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“No se podía mover y le dimos Nolotil pero en diez minutos murió”

El exjefe de comandos de los GRAPO relata la agonía del empresario Publio Cordón tras saltar por una ventana para huir de sus captores

Martes, 21 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ramón Teijelo y María Victoria Gómez, durante el juicio.

Ramón Teijelo y María Victoria Gómez, durante el juicio. (Foto: Efe)

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  • Ramón Teijelo y María Victoria Gómez, durante el juicio.

pamplona- “Sé que no se podía mover del sitio, se quejaba de que le dolía la espalda. Le dimos para quitarle el dolor los medicamentos que teníamos, Nolotil. Pensamos en dejarlo en un hospital, pensábamos qué hacer. Yo había visto en la tele cómo se hace la respiración asistida…”. El empresario zaragozano Publio Cordón acababa de caerse de una altura de tres metros tratando de huir por una ventana de su secuestro a manos de la banda terrorista Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO). Pero apenas tardó “diez minutos” en morirse según relató ayer ante la Audiencia Nacional en calidad de testigo uno de sus captores, Fernando Silva Sande. El terrorista, entonces jefe de los comandos de los GRAPO y ahora convertido en preso arrepentido, narró los últimos minutos de vida de Cordón, secuestrado en 1995 y enterrado en un monte, aunque más de 22 años después su cuerpo sigue sin aparecer.

La Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional revivió estos hechos para juzgar a los dos últimos acusados del rapto, José Ramón Teijelo y María Victoria Sánchez, que se enfrentan a sendas penas de 37 años de cárcel, acusados de alquilar la casa de Lyon (Francia) donde estuvo cautivo el empresario aragonés y de enterrar su cuerpo. Los dos acusados negaron su implicación en los hechos y aseguraron que se enteraron del rapto “por la prensa”.

Según el fiscal y el relato de Sinde, los dos alquilaron la casa haciéndose pasar por profesores españoles de francés y estuvieron en el chalé hasta que Cordón, encerrado en un armario de la buhardilla empotrado de 1,71 metros de largo por 1,21 de ancho, intentó escapar, cayó al vacío desde una ventana, quedó malherido y al poco murió. Su cuerpo fue enterrado después por sus captores en el Mont Ventoux francés. A pesar de ello, los GRAPO cobraron a la familia 400 millones de pesetas por una liberación que ya sabían que nunca se produciría. - D.N.

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