Y tiro porque me toca

No sé qué pensar

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 19 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Informados hasta la náusea de un panorama mugriento, ni sé qué pensar ni tampoco qué decir que no nos digamos a todas horas. Veamos, y esto no es todo ni mucho menos.

La ruptura de los discos duros de Bárcenas, después de que salieran a la luz sus Papeles, no es un hecho tan malicioso como para ser objeto de un proceso penal, sino un mero “protocolo internacional”, según la ministra de Defensa, uno de los puntos fuertes del Partido Popular, convencida, está visto, de que trata con débiles mentales.

Ahora resulta que sobre las elecciones catalanas del 21-D y sobre el 1-0 y el no sé qué más, planean el fantasma y la mano negra de los servicios secretos rusos y los venezolanos, y sus hackers que todo lo alborotan en aras de una revolución mundial que busca destruir España, hasta con bromas: “Ahora sé que eran rusos”, publica Cospedal después de padecer una burla sangrienta. Bochorno y pitorreo.

La Manada y sus abogados, y quienes los defienden fuera de la sede judicial, no ya porque como acusados tengan derecho a la defensa, por muy repulsivos que resulten, sino porque sí, porque tal vez, porque lo que se llama la cultura de la violación está muy extendida, y de esa forma obligar a la víctima a defenderse de ser doble y sutilmente agredida, nos indigna y subleva. Lástima que no se hayan admitido los mensajes de wasap de los procesados, no para juzgar hechos, sino para saber con certeza a quién se juzga.

Por su parte, a los muchachos de Alsasua les niegan pruebas en su defensa, muchas, demasiadas, en un procedimiento que a estas alturas requiere, a mi juicio, observadores internacionales;el fiscal belga debería enterarse de lo que pasa aquí, no ya en las cárceles, que también, sino antes, en los procesos políticos.

Vivimos en un culebrón, alimentado con un atracón milagrosamente digerible de información basura, en una cierta irrealidad, como un circo que se hubiera desmadrado y nadie estuviera en su sano juicio. Los ves pasar por las pantallas, mentir con desvergüenza, acusados en firme por pruebas palpables de su granujería, decir sandeces propias de caricatos, y oyes sus voces insultándose, manipulando cargos, dando pruebas de que la división de poderes es un cuento chino, y haciéndonos ver que es mucho peor lo que desconocemos que aquello de lo que con abatimiento llegamos a enterarnos.

Resulta fascinante ver a un presidente de gobierno hablando de hackers rusos con el mismo convencimiento y autoridad que si lo hiciera de la aparición de los marcianos. Ni Jiménez del Oso en sus buenos tiempos, qué digo Jiménez del Oso -ya solo falta que contrate a Iker Jiménez como consejero áulico, total ya qué más da-, para explicar por qué este país se parece cada día más a un carro de heno revenido o a una nave de los locos que hace agua o vino, eso a gustos, por todas partes. ¿Pero en qué manos estamos? ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? Por los hackers, los marcianos y hasta por Conan el Bárbaro. Resulta asombroso que esa estupidez se presente al público como algo serio, con clara intención de extender una espesa cortina de humo para que no se hable de lo que de verdad importa, empezando por el saqueo del fondo de la Seguridad Social.

Solo por eso puede explicarse que el plato ineludible del menú del día sea el fenómeno Inda con sus conspiraciones, sus policías, sus mafiosos y sus acusaciones basadas en manifiestas pruebas falsas... cada día me recuerda más al gran jaleador de la Anti-España, el infame Mauricio Carlavilla.

No menos asombroso resulta ver a un ministro de Asuntos Exteriores siendo literalmente vapuleado en directo por un locutor inglés con un resultado que, más que una entrevista de Estado, parecía un sketch cómico del género Mr. Bean. Eso sí, cuando habla de las cárceles españolas se ve de lejos que no sabe de qué habla o que no se ha enterado de las propias reclamaciones (reiteradas) de los funcionarios de prisiones, las ONG, los informes de organismos internacionales… abochorna que gente así represente a un Gobierno y a un país.

No sé qué pensar de todo esto y de mucho más. Sospecho que ya no es una cuestión de esposas, como las exhibidas por el diputado Rufián, sino de camisas de fuerza, y aun así.

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