Alfonso Santiago Director DE LAST TOUR

“Navarra y Euskadi ya tienen una inversión muy grande en continentes, ahora se debiera invertir en las personas, en los contenidos”

Viernes, 17 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alfonso Santiago, ayer en Baluarte, sede de Merkatua Pro.

Alfonso Santiago, ayer en Baluarte, sede de Merkatua Pro.

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Alfonso Santiago, ayer en Baluarte, sede de Merkatua Pro.

las claves

pamplona- Habla con el aplomo de quien tiene la espalda de curtida en cientos de conciertos y festivales. Sabe, y demuestra, que la música, toda, es cultura, y que la cultura no solo es arte sino también una industria en desarrollo capaz de generar un importante retorno económico y social.

¿Cómo se puede convencer a las instituciones navarras, anquilosadas durante muchos en formas de hacer arcaicas, de que la cultura es un industria, con un retorno y un impacto económico importante;no es solo esoa lo que le damos algo dinero cuando nos sobra?

-Creo que, seguramente, hay culpa en ambas partes. La propia profesión no ha sabido hacer valer su posición, hacerse entender o expresar el valor de lo que hace y cómo lo hace. Son profesiones en las que, a veces, hay mucho intrusismo o no se tiene la praxis necesaria. Pero también hay una parte muy importante en los propios mandatarios, que no saben leer cómo está evolucionando la sociedad y la cultura. Cuando haces cosas, muchas veces, no hace falta inventar nada, solo comunicar hacia fuera... Miras a Alemania o Francia, que es la gran referencia europea y que tiene una conexión directa con Navarra, y ves cómo han evolucionado las industrias culturales, generando un impacto mucho más alto en el PIB o, incluso, cambiando la forma de pensar del país, desarrollando sus infraestructuras. En España, el PIB de la cultura ya está por encima de las telecomunicaciones, un sector que todos consideran capital;a pesar de ello, vemos como hay industrias que vienen por detrás, golpeando, pero con un desarrollo muy bajo, y eso que las industrias culturales en España están a un desarrollo del 20% con respecto a Francia o Alemania. Creo que los políticos, lo que tiene que hacer es mirar hacia fuera, escuchar a la gente de aquí, que cada día hay mejores profesionales con ganas de trabajar y vivir de esto, y hacer unas reflexiones. Seguramente, este encuentro es muy importante para este desarrollo mental.

¿Quizá lo que nos ha faltado también es saber comunicar a la sociedad qué se hace con el dinero que recibe la cultura de las instituciones, porque muchos se echan las manos a la cabeza cuando oyen hablar de miles de euros, que realmente no son una subvención sino un inversión, ya que, en muchos casos, la propia comunidad casi recupera lo aportado en impuestos directos exclusivamente?

-La palabra subvención es muy perversa y está muy marcada en este país. Para la mayor parte de la gente tiene connotaciones negativas, parece que te hubieran dado dinero como limosna, casi como si fuera una obra social. La palabra subvención debiera desaparecer de este argot, simplemente queremos construir industrias serias. Habría que cambiarla por inversión. Y digo esto porque cuando tú inviertes esperas un retorno social, económico o de desarrollo de la ciudad. Y eso es lo que hace la cultura, en general, invertir para conseguir un retorno. Las subvenciones se daban por parte del Estado como un dinero a fondo perdido para que hicieses algo, y no se evaluaba;era un forma de repartir dinero público, o si era una caja, según sus estatutos, tenía que dar subvenciones para devolver a la sociedad una parte de lo que había recibido. Pero lo que tienen que hacer las instituciones y las cajas es invertir. Si el retorno llega, existe y es palpable, todo el mundo va a querer seguir invirtiendo.

¿Quizá cuando cambiemos subvención por inversión podremos cambiar también el paradigma de los concursos como forma de conseguir dinero público, algo que a las industrias culturales actuales no les sirve?

