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Ciga, pintor del escudo de la bandera de Navarra

Al hilo de la concesión de la medalla de Navarra a Campión, Olóriz y Altadill hay aspectos no conocidos, como que fue Ciga el que pintó el escudo de esa primera bandera o que fue el mismo Ciga quién realizo los magistrales retratos de Campión y Oloriz.

Un reportaje de Pello Fernández Oyaregui - Domingo, 19 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Retrato de Arturo Campión, 1951.

Retrato de Arturo Campión, 1951. (Museo de Navarra)

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  • Retrato de Arturo Campión, 1951.
  • Retrato de Hermilio Olóriz, 1936.

Javier Ciga, nacido en Iruña en 1877, fue una generación más joven que los grandes intelectuales y euskaltzales Arturo Campión, Hermilio Olóriz y Julio Altadill. Sintió gran admiración por ellos y a pesar de la diferencia de edad, mantuvieron una sólida amistad y un mismo objetivo al trabajar desde distintas disciplinas en la reafirmación de las esencias vascas de Navarra y en el afán por la recuperación de su lengua y cultura. Dieron así continuidad a aquella Asociación Euskara, de la cual los dos primeros fueron fundadores, lo que supuso un auténtico y nuevo “Renacimiento Vasco” en Navarra.

El 22 de enero de 1910 la Diputación Foral, eligió un modelo según los estudios propuestos por los historiadores mencionados, a los cuales previamente se les había encargado el diseño. El 15 de julio se aprobó en sesión plenaria el modelo de bandera y escudo, así como las festividades en las que debía ondear. Se definió que la bandera fuera en tela roja, con las cadenas del escudo de Navarra bordadas o pintadas de oro en el centro y sobre ellas, la corona real más la esmeralda que forma parte de dicho escudo en el centro de las cadenas.

Así pues, fue Javier Ciga el que pintó el escudo en la primera bandera de Navarra, que fue izada por primera vez el 16 de julio de 1910, conmemorando así el 698 aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa. Más tarde, este escudo fue sustituido por otro bordado.

Podemos concluir que el amor que Ciga sintió por Navarra está presente a lo largo de toda su obra, además de la primera bandera mencionada, hizo otra gran contribución a la historia de Navarra que es poco conocida, como fue el diseño del arca (urna funeraria) de 1915, para contener los restos mortales de los reyes de Navarra, tal y como se conserva en la actualidad en el monasterio de Leyre.

Los retratos Ciga realizó magistrales retratos de Campión y de Olóriz con los cuales compartió amistad y afinidad ideológica, legándonos así un estudio de la figura física y psicológica de ambos.

El retrato de Don Arturo Campión, del cual hizo tres versiones a lo largo de su carrera pictórica, se enmarca en un paisaje de tintes románticos, aparece sentado y ladeado, volviendo la cabeza hacia el frente. Destaca la buena factura y la perfección formal de rostro y manos, de gran finura, realismo y perfección, con un excelente contraste de luces y sombras que acentúan los pliegues faciales individualizando el rostro y deteniéndose en detalles como el grosor de los cristales de las gafas, que indican los problemas visuales que padeció el retratado. En una mano porta un libro, símbolo de su gran labor intelectual y sabiduría que también queda reflejada en su semblante de aspecto bonachón y en el bastón o makila, símbolo de su ancianidad y autoridad moral. El libro, con lomo de piel e incrustaciones en oro, no es uno cualquiera, sino que da la clave de su producción historiográfica, y no podía ser otro que los Anales del Reino de Navarra, escrita por el primer y gran cronista de la Historia de Navarra, el Padre Moret, en la que se narra la grandeza del reino desde sus orígenes vascones hasta la pérdida de su independencia en 1512.

La obra es rica en contrastes, Don Arturo Campión lleva camisa blanca y traje negro con gabán azul oscuro a modo de capa. Las grandes matizaciones de color contribuyen a dar volumetría al personaje. La iluminación nocturna del fondo contrasta con la luz intensa de cara y manos. La figura queda enmarcada por un paisaje misterioso, romántico, hecho a base de azules, verdes, malvas y colores violáceos. Sobre una sugerente luz crepuscular emerge la figura, bajo un árbol de ramaje hecho a base de pincelada suelta y mancha de color.

Tenemos que tener en cuenta que Arturo Campión, fue uno de los más grandes intelectuales de la Navarra de entresiglos: polígrafo, escritor, literato, historiador, investigador, lingüista, político -concejal de Pamplona y diputado a Cortes-, licenciado en derecho, presidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, presidente de Eusko Ikaskuntza, fundador de la Asociación Euskara.

Como político, trabajó incesantemente por Navarra y por la creación de un estado Vasco Navarro, cuya expresión verbal sería su lengua, que consideraba una joya de incalculable valor a la que había que proteger por estar en trance de desaparición, además de ser la esencia del pueblo euskaldun. En el ocaso de su vida en 1932, decía así: “La lengua milenaria de la raza se ve atacada por personas que llevan sangre vasca en sus venas… Sepan los cultos de inteligencia intoxicada y los pseudocultos que reciben consignas sin entenderlas, que las naciones cultas conservan, extienden, cultivan, embellecen y hermosean sus idiomas vernáculos, y que sólo los pueblos salvajes los desdeñan y olvidan”. Al hilo de todo ello, solía repetir incesantemente: “los peores enemigos de los navarros, son los mismos navarros”.

Uno de los últimos cuadros que pintó Ciga hacia el año 1936 antes de ser encarcelado, fue el Retrato de D. Hermilio Olóriz. Fue miembro de la Asociación Euskara, gran defensor de la unión entre fuerismo y vasquismo, autor, de la célebre Cartilla Foral o el famoso alegato poético en clave patriótica A Castilla, donde se loaba la independencia del viejo reino. Tomás de Ascárate en su necrológica, lo definió como “insigne patriota que consagró a Navarra su vida entera […] príncipe indiscutible de todos los poetas navarros”. Tampoco escatimó elogios Arturo Campión: “Navarra es un pueblo de héroes, y al cantar el heroísmo, rasgo saliente del carácter navarro, es Olóriz, poeta nacional y lengua de fuego puesta en la boca de nuestro secular heroísmo mudo”.

Muy grato le resultó a Ciga, este encargo de su admirado amigo, que había fallecido en 1919 y al que se sentía unido afectiva e ideológicamente. Sobre un fondo neutro y oscuro, emerge la efigie del retratado de gran parecido con el natural, destacando la viveza e inteligencia que fue tan bien captada. Aunque el retrato fue realizado post mórtem a partir de una fotografía, nuestro pintor conoció perfectamente al retratado y esto sin duda, redundó en una mayor calidad del mismo.

Estos autores aunque en sus escritos se refieran a la raza vasca, término utilizado en su tiempo, lo hacen desde un estricto sentido, que se refiere a la comunidad cultural, lingüística, histórica, es decir al concepto actual de etnia.

Ciga que era partícipe de estos ideales, puso la nota artística en la primera bandera de Navarra, y nos legó sus magníficos retratos de estos prohombres. Todos ellos grandes nombres de esta “Hora Navarra”, que defendieron con pasión y amor a su Viejo Reino, como esencia y eje vertebrador de ese estado vascón.El autor es catedrático de Historia del Arte de Enseñanza Secundaria y Presidente de la Fundación Ciga

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