Rafael Argullol escritor y filósofo

“La apología de la incultura que hay en España no la encuentro en ningún país del mundo”

Una entrevista de Paula Etxeberria Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 19 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Rafael Argullol, retratado en su reciente visita a Pamplona, adonde vino invitado por el Foro Auzolan.

Rafael Argullol, retratado en su reciente visita a Pamplona, adonde vino invitado por el Foro Auzolan. (Iñaki Porto)

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Rafael Argullol, retratado en su reciente visita a Pamplona, adonde vino invitado por el Foro Auzolan.

las claves

pamplona- Después de haber publicado más de 30 libros, sintió la necesidad de experimentar otra vez su relación con la escritura…

-Sí, en este caso fue un experimento radical, porque desde el primer momento lo que me propuse fue escribir un libro durante tres años en el cual hubiera un poema o un texto escrito cada día. Lo planteé como un experimento, casi como un juego al principio, pero con el transcurso del tiempo y de los años el experimento se fue convirtiendo en un ejercicio cada vez más complejo, que requería cada vez más mis energías, y al final me absorbió por completo, claro está.

Fue un reto mental y físico.

-Sí, el experimento era mental, literario, y también físico porque el desafío era escribir en cualquier condición, estuviera en un lugar u otro, en una hora del día u otra, sano o enfermo… Quería que las sensaciones del día me impregnaran y que la escritura fuera el fruto de esa impregnación.

¿Y resulta más complejo escribir en medio de la dificultad o en un día en que aparentemente no pasa nada? ¿O no existen para el poeta los días grises y anodinos?

-Bueno, siempre pasa algo, aunque sea en el subsuelo de ti mismo o en el otro extremo del mundo. Siempre puedes fantasear con algo, imaginar algo, pero evidentemente los días en que ocurre algo diríamos muy fuerte para la experiencia, tienes más materia prima para el texto.

Leyendo ‘Poema’ uno se queda con la certeza de que ha vivido mucho, interior y exteriormente.

-Bueno, procuro vivir mucho siempre que puedo;es decir, estar abierto a las experiencias del mundo. Procuro no ir nunca en el tren de vuelta, ir siempre en el tren de ida. No forma parte de mi talante el creer que estoy de vuelta, ni forma parte de mi talante la nostalgia, creer que ha habido tiempos pasados que han sido mejores o que los tiempos buenos ya han pasado, con lo cual al eliminar esto mi actitud es de exploración, de apertura hacia lo que tenga que suceder.

Como dice en uno de los textos, aunque se sea viejo, aprendiz…

-Supongo que sí. No me considero viejo. Cuando sea viejo continuaré aprendiendo (sonríe).

¿Cómo sabe un escritor que un texto está acabado, que tiene la entidad de definitivo?

-En un sentido estricto no lo sabe nunca, de la misma manera que un pintor nunca sabe cuándo está completamente acabada una pintura. De hecho, casi es un decreto, tú acabas un texto por decreto, y por eso la última línea es siempre la más arbitraria y la más difícil de poner. En este libro, como el ritmo de escritura que yo mismo me exigía era un ritmo marcado por los días, evidentemente aceptaba ese criterio de arbitrariedad que significa poner la última línea cada día, con lo cual cada día incurría en eso.

No es un libro de poemas al uso, es mucho más amplio y transversal. ¿Qué es la poesía para usted?

-Yo estoy muy en contra de la distinción de géneros habituales. Para mí lo poético es lo que en cierto modo roza lo inexpresable, roza el silencio, y en este libro he querido desmitificar la idea de que la poesía es algo con un lenguaje retorcido, muy retórico, muy ficcional, que me parece que aleja al lector de lo poético, y he ido a una visión del poema que se acerca mucho más al lenguaje cotidiano que utilizamos los humanos. De la poesía lo más importante es que sea una autointerrogación auténtica, es decir, que te digas la verdad, que te interrogues a partir de esa verdad, eso como punto de partida;y como punto de llegada, que te encuentres lectores que te digan: me he sentido muy cómplice con lo que he leído en un momento determinado en tu libro.

