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Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell abogado, último superviviente de la matanza de atocha de 1977

“Las víctimas de la Matanza de Atocha fuimos silenciadas y el reconocimiento del Estado ha tardado muchísimo en llegar”

Una entrevista de Elena Urabayen Fotografía Oskar Montero - Domingo, 19 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alejandro Ruiz-Huerta, durante la entrevista.

Alejandro Ruiz-Huerta, durante la entrevista.

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Alejandro Ruiz-Huerta, durante la entrevista.

las claves

pamplona- Un bolígrafo le salvó la vida hace 40 años. Colgado en la solapa de su camisa, desvió un disparo que tenía la intención de asesinarle en el despacho de abogados de Atocha durante la matanza de 1977. Después se hizo el muerto entre los cadáveres de sus compañeros y los asesinos lo dieron por terminado. Parece una película de terror pero es la historia real de Alejandro Ruiz-Huerta, actualmente el único superviviente de aquel atentado cometido por terroristas de extrema derecha ligados al grupo Fuerza Nueva. Nada fue igual desde entonces, no puede serlo de ninguna manera después de una vivencia así. Cinco de sus compañeros murieron aquel 24 de enero y, como él, otros tres resultaron heridos. Aunque hubo un juicio y los culpables directos fueron condenados en 1980, Ruiz-Huerta afirma que hubo un intento claro de cerrar el caso rápido para que no salpicara más lejos de lo deseado, una “impunidad manifiesta” en torno a los partidos políticos de extrema derecha. Además, añade que las víctimas de Atocha fueron silenciadas de forma deliberada durante la transición y buena parte de la democracia para que no rompieran esa imagen de “país moderno y democrático” que quería dar España y que hasta el año 2000 no se empezó a hablar y a saber sobre este caso. De cualquier forma, Ruiz-Huerta no entra en desánimo y se recorre toda la geografía para contar su vivencia y que algo así no caiga en el olvido. El martes estuvo en Pamplona como invitado de lujo en una jornada organizada por CCOO para recordar aquel atentado.

¿Cómo vive una víctima como usted la impunidad que reinó en la transición?

-Malamente, la verdad. He de reconocer que en relación con el atentado de Atocha, había una impunidad diferente. Yo creo que este atentado rompió la situación de despreocupación impune que se vivía en España desde la Policía como del poder judicial. Dos meses y medio después del atentado ya estaban detenidos los culpables pero hubo una impunidad manifiesta en la que colaboró el juez Gómez Chaparro para que no se investigase más en torno a los partidos políticos de extrema derecha, que formaban parte del régimen político aunque estuvieran lejos de Adolfo Suárez.

¿Se ha sentido víctima de segunda categoría en lo referente al reconocimiento?

-El Estado español ha tardado muchísimo en reconocer a las víctimas de Atocha. Las víctimas de Atocha fuimos silenciadas durante muchísimo tiempo.

¿Por qué fueron silenciadas?

-Porque no interesaba que la sociedad conociese que un país moderno, que entra en una vía democrática hubiera tenido atentados tan fuertes como el de Atocha y algunos otros como el de Vitoria en 1976 o el de Yolanda González en 1979. Hubo un tiempo de silencio tremendo, prácticamente hasta la entrada del siglo XXI. El relato de la transición política era un relato lineal y plano, se podría decir que rosa. Hasta el año 2000 no se empezó a saber. En el año 1995 fue nuestra primera intervención pública en la Universidad Autónoma de Madrid para visualizar a los asesinados de Atocha, pero costó mucho llegar a ese momento porque hubo un tiempo en el que se silenciaba cualquier tipo de violencia. Incluso hoy hay archivos a los que no se puede acceder, especialmente en casos en los que podría estar involucrado el Estado. Por ahí hay unos procedimientos muy poco democráticos.

¿En qué contexto se produce el atentado?

-Era un día de una semana muy particular en España, estábamos entrando en un diálogo Gobierno-oposición, de cara a la democracia, estaba habiendo un bucle de violencia muy significativo y fuerte, una huelga del transporte en Madrid... Era una situación muy voluble, no sabíamos bien hacia dónde íbamos.

¿Qué recuerda de aquel día?

-Recuerdo prácticamente todo lo que pasó aquel día. Había estado por la tarde en Vallecas y a las 22.30 teníamos la reunión. Estábamos esperando que empezase porque todavía faltaba gente por llegar y de repente entraron los pistoleros. Uno con un anorak en la cabeza, otro con la pistola en las manos. Nos empujaron hacia el hall del despacho, donde había una serie de bancos con telas de flores rojas, tapizados por nuestra compañera Manuela Carmena. Allí empezaron a preguntar por el líder del sindicato de transporte, Joaquín Navarro. Javier Sauquillo dijo que Navarro no estaba ahí y minutos después trajeron a otros compañeros que estaban en el despacho y se pusieron a lanzar una cantidad terrible de disparos contra los que estábamos allí.

