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Cosmopueblita

Xabier Iraola Agirrezabala - Viernes, 17 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 21:03h

Esta semana el presidente yanqui del tupé dorado anda de aniversario al cumplirse el primer año de su victoria frente a una Hillary Clinton que no acaba de recuperarse del inesperado batacazo. Los adversarios y enemigos del locuaz inquilino de la Casa Blanca, que como imaginarán son legión, le recuerdan que su victoria está sustentada en un injusto sistema electoral ya que son cerca de tres millones de personas más quienes optaron por Hillary.

La enorme diferencia del voto republicano en los entornos rurales, 62% de Trump frente al 34% de Clinton, frente a la clara ventaja demócrata en las ciudades más importantes, 59% de Clinton frente al 35% de Trump, le fue suficiente para recabar los votos electorales de unos pocos estados, votos previstos en el complicado sistema electoral norteamericano, que acabaron de inclinar la balanza electoral en favor de Trump. Como se imaginarán este desfase entre votos reales y votos electorales impulsó un debate sobre dicho sistema electoral que, por lo que yo sé, no ha cristalizado en nada pero no quisiera dejar escapar la ocasión para abordar una serie de cuestiones que, en mi opinión, son importantes para el porvenir del mundo rural.

Comienzo diciendo que la tendencia a la concentración de la población en los entornos urbanos, ciudades y megaciudades, es creciente e imparable, elijan el nivel que elijan en el momento de hacer un diagnóstico de la situación. Según la propia ONU, mientras en el año 1950 el 30% de los habitantes de la tierra vivía en ciudades, en 2015 ya era el 54% (3.960 millones de personas) y pronostica que para el año 2030 se llegará a un 60%, lo que supondrá 5.060 millones de personas hacinadas en las ciudades y, como supondrán bien, la inmensa mayoría de esos nuevos habitantes provienen de las zonas rurales que van progresivamente vaciándose y muriéndose.

En el Estado, salvadas las distancias, también estamos viviendo una concentración de la población en las áreas urbanas con lo que se está provocando un doble fenómeno de vacío en torno a la capital del Reino, Madrid, que fagocita la vida de todas las provincias más próximas, y en las áreas costeras además de una concentración interna en cada una de las provincias en favor de la capital de cada una de ellas, es decir, los pocos habitantes que sobreviven a la aspiradora de Madrid y de la Costa, lo hacen refugiados en su pequeña capital provincial.

En este sentido, leyendo el Informe “Población y despoblación en España 2016” elaborado por la Comisión de Despoblación de la Federación Española de Municipios y Provincias, podemos observar una serie de datos que te dejan sobrecogido: el 61% de los municipios concentran sólo el 3,15% de los habitantes del país frente al 1,76 de los municipios que concentran el 12,6% de la población;el número de municipios con menos de 100 habitantes pasa de 928 en el año 2000 a 1286 en el año 2016;la mitad de los municipios españoles están en peligro de extinción;36 provincias han perdido habitantes durante el último año, destacando con descensos superiores al 1% provincias de amplia trayectoria “despobladora” como Zamora, Cuenca, Teruel, ….y para finalizar con el chorreo de datos, como muestra de la concentración interna de cada una de las provincias, decir que mientras España perdió 67.374 habitantes entre 2015 y 2016, la suma de la población de las capitales ha aumentado en 14.000 lo que significa que la sangría demográfica se ha concentrado en los municipios rurales, tal y como decía antes, municipios que ya están afectados desde años y/o décadas por acusados procesos de despoblación.

En definitiva, observamos un decremento de la población rural y su paralela concentración en las urbes y la cuestión a dirimir es si queremos seguir manteniendo esta tendencia, reforzarla y con ello vaciar aún más el interior rural del país o si por el contrario queremos afrontarla y asentar las bases para frenar esta infernal tendencia.

En el momento actual donde las cuestiones políticas se viven intensamente y los debates se tensan hasta el extremo, no faltan quienes denuncian que los actuales sistemas electorales sustentan un cierto desfase entre los votos reales y electorales y ponen como prueba de ello, el rodillo de la mayoría absoluta del PP en el Senado, basada en los senadores de las provincias rurales, la mayoría independentista en el Parlamento Catalán sustentada en los votos electorales del interior más rural o viniendo más cerca el “excesivo” peso de las cuadrillas o demarcaciones forales en los Territorios Históricos vascos. Incluso hay quien como Ciudadanos propone una reforma electoral para ir hacia un sistema más lineal que daría mayor peso a las urbes y provincias más pobladas, quitando de paso peso a las demarcaciones más rurales y con ello menos pobladas. Quizás, en el corto plazo, sea lo más interesante para sus siglas. Ahora bien, creo que a largo plazo puede ser lo peor para el conjunto del país que puede acabar por ser incapaz de afrontar los graves problemas que acarrearía un país concentrado en unas pocas zonas mientras amplios territorios quedan desertificados.

Soy consciente que el futuro de estas zonas y provincias rurales depende más de políticas integrales que abarquen impulso económico (agrario, industrial y servicios), servicios y prestaciones sociales (sanitarios, educativos, personas mayores, etc.) que de una mera cuestión electoral pero déjenme decirles que el futuro de esas zonas rurales y de sus habitantes serán aún más negro si el sistema electoral no obliga a los políticos a mirar por estas gentes y provincias chiquitinas, a impulsar políticas de desarrollo de sus territorios rurales para así, cómo no, ganarse su respaldo electoral.  

Eso sí, la cuestión electoral no debiera ser únicamente del interés de los políticos, siendo los propios ciudadanos de esas zonas rurales quienes tienen que ser conscientes de su fuerza, adoptar una actitud más proactiva y en definitiva, ser más exigentes con sus responsables políticos para, dejando inercias estériles, apoyar y/o retirar el voto en función de los resultados obtenidos.

Desde mi óptica “Cosmopueblita” (término aragonés que incorporo a mi diccionario particular), creo que no se trata de que te compren el voto si no de que no nos tomen más el pelo, que no nos abandonen y que seamos conscientes del enorme valor de nuestro voto. ¡ósea, rurales al poder!

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