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Republicanismo

Lo que diga Roures

Por Santiago Cervera - Domingo, 19 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Si nos atenemos a las encuestas, los cambios electorales en el panorama catalán van a ser escasos, apenas consistentes en el desplazamiento de voto dentro de cada zona tradicional. Lo que suba ERC será en detrimento de sus anteriores socios, y lo que lo haga el PSC será a costa de formaciones no independentistas. Extraña esta foto tan poco disruptiva. Si después de lo que ha pasado no se gesta un cambio mayor, en el sentido que sea, será como para pensar que la sociedad es incólume a los desastre y que en el fondo no importa que se eternice el parasitismo de la política sobre la capacidades de esa misma sociedad. El mayor espectáculo de estos días no ha sido la estampa de Puigdemont en Bruselas, sino la retahíla de actos de pretendida contricción que algunos de sus compañeros han mostrado en Barcelona, reconociendo que la independencia ni estaba preparada ni era posible. Podrá tenerse más o menos afinidad hacia sus postulados, pero lo que parece innegable es que todo el procés ha sido más un juego de fantasmadas que una vía solvente para evolucionar hacia un estatus de nación independiente. Y no podía ser de otra manera al tener la génesis que tuvo, sobre la que no quiero aburrir por reiterativo. Aquel Artur Mas que un día creyó que la manera de eludir el coste de tener que sanear las cuentas de la Generalitat era abrazar la estelada, es el mismo Mas que hoy pide un eurito a cada catalán para pagar cauciones ante el Tribunal de Cuentas. No le están haciendo mucho caso, lo que demuestra cuán equivocado estaba al postularse como el Moisés capaz de abrir las aguas del mar para que su pueblo llegara a la tierra prometida. También Lola Flores pensó ser la Lola de España, cruel coincidencia. Junto con Mas lideraron el sinsentido un grupo de personajes en el que es difícil encontrar algo más que estrambotes, nunca una opinión fundada o una actitud políticamente atrayente. Sobrados ejemplos hay en la historia de retos imposibles que han sido superados gracias al coraje que nace del auténtico convencimiento y de la coherencia. Hoy, quienes han llevado a Cataluña al desastre económico -la abrumadora salida de empresas, el desafecto comercial, la depauperación reputacional, la Agencia del Medicamento que no llega y el Mobile que se marcha- dicen que en el fondo no iban en serio. Lo que sí es serio es que no les han vencido las tropas entrado por la Diagonal, sino la postrera decisión de un gobierno timorato, que a rastras fue conducido a la aplicación del 155 y que tampoco se caracteriza por ser el más aguerrido de nuestra democracia. Pies en polvorosa, la imagen del President y sus cuatro Consellers viajando de noche en una furgoneta hacia Marsella es la antítesis de tanta supuesta supremacía política e institucional. Poco pollo para tantísimo arroz.

Asumiendo un panorama electoral como el que sugieren las encuesta, será lo de Iglesias y Colau el perejil que necesitará la nueva salsa catalana. Se llaman a sí mismos “los comunes”, acepción tan totalitaria y adanista como la que se escuchó cuando Podemos entró en el Congreso y afirmaron que por fin “la gente” tenía representación. Ahora son comunes;seguro que los demás electos no llegan del común cuerpo electoral sino que son cooptados por alienígenas. Pero petulancias aparte, estarán en condiciones de condicionar de qué lado cae la moneda y si habrá servido para algo la sombría experiencia de estos últimos años. Olvidando por un instante los ejercicios circenses de Puigdemont y su clan, tendríamos que reconocer que lo más relevante para la política catalana de los últimos año es aquello que pasó en la casa del empresario Roures esa noche de finales de agosto. Ahí Pablo Iglesias recibió las oportunas instrucciones, en presencia de Oriol Junqueras y el embajador del democrático estado de Qatar. Curioso personaje Roures, trotskista e independentista, millonario gracias a los derechos televisivos del fútbol, con parte de sus sociedades tributando en la benévola Holanda, y habitual en los micrófonos de la Cope. Su declarado empeño es resistir la plaza catalana y valorar posteriores escaramuzas, y para ello cuenta con esos comunes que de momento ya han echado al PSC del gobierno municipal de Barcelona. A otros les encanta que les llame Florentino, e Iglesias tiene también su plutócrata de cabecera.