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Iruña frente al espejo

Manuel Millera / Aranzadi - Viernes, 17 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 21:01h

PAMPLONA. Es el día de los muertos. De aquellos muertos de segunda o tercera división que no han sido bendecidos con la santidad de la Iglesia católica, apostólica y romana, como aquellas personas que dieron su vida a lo largo de la historia en pro de una sociedad más acorde con los lemas de la Revolución francesa;por ejemplo, los caídos republicanos.

En la Transición navarra y del estado español, hubo muchos muertxs, demasiadxs. En el proceso de la dictadura a una aparente democracia parecía evidente que las demandas de la sociedad navarra estaban muy por encima de lo que les podían y querían ofrecer. Aquellos muertxs fueron el resultado del choque indisimulado entre el poder de unas minorías protegidas por el franquismo durante 40 años y los deseos de un pueblo ansioso de justicia social.

Como si esas 2 generaciones no hubieran pasado, Navarra sobresalió como lugar de luchas obreras: Super Ser, Potasas, Girling, etc... unas huelgas que plantearon al régimen centralista una disyuntiva que parecia tener similitudes con la II República: reforma o revolución. Por ello, Navarra era y sigue siendo cuestión de estado, aunque ahora otras partes del mismo le hayan arrebatado el protagonismo. Libertad, amnistía y estatuto de autonomía, se gritaba, mientras otrxs contraponían el Amejoramiento del Fuero. El 1 de Mayo del 78 fué de una violencia inusitada, y se pidió en vano la dimisión del gobernador.

En aquel contexto, hubo un puñetazo sobre la mesa, encajado en la mandíbula de la ciudadanía de Iruña. Una agresión deliberada sobre un pueblo unido para que no se desmandara, ejecutada en el momento que ese pueblo es más sensible, en sus fiestas. El estado quiso dejar bien claro, como dice Serrat, quien manda y quien es el mandao, trayendo a Navarra su brazo más férreo, para cortar de raiz toda veleidad, tanto obrera, como vasquista. “Para esto no hicimos el 36” se decía en los privados círculos de la rancia capital. Tenían pavor a lo que ellxs llamaban “radicalismo” metiendo en esa bola, todo aquello que no comulgase con la Formación del Espíritu Nacional, asignatura obligatoria hasta la muerte del dictador.

Se estaba debatiendo en Madrid una nueva Constitución donde tanto una cuestión como la otra podrían quedar mas aquí o más allá, según aquellas negociaciones de los 7 padres de la patria, y ninguna madre. Por alguna grieta semejante a donde fue introducido un sobre en la muralla, se habían colado en este Ayto. un grupo de honestos y valientes concejales, a través de las elecciones en los 3 tercios franquistas: el familiar, el sindical y el corporativo. Hombres provenientes de las antiguas HOAC, una formación de origen cristiano, que empezó a coquetear sin disimulo con el socialismo. En efecto, en Tudela, Alsasua e Iruña se preguntaban abiertamente en parroquias, fábricas y bares: “¿Se puede ser al mismo tiempo cristiano y marxista, y además no estar loco?” (que diría Machín) Algunas personas, bastantes, decidieron que sí. Hubo teología de la Liberación en Sudamérica y curas de la ORT por la Rotxapea o Txantrea.

Los Muez, Erice, Mtez. Alegría, López Cristóbal y otros pusieron de 1967 a 1979 una semilla avanzada de municipalismo de base, aprovechando los resquicios de la Ley de Bases de Régimen Local del 45. El Ayuntamiento de Pamplona fue un pequeño reducto galo dentro de la imperial una, grande y libre España, una experiencia única en todo el estado, aprovechando la pócima mágica de las luchas y reivindicaciones populares. Algunos de los logros de aquellos “iruñako Asterix” fueron: La Cooperativa de Transporte Urbano de Pamplona (COTUP) hoy privatizada... ¿para cuando la reversión?;la ikastola municipal, con sus 3 centros ahora;el centro Andraize para educación y planificación sexual, hoy reforzada;el complejo deportivo municipal de Aranzadi, hoy ampliado con piscina cubierta;el Instituto de FP de Donapea, una cuña dentro del territorio de la Universidad privada, y ¡pásmense ustedes!... una inmobiliaria municipal, que no llegó a fructificar por la infinidad de pegas que les pusieron. Una gran idea para retomar hoy, quizá... Asimismo, renunciaron a la chistera.

Pelearon por no regalar al Opus las 113 Ha. de terreno público, vendidos al precio simbólico de una peseta el m2. Se negaron a asistir al funeral oficial por Carrero Blanco, por el que fueron suspendidos por 3 meses de sus funciones. Eran otros tiempos, claro, cuando Urralburu llevaba una ikurriña en la solapa. En Julio del 78 había un encierro en esta casa solicitando la libertad de unos detenidos y un ambiente tenso en la calle. Porque la calle era el punto de pelea entre Fraga y la sociedad, harta de imposiciones desde arriba. “Lo nuestro son errores, lo suyo son crímenes” decía Martín Villa. Y “no os importe matar” dijo un comisario, con el permiso evidente de alguien muy poderoso. Y como no les importó, lo hicieron, con el resultado que todxs conocemos y otrxs compañerxs han explicado o explicarán. Unos hechos traumáticos para Pamplona, Navarra y el conjunto de Euskalherría, tanto social como individualmente para todas las personas que los vivimos. Una demostración de cómo el estado, cuando no tiene razones aplica su brazo más violento, sin miramientos, amparado en la supuesta razón que le dan sus leyes y normativas. Cuando debería ser al revés, y modificarlas cuando no se ajustan a la realidad social.

2018 debe ser el año en que Pamplona se reencuentre con su pasado, y se mire al espejo sin miedos, ni complejos. Por todo ello, por las razones que se han dado desde el colectivo SF-78 Gogoan y por muchas más que no tenemos tiempo de explicar, votaremos a favor de esta moción y nos ponemos a disposición directa del mismo para colaborar en la manera que sea más efectiva, hasta conseguir Verdad, Justicia y Reparación. Eskerrik asko.           

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