Nueva vida para el Zortziko

la reforma de la plaza maestro turrillas ha revitalizado la emblemática zona de berriozar

Un reportaje de Mikel Bernués. Fotografía Patxi Cascante - Martes, 21 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Los vecinos del Zortziko María Jesús Larrea, Apolonia Tajuelo, Olga Cillero, Luis Pires (haciendo ejercicio), Ángel Ávila, los pequeños Jon y Nahikari y Rosa Pedrosa, en la ‘nueva’ plaza Maestro Turrillas.

Los vecinos del Zortziko María Jesús Larrea, Apolonia Tajuelo, Olga Cillero, Luis Pires (haciendo ejercicio), Ángel Ávila, los pequeños Jon y Nahikari y Rosa Pedrosa, en la ‘nueva’ plaza Maestro Turrillas.

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Los vecinos del Zortziko María Jesús Larrea, Apolonia Tajuelo, Olga Cillero, Luis Pires (haciendo ejercicio), Ángel Ávila, los pequeños Jon y Nahikari y Rosa Pedrosa, en la ‘nueva’ plaza Maestro Turrillas.La plaza hace más de 30 años, con la primera pista de ‘futbito’ que tuvo Berriozar.

siempre ha sido una calle, pero tenía tanta vida propia que sus habitantes se consideraban una entidad diferenciada. “Ahora se nombra el Zortziko como otra calle más de Berriozar. Pero antes era un pueblo aparte, una calle pueblo”, explica María Jesús Larrea, con casi 47 de sus 75 años como vecina del lugar. “Ni la calle Zortziko ni nada;era directamente Zor-tziko”, opina Apolonia Tajuelo, con 35 años de vecindad. “Todavía hablamos de ‘ir a Berriozar’ cuando vamos al centro”, añade Larrea. “La república independiente del Zortziko”, bromea este grupo de vecinos echando casi medio siglo la vista atrás, cuando alrededor de la calle solo había trigo, escombreras o una charca repleta de ranas.

La emblemática calle que fue pueblo estrenó el mes pasado su renovada plaza Maestro Turrillas con una chocolatada popular que emuló (dicen que sin igualar) a aquellas de las fiestas que organizaba por su cuenta y celebraba el Zortziko a finales de los 70. “Menudas juergas hacíamos por fiestas”, recuerda Larrea. “En los 17 portales de la calle había 325 hijos pequeños”, dice por su parte Olga Cillero, que también llegó a un barrio “lleno de vida” hace 45 años. Torneros, carpintería, carnicería, una pescadería (que duró poco), mercería, la venta del Zortziko, famosa por sus harinas, etc... “Los principios fueron muy buenos. Esta era una calle con mucho movimiento y aquí había de todo. Ahora solo han quedado la tienda de Buceo Mistral y un bar”, reconoce Cillero.

la reformaEn el lavado de cara de la plaza Maestro Turrillas el Consistorio, que ha invertido 24.000 euros, ha sustituido los columpios, los más antiguos de Berriozar con 25 años, por otros nuevos. También se han colocado varios aparatos de gimnasia para mayores con el fin de fomentar el envejecimiento activo, y a petición de los vecinos la pista de juego se ha transformado acortando sus dimensiones para incorporar una cancha de baloncesto. Además, los bancos se han reparado y pintado otra vez, se han iluminado las zonas más oscuras, se ha limpiado a conciencia una parte del suelo en la que se ha descubierto que el adoquín era de color rojo, y se han liberado las paredes de grafitis.

“Ahora la calle Zortziko es una más, pero antes esto era un pueblo aparte”

maría jesús larrea

Vecina de la calle Zortziko

“Esto no se ha hecho así como así. Antes de hacer todo esto vino el alcalde con varios concejales para que diésemos nuestra opinión. Bajamos los vecinos y nos preguntaron qué queríamos. Y se ha hecho más o menos lo que les dijimos”, explica Cillero. Dicen que les faltan “detallicos”. Por ejemplo, la bicicleta del gimnasio urbano “o no funciona o somos demasiado chiquiturrias para usarla”, explica Olga, y Luis Pires, usuario habitual del gimnasio urbano que llegó a un barrio “fenomenal” hace 25 años, echa de menos una máquina para ejercitar los brazos. Y “por ejemplo, en el suelo de los columpios de los mayores podían haber puesto una goma en vez de pintarlo”, añade Andoni Goyena, otro habitual de la zona. “A ver... pedir siempre se puede pedir, pero yo estoy contentísima. La plaza ha quedado preciosa y es muy amplia”, dice de nuevo Olga.

“el mejor barrio del mundo”“Para nosotros el mejor barrio del mundo es este, claro”, defiende por su parte Ángel Ávila, que llegó al Zortziko en 1973 y no tiene ninguna intención de cambiar de aires. “Nuestros hijos han vivido aquí muy a gusto, han sido muy felices. Y aún siguen por aquí, en los pisos nuevos que se hicieron aquí al lado, en Artiberri. Todo el Zortziko está metido ahí, se han quedado todos. Y nosotras... de aquí al cementerio. No nos movemos”, se ríe Cillero. “Es que aquí se vive estupendamente”, dice.

“No sé qué tiene Berriozar, pero nadie se quiere ir de aquí. Y los que nos fuimos exiliados hemos vuelto”, añade Goyena. Ahora hablan de Berriozar con sentido de pertenencia. “Seguimos yendo al centro, pero ahora parece que está más cerca”, explica una Apolonia Tajuelo, que, como el resto de vecinos, con la paulatina urbanización de Berriozar ya no tiene que atravesar un descampado para ir, por ejemplo, al consistorio.

nuevos vecinos“Hemos venido gente con críos y estamos haciendo vida de barrio. Y nos ha venido muy bien este arreglo... el parque se estaba revitalizando poco a poco otra vez”, explica el trabajador municipal Balen, padre de Jon y Nahikari y vecino del Zortziko desde hace aproximadamente dos años. “Para mí esto ha sido súper acertado. Aunque no todo el mundo esté de acuerdo, yo solamente tengo palabras de agradecimiento al Ayuntamiento por hacer este esfuerzo. Mis hijos están mejor, el parque se ve más bonito y esto no se ha quedado en la inauguración”, argumenta. “Aquí hay un seguimiento y el personal del Ayuntamiento se ha implicado”, dice.

homenaje póstumoPor su parte, el alcalde de la localidad, Raúl Maiza (EH Bildu), quiere recalcar que “el Ayuntamiento ha querido volver a dar vida a una de las plazas más emblemáticas de Berriozar, donde durante muchos años personas como Epifanio Arbizu y Periko Irigoien lucharon por dar los mejores servicios e integrar la zona del Zor-tziko en el resto del pueblo de Berriozar. El Ayuntamiento les ha dedicado un homenaje póstumo”, finaliza.