El farolito

Aprender eso

Por F.L. Chivite - Miércoles, 22 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

A ver cómo empiezo. Están los asesinatos, claro. Las terribles violaciones, las agresiones físicas y los malos tratos: todos esos casos brutales que salen en los informativos y llegan a los tribunales: el enajenado que mata a sus hijos para destrozar la vida de la madre, todo ese flujo diario desquiciante y perturbador de dolor, de maldad y de muerte. En ese extremo no hay vacilación. Ni debate posible. Estamos de acuerdo todos (creo): son finales de espanto. Pero luego está lo otro. Y yo quiero hablar de eso otro. El sábado que viene se celebra (aunque celebrar no es la palabra) el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y aquí, en Pamplona se celebra (aunque me parece que tampoco es la mejor palabra) la segunda semana del juicio contra la manada que se jactaba de poseer burundanga. Pero voy a referirme a algo anterior. Cuando digo que quiero hablar de “lo otro” me refiero a todos esos signos, restos y vestigios de machismo estructural que son difíciles de explicar y casi imposibles de denunciar: a todos esos acosos suaves, abusos como en broma, pequeñas agresiones de carácter sexual que antes se enmarcaban en una cultura que consentía y perpetuaba con naturalidad el sometimiento y dominación de la mujer. Entiendo perfectamente la campaña del “A mí también”. Y lo que creo es que los hombres no podemos permanecer al margen de este asunto como de forma algo estúpida hemos tendido a hacer hasta ahora. Como si todavía pretendiéramos fingir que no es un problema. O que no nos damos cuenta de su importancia. O que sencillamente no lo vemos. O que creemos que todo es una exageración. O que no nos corresponde a nosotros hablar de ello sino solo a las mujeres. Error. Nos corresponde. Y nos corresponde ser claros. Lo decía la escritora nigeriana Ngozi Adichie en una entrevista reciente: los hombres tienen que darse cuenta de que la igualdad es buena para ellos. Hay que aprender eso.