero no descartes encontrarte con alguien de miras estrechas.

La clave está en el grado de vinculación favorable

Por el contrario, hay otros productos y servicios financieros que el banco está encantado de proporcionar y, sin embargo, sitúan al cliente en una situación de poder.

Nos estamos refiriendo a la domiciliación de la nómina y los recibos, el uso habitual de una tarjeta de crédito, la contratación de depósitos, fondos y carteras de inversión, planes de pensiones, seguros, etc.

Cada uno de estos ejemplos mejora la posición del cliente, sin que por ello esté atado a su entidad de manera alguna.

Precisamente la idea de aprobar un préstamo para un cliente solvente y que ha contratado otros productos, resulta muy atractiva para las entidades bancarias, pues supone que, por fin, van a contar con una vinculación que no pueda romperse tan fácilmente y les aporte una posición de poder.

3.- La presentación de avales es siempre una solución a casi todos los inconvenientes

Fundamentalmente, los bancos aplican un criterio muy sencillo a la hora de conceder un préstamo. El nivel de endeudamiento del cliente respecto a sus ingresos habituales debe estar bajo control.

Por ejemplo, la cuota mensual de una hipoteca, sumada al resto de gastos habituales de un cliente no puede exceder el 35% ó el 45% de sus ingresos.

Sin embargo, si otra persona acepta responsabilizarse de tu deuda en caso de que incumplas con tus obligaciones y dicha persona cuenta con un patrimonio o recursos suficientes, es muy probable que el préstamo reciba el visto bueno por parte de la entidad bancaria.

Ten en cuenta que un aval supone la asunción de una gran responsabilidad y, bajo ningún concepto, debería abusarse de ello para faltar a tus obligaciones respecto al préstamo contratado.

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