-Esos métodos son muy antiguos. Imagina que un Ayuntamiento dice: tengo cinco para cultura. Y formula unas reglas para que te presentes a un concurso y luego él ya verá lo que te da. Eso lo que hace es matar la mayor parte del espíritu de los proyectos y la comunicación entre el que elabora el proyecto y el que va a invertir en él. Creo que habría que cambiarlo por un sistema con, por ejemplo, un jurando abierto al que se le pudieran presentar los proyectos, explicando qué y como se va a hacer, de forma que llevase a pensar cuanto hay que invertir, si uno u ochenta. Cuando tienes proyectos muy interesantes, mueren en esa forma concursal de subvenciones, porque tiene un límite. Pero es que yo estoy proponiendo algo más interesante, que genera un valor añadido, y con eso, ¿a dónde voy? Esos sistemas de subvenciones están bien para cierto tipo de cosas que tienen que ver con la antigua forma de entender España, en la que se funcionaba basándose en cosas físicas: es decir, si yo voy a equipar algo, tienes un dinero para ello. Pero la cultura no tiene un valor en sí, un proyecto puede valer 1.000 o 700.000, pero igual es más interesante para la ciudad el de 700.000. Todos los mecanismos institucionales están hechos para que la situación sea muy cómoda para ellos y son muy antiguos. Es lo mismo que está pasando en el ámbito político con la Constitución, nos agarramos a cosas muy antiguas... porque son los que han gobernado. Pero, de los que estamos vivos, ¿cuántas personas votaron la Constitución? Solo un 30%, el resto no lo hicimos y nos tenemos que regir por ella, aunque los tiempos han cambiado. Eso no quita para que tenga que haber transparencia y vigilancia del dinero público, pero con sistemas intermedios para que se vea si interesa a la ciudad o no, y que luego pase por un visado que diga si el dinero se está utilizando bien o mal.

Aquí, y en el resto del Estado, hemos sufrido la política de apostar por grandes continentes a los que luego no se ha dotado de contenido, como el Navarra Arena, que ahora hay que abrir y desarrollar. ¿Qué podemos hacer con ello? ¿Habrá que dotarlo de presupuesto regular para programación?

-Totalmente. Pero ese es un problema muy asociado a la crisis del ladrillo y al crecimiento de España en torno al desarrollo urbano. Los políticos tenían un filón construyendo cosas porque generaba un rendimiento político, votos. Lo importante no era qué iba a pasar dentro, lo importante era construirlo, sin pensar en el día después o si esa infraestructura era adecuada para el modelo de ciudad. Se construyeron obras faraónicas sin pensar en las personas, solo en ellos mismos y en sus campañas políticas. Y la consecuencia es que ni siquiera sabes si les va a servir a las personas o lo van a utilizar. Ahora resulta que no solo no hay dinero para programarlas sino casi para mantenerlas abiertas con actividades primarias. Lo que tienen que hacer las instituciones es dejar de invertir en continentes y hacerlo en contenidos, comunidades como Navarra o Euskadi ya tienen una inversión muy grande en esos continentes, ahora debemos volcar nuestra estrategia en las personas y desarrollarlas. Hay varios retos unidos a esto. La era digital está cambiando a la gente, sus consumos, hábitos y formar de comportarse, y existe una necesidad de volver a conectarnos. Y creo que la cultura es uno de los caminos más interesantes, además del emprendimiento y el desarrollo social. Contenido, contenido y contenido. ¿Qué se puede hacer con el Navarra Arena? Yo lo tengo claro. El mayor presupuesto de los ayuntamientos, por ejemplo, está en obras y servicios, más del 50%, y basan sus programas electorales en ello, que es donde siempre ha habido un negocio añadido, subvencionando, además, a determinadas industrias. Bien, coge y deriva una parte importante de ese presupuesto a desarrollo social, cultura, igualdad, sostenibilidad, lo que te servirá para incentivar esas áreas sociales y la convivencia.

Pamplona cuenta con una escena amplia y bregada, en cuanto a espectáculos, en lo que sería el rango pequeño y medio, pero no da el salto a los grandes conciertos, por ejemplo. Hace unos cuantos años, la referencia en el norte era Donosti, y Bilbao apenas aparecía, situación a la que se le dado la vuelta. ¿Qué podemos hacer con Iruña para, por lo menos, empezar a colocarnos ahí?