La belleza está muy presente en Poema...

-Está presente en un sentido no solo estético sino extraestético. Para mí la belleza no es solo una cosa bonita en el sentido tradicional del término, sino la posibilidad de sentirnos conciliados o reconciliados en un determinado momento o determinada situación, con un paisaje, con una obra… Es decir, una sensación de plenitud.

¿Y el arte?

-Está muy presente porque ha sido una de las pasiones de mi vida, junto con el viaje. Al arte he recurrido y he vuelto siempre. Pero en este libro no está presente de manera erudita, sino como medio para expresar la experiencia de la vida.

¿La incertidumbre vital es el motor de la poesía, de la escritura?

-Sí, yo diría que sí. La incertidumbre es el motor de todo para todos, porque estamos siempre sumidos en incertidumbre. Pero la conciencia de esta incertidumbre es la piedra angular de la escritura, de la literatura. La literatura no deja de ser una especie de antídoto o de respuesta provisional siempre a esa sensación de incertidumbre.

En algunos textos refleja la anestesia que tenemos ante las noticias trágicas, que son ya una rutina…

-El libro recoge elementos que son propios de la actualidad, y cuando los recoge les intenta dar la singularidad propia. Porque si nosotros hablamos por ejemplo de los dolores de la humanidad, estamos hablando de una abstracción, es una cosa anestésica;si nosotros sin embargo estamos en contacto con el dolor individual, entonces es otra cosa, es una dimensión descriptible. Lo que ocurre en nuestro mundo a través de los medios de comunicación, de las tecnologías, etcétera, es que tanto los placeres como los dolores se han convertido en algo fabricado en serie, y en ese sentido pierden sus rasgos individualizados y por tanto pierden su personalidad y su capacidad de conmoción.

En uno de los textos dice: “En aquellos tiempos la vida era dura y el amor, auténtico”. ¿Hoy no?

-Bueno, lo digo en una historia que cuento de marineros en otra época. Sí, yo creo que la vida es dura, pero le tenemos miedo a esa dureza;y el amor existe, pero le tenemos miedo a esta existencia.

Y con miedo, como dice en su libro, no se vive.

-Con miedo se sobrevive, no se vive.

Usted mira atrás y, ¿ve que ha vivido sin miedo?

-Yo miro poco atrás. Cuando miro atrás lo hago a través de los libros, a través de la evocación literaria, pero en mi vida personal procuro mirar muy poco atrás, procuro avanzar, y para avanzar, puede parecer presuntuoso, pero hay que vivir sin miedo.

¿Cree que en estos tiempos la sensibilidad se comprende y se ve correspondida?

-Yo creo que las proporciones de inteligencia y las proporciones de sensibilidad siempre son las mismas en cada generación, lo que ocurre es que se presentan bajo distintas máscaras, con distintas actitudes. Pero yo, y por eso no soy nostálgico, nunca me atrevería a decir que la humanidad de hace una generación era más sensible y más inteligente que la de ahora, ni me atrevería a decir que la de ahora será más sensible que la próxima que venga. Yo creo que es muy estable, y de hecho la historia de la literatura y la historia de la filosofía nos demuestran esta estabilidad. Los grandes interrogantes y los grandes temas que nos planteamos hoy día estaban planteados hace 1.500, 2.000 años, lo que ocurre es que van adquiriendo en cada época distintas formas Yo he encontrado páginas de Séneca y de Cicerón escritas hace 2.000 años que parece que hablan de hoy, acusando a la juventud de apática, de que no pensaba, acusando a los políticos de corruptos… Todo lo que surge hoy había surgido ya. Esto para bien y para mal. Por un lado nos consuela, pero por otro nos da la certeza de que no tropezamos dos veces, sino infinitud de veces en la misma piedra.

Como profesor de Filosofía e Historia del Arte, ¿cómo ve que el sistema educativo margine estas materias y lo relacionado con la creatividad y el pensamiento crítico?

