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Memorias de Lacalle

La I Feria del Libro y el Disco de Navarra acogió ayer la presentación del libro en el que el fotógrafo navarro recoge buena parte de su vida y obra fotográfica

fernando f.garayoa - Sábado, 18 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Joxe Lacalle, en su calle, Jarauta, en la que durante muchos años regentó el bar, cómo no, Lacalle.

Joxe Lacalle, en su calle, Jarauta, en la que durante muchos años regentó el bar, cómo no, Lacalle. (JAVIER BERGASA)

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  • Joxe Lacalle, en su calle, Jarauta, en la que durante muchos años regentó el bar, cómo no, Lacalle.
  • Claudio Calvo, en la manifestación del 1 de mayo de 1991. Una de las imágenes icónicas de Lacalle que ilustra la portada de su libro.
  • El Drogas, en el Anaitasuna, en septiembre de 1997.
  • Agresión durante las manifestaciones con la construcción del parking de la Plaza del Castillo.
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PAMPLONA. Pasear con Joxe Lacalle por las calles del Casco Viejo es un continuo ir y venir de saludos, paradas, risas... En lo Viejo se siente feliz, y lo Viejo lo acoge entre sus calles como si fuera un hijo. Y es que este reportero gráfico de raza es una de las personas más queridas dentro y fuera de la profesión. Sus fotos son el retrato de buena parte de la historia de Pamplona y Navarra en los últimos 30 años. Ha sido el fiel reflejo de la calle, de sus luchas, alegrías y penas. Ahora, ya jubilado, aunque nunca colgará las cámaras, ha dado a luz a su quinto hijo, como él mismo dice, que lleva por nombre Memorias de Lacalle.

¿Cómo se acercó Joxe Lacalle al mundo de la fotografía?

En el 70, cuando yo tenía 19 años, conocí a Nicolás Ardanaz;que fue el que me acercó un poquito a la fotografía. A partir de entonces empecé a estudiar por mi cuenta, con libros, por correspondencia y, por supuesto, metiéndome en el laboratorio a revelar... Así aprendí a hacer fotografía. Nicolás me daba consejos... Por ejemplo, recuerdo que cuando estaban los cerezos en flor me decía que fuera a las peñas de Etxauri, con un filtro amarillo, porque salían unas fotos preciosas. Después comencé a hacer bodas del algún familiar hasta que pasé a trabajar en Foto Herce, con el que seguí haciendo comuniones y bautizos, pero, sobre todo, íbamos a las fiestas de los pueblos, con un caballito y un toro, para que la gente se fotografiara.

Ya más que bregado en bodas, bautizos y comuniones, ¿cuándo da el salto a la fotografía de prensa?

El diario Egin nació en 1997, y a partir del 98 empecé a colaborar con ellos, a los que desinteresadamente les daba cositas para publicar. Una vez que dejé el bar (el famoso Lacalle de Jarauta), me puse un tienda de fotografía con mi mujer, y entonces me llamaron de Egin para trabajar con ellos;sería el año 87.

Esta entrada Egin fue un punto de inflexión en su vida, casi podría decirse que ésta cambió por completo.

Sí, porque me dediqué plenamente a Egin. Primero estuve dos años como autónomo y luego entré en plantilla. Súper agustísimo...

Y se convirtió en el fotógrafo del pueblo, de la calle;militante en unos tiempos muy convulsos...

Siempre me ha gustado estar al lado de las barricadas, por decirlo de alguna manera. Estar con la gente que yo veía que reclamaba cosas justas, en movimientos como Aranguren, Itoiz, los insumisos, detenciones, luchas que ha habido en la calle. Siempre me he sentido identificado con todos esos sectores del pueblo, y no lo voy a ocultar ni un pelo, porque, además, me he sentido muy querido, la gente me ha ayudado en muchas ocasiones...

Sí, porque, como bien apunta en la biografía que introduce el libro, "no sé si habrá muchos católicos que hayan comido tantas hostias como yo".

Eso es verdad. En cuanto aparecía con mi chaleco (siempre lo ha llevado), me decían: "Si estás tú por aquí, ya va a pasar algo...". Siempre me relacionaban con movidas, pero yo he hecho de todo, desde ruedas de prensa en el Gobierno hasta cultura, deportes... todo lo que se hace en un periódico. Y esa frase ya te tocaba un poco los cojones... La Policía, sobre todo en aquellos Euskal Herria Askatu, que eran de noche e iban todos encapuchados, en cuanto me veían, decían: "Ya está aquí el hijo de puta de la coleta". Era por el nombre que ellos me conocían. Y me tenía que callar, porque alguna vez que salté, se montó una gorda. A uno le dije una vez: "A palabras necias, oídos sordos;no falta el quiere sino el que puede, y ese no es tu caso". Y me piré.

Una forma de vivir la profesión que ha ido mucho más allá de la mera implicación con el trabajo. En este sentido, ¿qué ha sido la fotografía para Joxe Lacalle?

La fotografía me servido para expresar mis sentimientos con libertad... Porque esa gente luchaba por algo, y lo contaba con la foto. Me estaba calladito y hacía la fotos, aunque me llevara mil empujones: esa era mi libertad de expresión.

Consciente, además, de que en el ejercicio de esa libertad de expresión, sus fotos contaban más que cualquier artículo publicado.

