Isla Busura

¿Qué es esto?

Por Maite Esparza - Viernes, 17 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ayer fui a un parking a por el coche, sola. Es un parking grande y profundo, con unas cuantas plantas subterráneas. Bajé en ascensor y salí en la cuarta. Sólo estaban encendidos los pilotos de emergencia que indican Salida. Pulsé el interruptor y las luces se fueron encendiendo conforme me acercaba al coche. Cuando me faltaban unos metros vi que entre el maletero de mi vehículo y el capó del de atrás, en un espacio de 50 centímetros, había un hombre. De pie, solo y quieto. Y hasta dos segundos antes, había estado ahí a oscuras. Se me encoge el estómago. No hay nadie más en toda la planta. Ralentizo el paso y la cabeza se me acelera. ¿Me doy la vuelta y salgo corriendo a la calle? ¿Paso de largo a ver cómo reacciona? ¿Tengo algo contundente en el bolso? ¿Finjo que hablo por el móvil? ¿Sabrá que aquí abajo no hay cobertura? Llevo las llaves entre los dedos como me enseñaron una vez, como un puño americano. Todo esto sólo lo sé yo. El tipo ve a una mujer que se acerca con paso firme y le pregunta en tono casi amenazante “¿te molesta mi coche?”. Porque no es muy normal que esté parado donde está. Me responde nervioso “no, no, es que estoy esperando a Alberto”. ¿Alberto? Entro al coche vigilándole por el retrovisor, arranco, acelero y salgo como un Fórmula 1. En la calle respiro, no ha pasado nada. Si me hubiera violado, ¿se habría dudado de mi declaración porque al entrar al parking y verle no hui? ¿Si me hubiera quedado quieta para evitar ser golpeada, además de violada, se habría subrayado que no hubo violencia física? ¿Me habrían investigado después para comprobar si lloraba permanentemente por la calle o colgaba una foto en Facebook sonriendo? ¿De qué cojones estamos hablando?

Últimas Noticias Multimedia