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Carlos Areces Actor

“Los personajes son delirantes y eso, en un contexto naturalista, provoca comedia”

El actor madrileño interpreta a Ermo, un chivato delator de rojos que solo se mueve por sus intereses, como un Gollum, y que se acercará a Rogelio buscando un tesoro

Miércoles, 22 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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pamplona- Carlos Areces (Madrid, 1976) encarna a Ermo, el vecino chivato que delata a familias de rojos al comienzo de La higuera de los bastardos, movido por “intereses”, como “un Gollum” y convirtiéndose en el personaje que más ha disfrutado interpretando.

¿Cómo llegó Carlos Areces a La higuera de los bastardos y qué le llamó la atención del proyecto?

-El proyecto me llegó en realidad ofreciéndome otro personaje, pero cuando leí el guion, me enamoré de Ermo, con todo lo difícil que es enamorarse de un personaje como él. Me pareció que tenía mucho interés y me apetecía probarlo y jugar. Cuando volvieron a llamarme dije que el personaje que me interesaba era Ermo y al principio costó que me vieran, pero creo que están contentos con el resultado. Yo, desde luego, es uno de los personajes que más he disfrutado interpretando y con los que mejor me lo he pasado.

¿Qué tiene Ermo para haberle enamorado de esta manera?

-Tiene todo lo que un actor desea para un personaje: es ruin, mezquino, zafio, grosero, repulsivo, asqueroso... Es feo y encima tiene una mancha en la cara. Al final, un personaje inmaculado es horrible, a mí como espectador esos personajes son los que me crean más rechazo. Ermo tenía un montón de cualidades que me permitiera jugar. Hay un reto porque a mí no me suelen ofrecer este tipo de personajes. Reconozco que por parte de Ana fue un riesgo, no sé si tenían otra persona en mente, pero nunca sabes cómo va a salir y tú tampoco puedes asegurar ser la persona más indicada para hacerlo. Lo que sí que sé es que era el personaje que me sedujo desde el principio.

En la historia, Ermo forma una particular dupla con Rogelio, a quien va a visitar a su higuera, porque cree que hay un tesoro enterrado ahí. ¿Cómo definiría la relación entre los personajes?

-Acaban teniendo una relación muy rara, ninguno de los dos deja de mirar por sus intereses particulares y al final la relación que tienen no es de amistad, es parasitaria. ¿Pero qué pasa? En medio de esa soledad que da la postura de Rogelio, de repente perderse ahí en el monte, y mi codicia por lo que puede haber ahí abajo... En determinados momentos se necesitan el uno al otro. Gollum fue una referencia constante y ya marcada desde la dirección de Ana, me dijo: “Ermo es el Gollum”. Y claro, cuando tienes esa referencia, sabes que te puede permitir jugar a una cosa que yo habitualmente no me puedo permitir y eso lo agradecí.

¿Jugar con...?

-Jugar con la creación de un personaje que tiene tantas aristas. He hecho muchas películas en las que el trabajo compositivo es mínimo, porque tienes que estar allí, decir una frase, hacer de persona media... Y aquí no hacía de persona media, hacía una cosa que espero que sea alejada de mí (risas).

En cuanto a los ensayos y el propio rodaje, ¿cómo fue trabajar con Karra Elejalde?

-Creé muy buena química fuera de pantalla con Karra. Le conocía muy poco y era una persona que me imponía mucho, él no solo venía de interpretar los mayores taquillazos del cine español, sino que es una persona que tiene esa personalidad tan arrolladora, es un torrente... No sabía qué clase de migas iba a hacer con Karra, yo soy una persona mucho más apocada, sobre todo cuando no conozco a nadie del equipo. Pero Karra es una persona muy cariñosa y me ha ayudado mucho. El personaje de Ermo tenía una serie de conflictos que tenía que resolver y no todos los días estás convencido de estar resolviéndolos. No sabes si estás llegando al nivel al que quieres llegar, el personaje tenía un acento, unas características, un maquillaje... Karra fue un apoyo continuo para mí.

Ermo era un personaje lleno de posibilidades, pero la propia película lo es, combinando varios tonos durante la historia...

-Me cuesta clasificarla en cuanto a tono. Diría que es una película profundamente amarga, que en momentos deriva en un patetismo que te despierta sonrisas, porque los personajes son muy peculiares y son muy delirantes y eso en un contexto de naturalismo, choca y provoca comedia. Pero, desde luego, es una película que me costaría encasillar.

las claves

“Tiene todo lo que un actor desea para un personaje: es ruin, mezquino, zafio, grosero, repulsivo...”

“Era un reto porque no me suelen ofrecer personajes así y reconozco que por parte de Ana fue un riesgo”

“Es un filme profundamente amargo, que en momentos deriva en un patetismo que despierta sonrisas”

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