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la carta del día

Predicamos con el ejemplo

Por Mª Carmen Arraiza Cruchaga - Miércoles, 22 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Soy madre de familia y abuela. Además, tenemos la fortuna de vernos con frecuencia, lo que nos está dando la oportunidad de formar parte de la vida de nuestras dos nietas.

Tengo presente que la educación vial nace en el seno de la familia y por esto predico con mi ejemplo. Porque es sabido que en la educación es nuestra conducta, y no nuestras palabras, lo que realmente aprenden nuestros hijos.

Cuando cojo el coche, tanto si conduzco o como pasajera, lo primero que hago es ponerme el cinturón de seguridad. Desde que entrara en vigor la obligatoriedad del cinturón de seguridad, he tenido presente que no era sólo mi seguridad y mi comodidad, sino la seguridad de los míos la que estaba en juego y, por esto, he cumplido la norma rigurosamente predicando con mi ejemplo.

De regreso de un fin de semana en mi pueblo natal, nos encontramos con dos agentes motorizados que iban a gran velocidad en dirección contraria a la nuestra. Pensamos que podría haber habido algún accidente y que los agentes se dirigirían a auxiliar. No fue así, pues dieron la vuelta y me multaron por no llevar el cinturón de seguridad. De nada sirvió que les dijera que lo llevaba puesto. De nada me sirvió que les diera mi palabra de haber cumplido con la ley;pues aunque el agente no debió distinguir que sí lo llevaba, lapresunción de certezagarantiza que su palabra tenga valor probatorio y la mía sea considerada como una mera manifestación.

Puedo entender que uno de los dos agentes pudiera no distinguir que llevaba el cinturón, pero que el otro no interviniera para aclarar la duda de su compañero, pone en entredicho, desde mi perspectiva, la eficacia de la fórmula de la pareja de agentes. Porque si uno no ve bien, la intervención del otro habrá de dirimir ante la duda o, ¿para qué van dos, si el error de uno es secundado por el otro?

Las alegaciones fueron presentadas y la sanción pagada;pero no hay nada que hacer. Aquel agente decidió que yo no llevaba cinturón, su compañero no le ayudó a ver su error, y el procedimiento sancionador ha caído sobre mí sin que tenga la más mínima posibilidad de ser escuchada. Lo cierto es que estoy enfadada. Me siendo tratada injustamente e impotente ante una situación que sólo se me ocurre calificar de “abuso de poder”.

Intento entender el porqué de esta situación barajando posibilidades. Pensando y pensando es posible que en aquellos días el cumplimiento de los objetivos -trimestrales, semestrales, etcétera- de los agentes podría estar distante de ser alcanzado, y con esta fórmula, aunque incómoda para los propios agentes, les compensa si con ello consiguen el número de sanciones que han de imponer durante el período. Al fin y al cabo, el ciudadano no tiene nada que hacer, sino pagar.

También barajé la posibilidad de la falta de responsabilidad en relación a la autoridad que se otorga a un agente para el ejercicio de sus funciones;pero sigo pensando que se trata de la primera: alcanzar objetivos caiga quien caiga.

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