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La vergüenza y la culpa deben cambiar de bando

Por Tere Sáez Barrao y Nekane Merino - Martes, 21 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Este mensaje, junto con el de “Nosotras si te creemos”, está presente desde el lunes 13 de noviembre en las calles de Iruña y en otros muchos lugares.

Como dice Beatriz Jimeno, “una violación, y el consiguiente juicio y tratamiento social son un reflejo de la historia de las relaciones entre hombres y mujeres y un reflejo social, simbólico, material, jurídico, mediático etc, de la posición de mujeres y hombres en una sociedad dada”.

El juicio que se está celebrando en Pamplona por la violación múltiple de una chica durante los Sanfermines de 2016 es histórico para conseguir este concepto: la violencia sexual es violencia machista y como tal debe de ser considerada. Este juicio es un ejemplo claro de lo que significa la cultura de la violación y al ocurrir en un momento en el que las mujeres hemos decidido y podido salir del armario frente a las agresiones sexuales que todas vivimos por el hecho de ser mujeres, lo convierten en un momento muy muy especial. Está en juego la respuesta que el Estado y el poder judicial en concreto, va a dar a una agresión especialmente brutal, por tanto si la cultura de la violación va a salir reforzada o fragilizada de este juicio. Su tratamiento, su castigo, su reparación, nos va a mostrar cómo abordamos las agresiones machistas en toda su concepción y en particular la Violencia sexual.

Así pues, vaya por delante nuestro “Nosotras si te creemos” y mostramos nuestro más sincero apoyo a la Superviviente, destacando su valentía por denunciar unos hechos atroces, deseando acabe pronto esta exposición de su vida y tenga la reparación que le permita su curación futura

También creemos a las 11 que denunciaron agresiones sexistas durante los Sanfermines de 2016 y las 12 que venimos diciendo desde el principio que se garantizara el amparo y protección a la víctima/superviviente el cual se vio alterado en primer lugar por parte de los organismos judiciales al negársele la posibilidad de declarar desde Madrid. Junto a ello, hemos insistido en que en el proceso judicial participen profesionales con formación en género, que entiendan y comprendan las particularidades de las denuncias y procesos judiciales relativos a violencia sexual y que durante todo el proceso judicial, así como posteriormente, la víctima sea atendida por los órganos competentes y no se sienta sola. Debemos velar por que las mujeres que se han atrevido a denunciar no salgan perjudicadas por triquiñuelas judiciales. En concreto garantizándole la atención psicológica y jurídica gratuita. Lo ha tenido y tiene. Pero gracias al esfuerzo de su familia, los movimientos feministas y las instituciones locales. Y que esto, la falta de garantías reales de acceso a estos recursos es producto de la existencia de una ley Estatal de violencia de género (2004) que no incorpora la Violencia sexual como violencia contra las mujeres. Que se debe de modificar la ley para que incorpore esta realidad: la violencia sexual. También lo hemos pedido en el pacto de Estado.

Junto a ello, nos sigue costando entender por que no ha sido juzgada bajo el amparo de la LEY FORAL 14/2015, DE 10 DE ABRIL, para actuar contra la violencia hacia las mujeres.

Por tanto, partiendo de estas deficiencias, reclamamos un proceso judicial limpio y justo. No lo decimos sin fundamento. Hace una década vivimos el proceso judicial por el asesinato de Nagore Laffage a manos de José Diego Yllanes Vizcay en los Sanfermines de 2008. Un juicio injusto y que despreciaba los derechos de las mujeres ya que se concedió credibilidad absoluta al acusado. Ahora, nos preocupa enormemente que se admitan pruebas como el seguimiento por parte de una detective a esta chica o que, por el contrario, se nieguen pruebas de los acusados que les implican bastante

“Nosotras si te creemos”y vaya por delante el apoyo a la Superviviente destacando su valentía por denunciar unos hechos atroces