Aunque no estuviera quien buscaban...

-Así es. Nos derribaron por el suelo y todos caímos. A mí me dieron un tiro con una bala de rebote en un bolígrafo que llevaba en la camisa y me abrió un boquete en el pecho pero no me atravesó el hueso, pero caí. Encima mía cayó Enrique Valdelvira, que tenía un disparo que le atravesaba el cerebro y me tapa el cuerpo. Los asesinos siguieron disparando a los que estábamos en el suelo, a todo lo que se movía. A mí me dieron en la pierna derecha otros cuatro o cinco impactos de bala, y ya está.

¿Recuerda que pasó después?

-Me hice el muerto durante uno, dos o tres minutos, hasta que empecé a oír las voces de compañeros que pedían auxilio en los balcones de la casa y a las once menos algo de la noche, llaman a la puerta y yo me arrastro como puedo, abro y era Luis Ramos que por suerte llegó tarde. Le dije que nos habían tirado una bomba. Era tal la cantidad de sensaciones que tuve entonces que por lo visto me pareció que nos habían tirado una bomba. Después vi cómo sacaron del despacho a los ocho compañeros y a mí me sacaron entre un guardia civil y un barrendero, contando los segundos a tope, nunca podré olvidarme de aquello. Me metieron en un taxi y me mandaron a la clínica Doce de Octubre donde empecé a sobrevivir.

¿Cómo se vive con eso?

- Muy mal, es muy difícil, porque te condiciona la vida. He estado en tratamiento psiquiátrico varias veces, he hecho dos veces psicoanálisis, mis heridas físicas se hubieran curado en condiciones normales en dos meses pero tardé más de seis. Es duro también porque después vives cualquier atentado del mundo como si fuera el tuyo y más si por las condiciones se parece al de Atocha como puede ser por ejemplo el de Charlie Hebdo. Duro porque estas permanentemente en tensión, no eres capaz de relajarte, me ha costado mucho conseguirlo. Esas secuelas son muy duras de soportar.

¿Qué querían aquellos pistoleros?

-Parece claro que había una excusa, que era darle un susto a Navarro, al líder del sindicato de CCOO, pero yo estoy convencido de que detrás había otro planteamiento. Creo que pretendían ir de más a más. El 23 de enero matan a Arturo Ruiz, el 25 secuestran a Villaescusa, estaba secuestrado Antonio María de Oriol Urquijo, dos personajes claves del franquismo, por la mañana del 24 la Policía mata a Mari Luz Najera en la calle y por la noche, lo de Atocha. Parece que todo estaba organizado para dar un golpe de Estado a la posibilidad de democracia que se estaba anunciando, que es lo que los politólogos llaman un golpe de Estado difuso. Yo creo que las cosas iban por ahí pero no ha habido posibilidad de profundizar más en eso porque los jueces que llevaban este caso cortaron los hilos que unían a los pistoleros de la extrema derecha, del sindicato vertical, con la propia extrema derecha.

“Parece que en aquellos días todo estaba organizado para dar un golpe de Estado difuso”

“No interesaba que un atentado así se conociera cuando el país quería dar imagen de modernidad”

“Hubo impunidad manifiesta para que no se investigase más en torno a los partidos de extrema derecha”

“Me dieron un tiro en un boli que llevaba en la camisa y caí al suelo. Encima mía cayeron compañeros muertos”

“Me hice el muerto durante unos minutos hasta que oí las voces de otros compañeros que pedían auxilio”

“Ahora vivo cualquier atentado del mundo como si fuera el mío y más en casos como el de ‘Charlie Hebdo”

el protagonista

Datos personales. 6 de noviembre de 1947, Madrid. Actualmente vive en Córdoba.

Trayectoria. Es abogado y se ha dedicado a la docencia en diferentes universidades como Valladolid, Burgos y Córdoba, donde recientemente se ha jubilado a los 70 años. Ahora trabaja en una cátedra de Memoria Histórica.

Publicaciones. En 2002 publicó un libro relatando lo ocurrido en 1977 titulado ‘La memoria incómoda: los abogados de Atocha’.

atentado de atocha

Abogados de CCOO y PCE. La Matanza de Atocha fue un atentado terrorista cometido por terroristas de extrema derecha vinculados a Fuerza Nueva en Madrid la noche del 24 de enero de 1977, en el marco del llamado terrorismo tardofranquista. Cinco abogados fueron asesinados y otros cuatro resultaron heridos. El despacho era compartido por abogados laboralistas de CCOO y militantes del Partido Comunista.

Víctimas. Fueron asesinados los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco;el estudiante de derecho Serafín Holgado;y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz.