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Otoño y deporte instalados en el corazón de Los Llanos

por Bittor Arbizu - Sábado, 18 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Cuando tuve por primera noticia de la Batalla de Valdejunquera en tierras de Muez/Muetz (Gesalatz) me impresionó, ya que el hecho de que desde Antzuola (Gipuzkoa) acudiesen en ayuda de los locales para hacer frente a las tropas musulmanas adquiría aires de leyenda. En sí fue una batalla de relevancia. No es fácil imaginar los desplazamientos en aquellos difíciles tiempos, por mucho que las caballerías tomasen caminos de montaña que acortasen los recorridos. La razón de la ayuda podríamos buscarla en la ligazón entre familias y linajes del Viejo Reino, que acudirían a la petición de auxilio. Recientemente conversando con un vecino de la Cuenca de Iruña/Pamplona me comentaba que a la batalla de Orreaga no sólo acudirían a auxiliar los de la zona, sino también de Gipuzkoa e incluso de Bizkaia, ya que pudieron acudir los Banu Qasi de Tudela, aunque todo esto sean opiniones personales.

Hace tiempo que tenía pendiente visitar Muez, entre otras cosas para visitar un compañero de hace años. Además el ser escenario de la famosa Batalla de Valdejunquera lo hace curioso, aunque hay teorías que la sitúan en la homónima localidad de Mues en la Berrueza.

La visita fue gratificante. La iglesia tiene un claro aire de iglesia-fortaleza, con una torre adjunta hexagonal de cúpula semiesférica. Inmediatamente enfrente está la casa torre denominada Casa del Conde. El bonito frontón está decorado con curiosos pajaricos que le dan un aire alegre.

La transcripción de una lápida funeraria romana dedicada a dos soldados de la II Legión Augusta de hace dos milenios nos recuerda la presencia romana.

Pero lo más llamativo fue llegar hasta la ermita de San Migel donde una placa en euskera indica lo siguiente, “Antzuolako ausarten omenez, 920 urteko uztailan Muetzera etorri zirenak, askatasunaren eta bakearen alde borrokatzera”, es decir: “en homenaje a los valientes que en julio del año 920 vinieron a Muetz a luchar por la libertad y la paz”.

Tiene un claro aire de iglesia fortaleza , con torre hexagonal y cúpula semiesférica

Y desde allí nuestro amigo nos mostró la amplia extensión del antiguo Valdejunquera, antes con abundantes juncos y fresnos, de ahí el nombre, protegido en la lejanía por el monte Elimendi, que entiendo que viene de Elizmendi, es decir El Monte de la Iglesia. No lejos de él está el arroyo denominado Eliza.

En líneas generales la batalla tuvo lugar entre las tropas de Sancho Garcés I, hijo de García, el Vascón, como le denominaban los musulmanes, con ayuda del rey de León, contra las de Abderramán III, que desde Córdoba pasando por Araba había llegado a dicho lugar, venciendo en la batalla.

Detalle preciso de las crónicas de la batalla las podéis encontrar en el interesante trabajo Revisión de la campaña de Muez. Año 920 de Alfredo Cañada donde se recogen las versiones de ambos bandos.

Volviendo a la localidad, resulta bonita y acogedora, como acogedor fue mi compañero de años atrás, con quién en su día comentáramos vocablos en euskera que quedaban en el habla local.

Lo mismo podemos decir de los nombres de lugar de la zona: Zabalekoa (La Zona Ancha), Ubidea El Canal, y otros haciendo referencia a la vegetación, como Arizdia (Robledal), Zumadia, Txarakadia, Arizulo... y el sugerente Zaldunbide, es decir: Camino de los Caballeros’, hoy un camino más, pero que mantiene historia.

En fin, un pequeño y bonito pueblo que guarda la transmisión oral, leyenda e historia entre sus recias piedras. Gure historia gordetzen duten herri hauek bisitatzea merezi du!

las claves

eSTELLA-LIZARRA. El otoñó está instalado plenamente en Tierra Estella como se puede ver por la alfombra de hojas que cubre el suelo del parque de Los Llanos de la Vieja Lizarra. En este atractivo paraje al lado del río Ega que pasa al fondo de la fotografía alguien ha instalado en una gruesa rama de un platanero unas anillas con las que practicar gimnasia en los días de frío. Deporte en plena naturaleza y en el corazón de la ciudad, ése parece el espíritu que destaca en esta improvisada iniciativa.Foto: Javier Arizaleta