-Bueno, hay dos respuesta para esto: una la respuesta tópica y la más fácil, que es que estamos en manos de políticos incapaces que planifican planes de estudios desastrosos;pero la verdadera es que vivimos en una sociedad tan totalmente ajena a lo cultural, a lo sensible, que sería un milagro que hubiera una gran escuela en España. Si uno escucha las conversaciones que hay en el autobús, o en los restaurantes, difícilmente puede quejarse de la educación que hay en España. Criticamos mucho a los maestros y a la escuela, pero yo creo que es mucho peor la media de la sociedad española que la escuela y los maestros. Y con una sociedad así, que no tiene ninguna ambición cultural, ninguna ambición para educarse… Es gracioso cuando sale la transcripción de estos pinchazos de la Policía en que hablan políticos: no solamente es horrible el fondo, la corrupción, sino que es horrible la forma. ¿Te has fijado el lenguaje que utilizan? Todo da por el culo, esta hija de puta, este cabrón… el lenguaje es de cloaca. Por tanto, si el fondo es de cloaca y el lenguaje es de cloaca, y estos dirigen, y son un espejo del lenguaje que utiliza gran parte de la sociedad... La culpa está en las casas, no en las escuelas. El español medio, como él mismo no está preocupado por su calidad, ¿cómo va a estar preocupado por la calidad de la educación de sus hijos? Si es cierto que, como dicen la estadísticas, un español medio mira seis horas de televisión al día, y presumo que esta televisión es Telecinco o algo parecido, ¿cómo va a preocuparse de la calidad de la educación de sus hijos? No le interesa. Lo que le interesa es que tengan ocupados a sus hijos en las escuelas.

Qué triste.

-No, es un problema de que casi nunca hay autocrítica por parte de la sociedad. Hay una tendencia muy repetida aquí que es delegar las cosas, en primer lugar en los políticos, que son los primeros que se prestan gustosamente, que son los monigotes del pim pam pum de nuestra sociedad, y otra cabeza de turco habitual son los maestros de escuela. Pero la auténtica reflexión sería hacer una autocrítica radical de lo que tú haces. Y de ahí nacería todo. Nacerían otros políticos y nacería otro sistema educativo.

Parece que estamos lejos...

-Mira, yo no veo nunca a un español leyendo un libro. No solamente eso, sino que no veo a un español con un libro en la mano. Cuando lo veo, me restriego los ojos pensando que es un milagro. La brutalidad empieza en ese no libro que no hay en las manos de los españoles. Cuando hubo el boom económico, la gente tenía dinero y fácil, aparentemente. El parque de coches de lujo, de todoterrenos, era inmenso. ¿Aumentaron al mismo ritmo las bibliotecas de las casas? De ninguna manera. Pues esta es la explicación de todo. La explicación de todo no son ni los políticos ni los maestros.

¿Y cómo se sobrevive en este mundo si uno no es así, si es amante de la cultura, si es sensible y lo cultiva?

-Intentando ser un ciudadano del mundo. Es decir, intentando no ser patriota de la ignorancia. Por tanto, si en España no hay una simpatía especial por la cultura, por eso yo me he declarado ciudadano del mundo, he sido en parte francés, en parte italiano… no he tenido fronteras. Y esa es una de las ventajas del mundo actual. Hay desventajas, pero una ventaja es que un joven con aspiraciones y con sensibilidades puede buscarse la vida en el mundo. Me puedes decir que tiene algo de triste tener que irse del pueblo o de la ciudad, sí, pero ya volverá por vacaciones. Lo importante es que se busque el mundo independientemente de las fronteras.

¿En qué lugares ha encontrado usted esa sintonía, ese interés real por la cultura y la sensibilidad?

-Aunque el problema es bastante general en un mundo en que las nuevas tecnologías han arruinado bastante la vida de los libros, la apología de la incultura que hay en España yo no la he encontrado en ningún país del mundo. En Europa por supuesto no la hay, en Francia, Alemania, Italia, Inglaterra. Pero tú vas a Latinoamérica e incluso entre las clases desfavorecidas la palabra cultura es una palabra llena de respeto. La respetan, quizá no la tienen en ese momento pero aspiran a que sus hijos la tengan. El único país que conozco en que la palabra cultura no merece ningún respeto ni hay ninguna aspiración por parte de los padres de que sus hijos sean cultos es España. Deberíamos ver por qué sucede esto. España es un país donde siempre históricamente ha fracasado cualquier intento de proyecto ilustrado. Quedó truncado en el Renacimiento, en el siglo XVIII, el del siglo XX por la Guerra Civil y el proyecto ilustrado que parecía que iba apareciendo tras la muerte de Franco, en los años 80 y 90, con una cierta potencia, con la especie de contrarreforma que hubo también quedó truncado.