Había que intentar encontrar la verdad y contarla con imágenes. La frase está muy bien dicha, una imagen vale más que mil palabras, y como alguno ha escrito en el libro, "Memorias de Lacalle está lleno de palabras".

Una trayectoria dilatada que tocó a su fin tras el cierre de Egin, profesionalmente hablando, porque la cámara nunca la ha dejado...

Como reportero gráfico, tras el cierre de Egin en el 98, intenté seguir como autónomo, haciendo cosas también para Egunkaria. Pero al final, se concentraron en una misma empresa los fotógrafos de Egin y Egunkaria y me quedé sin empleo. Eché varios curriculum, me reconocían el trabajo pero, después, siempre venía la coletilla: "Es que tú estabas en Egin". Así que no me quedó otro remedio que volver a la hostelería, en 2002, que no me disgustó, pero lo mío hubiera sido seguir en la fotografía.

Cuando ahora vuelve a la mirada a las imágenes que dan vida a su libro, ¿qué le dicen, qué siente, porque los tiempos han cambiado mucho...?

Lo que veo es falta de lucha y fuerza en la calle... Se cobra menos, hay mucho paro... ¿Por qué motivo la gente no sale a la calle? No lo sé.

Es imposible, con el archivo que atesora, quedarse solo con unas pocas fotografías, pero seguro que hay momentos e imágenes que permanecerán para siempre en su recuerdo, como la que ilustra la portada de libro, que ya es todo un icono.

Esa foto la saqué un 1 de mayo de 1991, cuando estaban cantando el Eusko Gudariak o la Internacional, no recuerdo bien. Y vi a ese hombre, como levanta el puño, a través del tele, con esa fuerza, y dices: "¡Hostia, como lo siente, qué bárbaro!". Otra de las que recuerdo fue en Aranguren. La primera paliza que les meten allí... Tenía un compañero al lado la que le tuve que dar un empujón para que reaccionara, por que estaba alucinado con lo que veía, ya que estaban cargando a pelotazos a dos metros de la gente. Eran momentos en que tenías que hacer la foto como podías, y algunas salían un poco desenfocadas, pero es que entonces no teníamos autofocus y no te daba tiempo a cambiar el obturador, el diafragma o ponerte a enfocar. Eran segundos de una tensión terrible;de aquellos palizones que le metían a toda esa gente mayor me acuerdo muchísimo. O la lucha de los insumisos... Recuerdo que me llamaron, el Día de las Fuerzas Armadas, para que fuera al cuartel de Aizoáin porque iba a pasar algo. Una vez allí, aluciné cómo la Guardia Civil y los militares les enseñaban a los niños a manejar armas... Y de repente aparecieron unos antimilitaristas, echando unos papeles... y nos detienen a todos. Yo saqué un carnet que tenía de la Asociación Nacional de Reporteros Gráficos de Prensa y me dejaron ir para casa. Pero los demás se quedaron allí detenidos. A Mikel Castillo también lo tengo en el recuerdo y aparece en el libro. Era muy chiquero, una buenísima persona, y siempre estaba con mis hijos aúpa. Aquel 18 de septiembre del 90, me llamaron y me dijeron que fuera para lo viejo porque había muerto un chaval de un tiro, y conforme llegaba vi como pegaban carteles de "Mikel Castillo muerto". Aquello fue un sopapo terrible para mí. Yo no soy quien para juzgar los hechos, pero me pareció terrible que aquel chaval moriría así.

Pero no solo de lucha han vivido las fotos de Joxe Lacalle, también ha paseado sus cámaras por la fiesta, los conciertos...

La fiesta la he vivido mucho, por suerte no me gusta el alcohol, pero es que en lo viejo la he gozado, conozco un montón de gente que me ha querido. Y en la fiesta también he reflejado la reivindicación. Lo único que no he hecho, solo una vez, en el 88, han sido las corridas de toros. Toreaba Espartaco y en el primer toro me fui, no podía aguantar. No soporto el maltrato animal. Los encierros sí hacía, porque a mí no me parecen lo mismo. Además, también me parecía una fiesta muy española.

Claro, y con los años llegó la revolución digital, ¡menudo cambio!

Una burrada. Antes no regíamos por el grano, y según el que tuviera utilizábamos un papel u otro para corregir. Ahora todo va por pixeles.

Con tantos años de fotografía a la espalda, ¿cómo ha sido el trabajo de seleccionar las fotos para este libro?

Yo tengo los álbumes organizados por temas y numerados desde el principio, he sido bastante ordenado. Así que fui repasando, eligiendo los negativos y lavándolos con champú de bebés, que no tiene ph. Mi pobre mujer estaba harta porque le he llenado el baño de negativos (risas). Una vez lavados, he escaneado las fotos elegidas y ordenado de nuevo por temas, con paciencia.

¿Qué es para Joxe Lacalle este libro?

Es la ilusión de mi vida, mi quinto hijo... El otro día en la imprenta casi se me caían las lágrimas. Mi ilusión era hacer un libro con todo eso que tenía, y lo he conseguido. Pero no esperaba tanta respuesta... Y ahora me estoy poniendo un poco tontorronito (calla, y deja que una lagrimilla asome). Le prometí a Mikel Soto (editor) que, aunque no bebo, hoy (por ayer, día de la presentación oficial) me tomaré una copita de vino, y es que todos en Txalaparta me han ayudado un montón, y soy consciente de la brasa que les he dado (risas).

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