-Es una pregunta compleja. Creo que ahora existe una Europa de las ciudades, es más importante Londres que Inglaterra o París que Francia. Lo que sucede en España es que hay ciudades que están catalizando esa atracción y generando más interés, como Madrid o Barcelona, aunque Bilbao tiende ahora a ser mucho más fuerte, atrayendo más eventos, desarrollo e inversión. Es difícil, pero una de las claves en las ciudades periféricas es desarrollar una identidad propia, y no ser un sucedáneo. Lo que no puedes tratar es, siendo una ciudad periférica, competir en lo que ya hacen mejor otras ciudades;tienes que hacer eventos que te den carácter, desarrollo y crecimiento. Pamplona tiene que buscar su espacio, algo en lo que sea más importante y que no pueda hacer la ciudad más gorda de su entorno. Tenéis buenas infraestructuras, Baluarte, uno de los auditorios de España, Gayarre es un teatro muy bueno... y el Navarra Arena es una buena infraestructura pero no la conocemos en funcionamiento, y también es muy ambiciosa para esta ciudad: bueno, los recintos de 8.000 personas son muy ambiciosos ahora para casi cualquier ciudad.

Buscando esa identidad, ¿veremos el Circo del Sol en Pamplona?

-Hay rumores de que va a estar, hay rumores... Sería maravilloso, estuvimos mirando las posibilidades y andamos ahí, a ver, ojalá.

Una de las claves de su conferencia ha sido el empeño en desvincular la música de un exclusivo carácter lúdico, que siempre la ha relegado al mero ocio, algo que no sucedía con la clásica, que sí tenía ese carácter culto, lo que ha derivado en que sea receptora de cuantiosas subvenciones vía orquestas, por ejemplo. ¿La pelea sigue siendo convencer de que la música, toda, es cultura y nos ayuda formar un criterio propio y nos lleva vivir experiencias únicas?

-En la cultura siempre han existido categorías, y todavía hay gente que las sigue utilizando. Hace años se decía eso de música culta, la ópera, la clásica...;y la otra era la música popular. Los propios términos, igual que el de subvención, te llevan a épocas muy pasadas. Qué sucede, que la nuestra no era culta. Yo me he dedicado al rock, y cuando empecé a hacer el Azkena hace 17 años, iba a explicarlo y me preguntaban qué hacíamos... ¡No éramos cultos! Éramos los de la música popular, y dentro de esta, lo peor, porque llevábamos camisetas negras y pelo largo. Todos esos conceptos que se superaron en ciertos países en los 80 y 90, aquí todavía los arrastramos y en ciertas instituciones están muy metidos. En los últimos años, no muchos, estoy viendo a artistas tocar en auditorios a los que antes no les dejaban entrar. Yo he ido con músicos que actuaban para 40.000 personas y no nos dejaban tocar en auditorios porque no lo consideraban música culta. En este sentido estamos avanzado mucho, y en ello tiene que ver el cambio generacional. Pero sí es cierto que existe una elite económica que sigue diferenciando entre música culta y popular;te sigue viendo solo como parte de un diversión.Cuando 1.500 personas van a ver un espectáculo de 20 euros se genera un movimiento económico muy importante y, además, ese concierto te está ayudando a transformar tu mente, a culturizarte, a evolucionar y desarrollarte. Soy positivo pero tendríamos que revisar las terminologías para que ese tipo de gente no se pudiera cobijar bajo ellas.

¿Es cierto que antes de crear el BBK Live intentó crear un gran festival en Pamplona?

-Es cierto, totalmente, que hubo un intento de presentar aquí un gran festival, porque siempre hemos tenido un gran vínculo con Pamplona, pero no el BBK Live. De todo el norte de España, después de Bilbao, la segunda ciudad más interesante para hacer música en directo es Pamplona.

“La palabra subvención habría que suprimirla y cambiarla por inversión”

“Hay rumores de que el Circo del Sol va a venir a Pamplona...;andamos ahí, ojalá”

“Los políticos no saben leer cómo están evolucionando la sociedad y la cultura”

“Los recintos de 8.000 personas, como el Navarra Arena, son muy ambiciosos casi para cualquier ciudad”