Por todo esto habla en Poema del ser apátrida o, mejor, anacoreta...

-Bueno, para mí la patria no es tanto donde se nace sino lo que tú vas eligiendo a lo largo de la vida, por tanto, la patria es tu elección. Y desde el punto de vista que estamos hablando, considero más patria la cultura europea que ninguna de las tierras que habitualmente se atribuye la palabra patria. Los territorios, me refiero.

De haber continuado en este 2017 el experimento literario de Poema, ¿qué habría escrito del conflicto del independentismo catalán?

-Esto no puedo responderlo ahora. Es un tema demasiado complejo para haber sido pasto del maniqueísmo y del blanco y negro que ha sido pasto. Por tanto, para contestarle a esta pregunta necesitaría hacer una nueva entrevista, y mucho más larga que ésta, para introducir matices, para introducir los distintos colores que hay en la paleta entre una cosa y otra, para introducir lo que yo pude vivir en la infancia, y lo que pude vivir después… Es algo tan complejo y que se ha tratado de una manera tan brutalmente simplista, que no le puedo contestar.

En su libro se recrea a menudo en el atractivo de una libélula, una mariposa, un pájaro carpintero… ¿qué le aporta la naturaleza?

-Mira, la naturaleza aporta de entrada una cosa muy interesante que es que cuando estás cansado de los seres humanos, te hace descansar de ellos. Eso por u lado. Y por otro lado, te aporta una conexión muy inmediata y muy sencilla con lo universal, con lo cósmico. A veces de la manera más humilde. Yo por ejemplo tengo debilidad por las libélulas, salen en tres o cuatro poemas del libro;me parece un animal de una elegancia y de una delicadeza extraordinarias, que de alguna manera te hace sentir lo mejor de ti mismo. Y las estrellas... te pueden dar un cierto toque de distancia y de frialdad, pero cuando te familiarizas con ellas te dan también una serenidad, un sentirte parte del todo, y eso es muy de agradecer.

Como se desprende de su libro, morimos y nacemos muchas veces. ¿Qué le hace resucitar a Rafael Argullol?

-Una ilusión. Generalmente morimos espiritualmente por falta de ilusiones, o por decepciones, y resucitamos cuando aparece en el horizonte una ilusión que tira de nosotros.

Después de los 1.095 textos de Poema, ¿le quedaron ganas de seguir escribiendo?

-Estuve unos meses sin escribir, estaba agotado;pero, sí, me quedan ganas, voy a continuar escribiendo.

Pero el día siguiente de concluir su experimento literario, que ya no tenía que crear el texto del día, ¿no sintió que le faltaba algo?

-El día siguiente descansé. Me quité un peso de encima, en el sentido literal.

“Tenemos miedo a la dureza de la vida y a la existencia del amor;y con miedo se sobrevive, no se vive”

“Cuando veo a un español con un libro en la mano me restriego los ojos pensando que es un milagro”

‘poema’

Editorial. Acantilado.

Páginas. 1.136.

Precio. 29 euros.

El autor. Escritor, filósofo, poeta y ensayista, Argullol (Barcelona, 1949) ha escrito más de 30 libros, entre novelas, ensayos y obras de poesía, y ha intervenido en proyectos de cine y teatro. Ha sido profesor en universidades europeas y estadounidenses. Fue Premio Nadal (1993) por La razón del mal, Premio de Ensayo Casa de América (2002) porUna educación sensorial, Premios Cálamo y Ciutat de Barcelona (2010) por Visión desde el fondo del mary recibió el Observatorio Achtall de Ensayo (2015). Acantilado publica toda su obra.