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Juan Echanove actor

“Lo más doloroso y frío de la existencia humana es la soledad no buscada”

Una entrevista de Ana Jiménez - Sábado, 18 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

(Foto: cedida)

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las claves

pamplona- El Auditorio Baluarte se acerca hoy al poeta Francisco de Quevedo de la mano del actor Juan Echanove, que interpreta al escritor y cómo se enfrenta a la muerte. Gerardo Vera dirige la obra, escrita por José Luis Collado a partir de textos de Quevedo, con Sueños, una de sus obras más personales, como eje.

Vuelve a formar tándem con Gerardo Vera, tras Los hermanos Karamazov, y se enfrenta a Quevedo, uno de los grandes autores del Siglo de Oro. ¿Qué Sueños recoge la obra?

-El gran acierto es conseguir una triple vía de comunicación con el público. Se basa fundamentalmente en Sueños, la obra que escribe un Quevedo joven y que nos muestra un infierno que alberga todas las alegorías del ser humano en el momento en que él establece ese estudio. Por otro lado está la biografía del propio Quevedo, enormemente atractiva e intensa, sobre todo donde nos situamos: un Quevedo que no alcanza a vivir el amor y que su enfrentamiento con el poder le lleva a la muerte. Por último, está la depravación y podredumbre de un imperio en el Barroco en el siglo XVI y parte del XVII, con los reinados de Felipe III y Felipe IV, donde comprobamos que se vive en una situación en la que la opinión no es libre y la pobreza impera, mientras reyes y cortes acumulan riqueza y corrupción.

Quevedo no es un personaje nuevo para usted ya que le acompañó en una de sus primeras obras, Inmortal Quevedo, y también en la película de Alatriste. ¿Cómo lo definiría?

-Cuando participé en Inmortal Quevedo, percibí que el poeta Francisco de Quevedo me interesaba muchísimo y devoré toda su obra y biografía. Me parecía un personaje totalmente contradictorio, porque al igual que era capaz de escribir los sonetos de amor más bellos de la lengua castellana, era un misógino declarado, era un espadachín y un pendenciero, un hombre que jugaba con la ironía y sentido del humor, se reía de él, pero cuidado si alguien lo hacía en su presencia...

En Sueños interpreta a Quevedo en la etapa final de su vida, ¿cómo se enfrenta a ello, con la intensidad que desprende la situación?

-Me dejo la vida, literalmente. Son dos horas de encuentros alegóricos donde este hombre se está volviendo loco de dolor, de sufrimiento y la incomprensión a la que está sometiendo el poder. Son las últimas horas de su vida. Le comenté a Vera que podíamos comenzar recitando Parióme adrede mi madre, ¡ojalá no me pariera!, un verso romance. Y dijo que vale, pero que tenía que entrar como actor, vestido del personaje, eso sí, y en la platea, tomar la decisión de si quiero o no hacer la función. Eso no se dirige, es una cosa que tengo que sentir cada noche. Y te juro que lo siento. Ahí no interpreto, sé que tengo que empezar la función. Con todo esto lo que intentamos transmitir, y creo que muchos espectadores lo reciben, es que el compromiso con la realidad y con la verdad teatral, duele.

Definen la obra como “un tratado de corrupción”, unos términos que bien podrían ser también una definición actual del país...

-Hay dos maneras de entenderlo. Una, Quevedo es un tipo que además de gran escritor es un visionario y tiene una idea de la sociedad futura, que la transmite en gran parte de sus obras. Esa es una manera de entenderlo, pero a mí no me satisface mucho. La que me satisface es que nuestra sociedad es la que cada vez rápidamente retrocede a posiciones del Barroco. Por eso encontramos gran actualidad en lo que hacemos. Hay un momento que digo: “España está por dar un estallido. Todo se está corrompiendo”. Eso es una frase que está en los Sueños y tiene una gran actualidad. En la adaptación de Vera no existe una sola palabra que no sea de Quevedo.

¿Ve posible darle la vuelta al rumbo del país y girar hacia delante, en vez de continuar en este retroceso?

-Ahí la importancia de la cultura. El hecho cultural sirve para revertir esta situación en donde realmente el ciudadano está absolutamente utilizado, cuando no humillado. ¿Qué le permite al ciudadano cambiar las cosas, además de la papeleta cada cuatro años? La cultura. Pero el gran acierto del franquismo y de la transición fue “no hagamos un pueblo culto, no vaya a ser que se den cuenta de lo que hacemos”. Los estamentos del poder han convencido a la gente de que la cultura es un bien de lujo, para ricos, no un bien de primera necesidad.

