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Por Teobaldos - Sábado, 18 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Homenaje a José María Goicoechea (Bera 1924-Santander 2017)

Intérpretes: Carlota de Miguel, piano. Elisa López, clarinete. Anna Siwek, violín. X. Relats, flauta. J.M. Crespo, oboe. J. Lozano, fagot. J. Cano, trompa. Solistas de la Coral de Cámara de Pamplona, director D. Gálvez. Programa monográfico del P. Goicoechea: Evocaciones. Variaciones sobre un tema de Makildantza de Bera. Lirismos truncados. Soliloquios para clarinete. Desencadenada para violín. Blanco Lirio y Arga, para cuarteto vocal. Adialogías y Quinteto 1924-3-2 para quinteto de viento. Programación: Fundación Baluarte. Lugar: sala de cámara. Fecha: 14 de noviembre de 2017. Público: media entrada (12 euros). Incidencias: presentación del gerente del Balauarte, Sr. Palomero y de la compositora T. Catalán.

Al Padre Goicoechea era muy fácil quererle. A su música, no tanto. Una rara avis en la composición, era, también, un verso suelto tanto teológica, como musicalmente. Los testimonios recogidos por la Fundación Ars Incognita y Javier Ecay, se refieren al hombre humilde que quiere aprender durante toda su vida de los grandes maestros -Carducci, Donatoni, Remacha…-, al pedagogo y suministrador de Trujamanes (Falla);al compositor siempre en vanguardia, con más de noventa años. Podía, el Padre Goicoechea, haberse acomodado a una tonalidad más amable, con la excusa de la liturgia;pero prefirió el camino más arduo, el de la creación a partir de un método propio. Un método que, según él decía, daba cabida a todos los estilos. Lo hemos comprobado en el concierto que hoy nos ocupa: un bien elegido muestrario de música de cámara. No hay que ocultar que el corpus compositivo fundamental del maestro redentorista es arduo de escuchar en una primera audición;pero menos de lo que parece. Quizás, contradictoriamente a su gran labor de tratamiento de la voz, -tanto en solistas como en coro-, lo más arduo sea lo vocal, concretamente en los dos cuartetos vocales hoy programados: su Blanco Lirio, un villancico, somete al cuarteto a unas disonancias que distan mucho de ser una amable nana, aunque hable de dormir al niño. Y en Arga, más descriptiva, aunque se entienda mejor, con sus onomatopeyas de viento y susurro y correr del agua, es de igual dificultad técnica en su ejecución, muy difícil de afinar, -hay que tener el diapasón mano-.

Sin embargo, las tres piezas para piano que abrían el programa, arrancan en una amable atmósfera tonal -Evocaciones-;con citas del folklore vasco -Variaciones sobre Makildantza de Bera-;y, también, cómo no, con innovaciones, como la percusión de una madera sobre el atril del piano. Pero todo de una muy agradable audición;ayudada, claro está, por la excelente pianista Carlota de Miguel. El soliloquio para clarinete,fue otro agradable encuentro con la música de Goicoechea: dentro de sus saltos extremos de tesitura, la clarinetista Elisa López siempre sirvió un sonido muy hermoso, y un fraseo impecable que movía la música, del matiz piano al fuerte, con homogeneidad, con sonidos bellamente despeñados, a veces de lengüetería, otras casi humanos. El sólo de violín, también en la línea de extremos sonoros, se me hizo más violento, como el título: Desencadenada. El quinteto de viento es una formación de cámara muy atractiva en origen, y, aquí, se le saca partido. En Adialogías y Quinteto 1924,3,2, el común de los oyentes, llegamos a analizar el intríngulis compositivo, esos comienzos fugados que se interrumpen y comienzan continuamente;pero sí que apreciamos el estilo de estilos del P. Goicoechea, desde el desahogo tonal de una trompa heroica o de caza, hasta los chocantes entrelazados de instrumentos y sus deslizamientos sonoros. Otro tanto importante de la programación del Baluarte.