La cultura de la violación está presente en nuestra sociedad y es una muestra más del Heteropatriarcado en el que vivimos todas y todos. Es una señal del machismo que asesina, viola, vende y compra cuerpos y los mercantiliza: las cifras anuales de víctimas y asesinadas dan un pequeño reflejo de las historias personales que hay detrás. Tres mujeres denuncian cada día una violación. Una cada ocho horas. Siendo esta es la parte visible de la pirámide. Son los casos más graves en una sociedad donde el acoso sexual y callejero está a la orden del día. Educadas en un contexto en que la mujer se considera como inferior, y sin derecho a estar en espacios hasta ahora prohibidos como la calle, la noche o las fiestas. Muchas víctimas callan durante años o incluso para siempre por temor a ser juzgadas por su entorno y por la sociedad. El miedo, la culpa y la vergüenza han sido el pan nuestro de cada día.

Pero como decíamos, algo esta cambiando y estamos viviendo un movimiento de las mujeres que por fin, dice alto y claro “ME TOO! ¡Yo también!” y “Hermana, yo te creo” con el tema de la violencia sexual, tapada y ocultada a pesar de tener leyes contra la violencia de género. Y esto necesita un movimiento ciudadano de apoyo general, que entienda las causas y por tanto no juzgue y cuestione las historias de acoso, y las violaciones con preguntas: ¿por qué denuncian ahora?, ¿por qué ahora todas juntas?, ¿no será mentira?, ¿qué hacía a esas horas en la calle y sola?, ¿por qué se fue con ellos? ¿Por que sale con sus amigas a pesar de lo que le ha sucedido? Hay que cuestionar la educación patriarcal y preguntarnos por qué un hombre puede abusar de su posición de poder en esta sociedad. Que ellos, los machistas, presuntos violadores, llegan al juicio siempre impolutos y siendo creíbles. Ella, en cambio, llega cargando una maleta de descrédito, sospechas, acusaciones y sólo por ser mujer tiene todo que demostrar

Hay que conseguir que la vergüenza y la culpa cambien de bando. Que lo sientan quienes realizan agresiones sexistas. Que la culpabilidad recaiga en el agresor y no en la víctima.

El 7 de julio de 2016 Pamplona/ Iruña dijo “no a las agresiones sexistas”, reclamando unas fiestas donde la calle y la noche sean también de las mujeres. Que podamos sentirnos Libres y no valientes. Y esto debe de hacerse durante todo el año con una educación que destierre por fin el heteropatriarcado, causa de numerosísimas violaciones de los derechos de las mujeres no solo en nuestra sociedad, sino en todo el mundo. Dejemos de educar mujeres temerosas y empecemos a educar hombres igualitarios, que no violenten, no acosen y no vejen a las mujeres.

Sabemos que en estos momentos hay muchas mujeres y hombres, mirando este juicio, esperando que la justicia de una vez por todas escuche estas voces, esta rebelión colectiva que dice: La Violencia Sexual es Violencia Machista y como tal debe de ser juzgada. Que los y las juezas así lo recojan.

Recordándoles que entre los acusados hay dos personas pertenecientes a los cuerpos y fuerzas de seguridad, cuerpos responsables de protegernos. Y por tanto su comportamiento les invalida para continuar en ellos.

Los medios de comunicación pueden y deben hacer una tarea no solo informativa, sino también formativa en la búsqueda de la igualdad y en la erradicación del machismo y sus manifestaciones. Al igual que apoyaron al M. Feminista y encabezaron hace años la visibilidad de la violencia machista dentro de la pareja, con el caso de Ana Orantes.

Andrea y Lunes Lilas, desde el respecto escrupuloso a los deseos de la chica violada, llamamos a todos los grupos feministas, asociaciones, partidos, sindicatos e instituciones que organizan el 25 de noviembre, día internacional contra la violencia a las mujeres a que incorporen esta reivindicación: La Violencia sexual es violencia machista. Medidas integrales para solucionarla, recordando que solo existe una vacuna: la igualdad.Las autoras son de los colectivos Andrea y Lunes Lilas

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