Ahí está el IVA, recién bajado...

-No solo eso, sino que si puedes descargar una película, ¿para que vas a pagar una entrada? No se ha luchado nunca contra la copia ilegal. Creo que el teatro sobrevive, por encima de todo, porque es imposible falsificarlo y no se puede descargar. No puedes descargar un momento que vives en el teatro.

Menciona que el teatro sobrevive, haciendo una radiografía al sector, ¿en qué estado de forma se encuentra ahora?

-No está en su mejor momento. Hay mucha gente optimista que dice que se están llenando los teatros, pero hay que decir cuáles se llenan y cuáles no, qué días y tampoco es lo mismo una producción que otra. Y luego hay un 54% de ocupación, pero con todos los impuestos, las compañías al final tienen que hacer monólogos u obras de dos. Una producción como Sueños, que somos 10 actores y 7 técnicos, imagínate... Es producción nuestra, de hecho es mía con Traspasos Kultur, que se han tirado a la piscina conmigo y ahí estamos, navegando y es dificilísimo. Pero estamos muy orgullosos y sacándolo adelante, presentando un montaje de teatro nacional, una coproducción con la compañía de teatro clásico, pero somos privados.

Siguiendo con el momento actual, ¿se imagina a Quevedo enfrentándose a la ley Mordaza?

-Sí, Quevedo hubiera luchado contra la ley Mordaza aunque seguramente hoy en día, en una sociedad como la nuestra, no hubiera ido a la cárcel. También hay que reconocer los avances de alguna manera, y el absolutismo monárquico de Felipe III y Felipe IV no tiene nada que ver con nuestra imperfecta democracia.

Una democracia imperfecta que sí ha encarcelado en Catalunya a políticos catalanes, como los Jordis.

-Pero los Jordis no han sido encarcelados por sus ideas. Si a la gente se le persiguiese por sus ideas, Rufián estaría en la cárcel y está sentado en el Parlamento. Otra cosa es alentar a una rebelión. A los Jordis y a los demás se les procesa por un presunto delito cometido, por el que les van a juzgar. En todo caso, sí que me gustaría que abandonaran las cárceles antes de la campaña electoral. No me siento cómodo con nadie en la cárcel, sobre todo cuando se ha llegado a demostrar que todo lo que está pasando tiene más de delirio que de realidad. La justicia tiene que ser comprensiva hacia quienes han delirado, no creo que se puedan cebar con alguien que ha cometido una equivocación histórica.

Es muy crítico con el independentismo catalán. ¿Por qué?

-Es que han puesto en riesgo todo. He trabajado tanto en Catalunya, mi formación es catalana, tengo infinidad de amigos actores catalanes, hablo el idioma, lo escribo, lo leo... Siempre he estado enamorado y estoy enamorado de Catalunya. Y me he encontrado con un provincianismo absoluto, de alguien que por sus supuestas raíces culturales quiere no solo renegar de España, sino del proyecto europeo... ¿Pero qué cojones dicen? Me indigné y me indigna cuando veo que esas personas emplean un término en su dialéctica es que España es una dictadura y no señor.

Regresando a la obra, ¿qué papel juegan los Sueños dentro del aquel infierno personal al que se enfrentó Quevedo y al que cada uno se enfrenta, de alguna manera?

-Es un aviso para navegantes. Cuando uno ve las alegorías que circulan por el infierno, tiene que reconocerse en alguno de los niveles y verse por ahí, pensar en qué es el infierno en vida. Quevedo define el infierno como un infierno blanco, un infierno de dolor y frío. Lo más doloroso y frío de la existencia humana es la soledad no buscada, y eso es algo que puede ocurrir si uno atenta contra el espíritu que hace que los seres humanos sean de una manera o de otra.

“Es un Quevedo que no alcanza a vivir el amor y que su enfrentamiento con el poder le lleva a la muerte”

“¿Qué le permite al ciudadano cambiar las cosas, además de la papeleta cada cuatro años? La cultura”

“No se ha luchado contra la copia ilegal y creo que el teatro sobrevive porque no se puede descargar”

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