El sitio de mi recreo

De Miranda a Fráncfort

Por Víctor Goñi - Miércoles, 22 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Noáin y por ende Navarra quedan cuatro días por semana a una sola escala de cualquier latitud del planeta. Todo un hito gracias a la conexión con Fráncfort ejecutada por Lufthansa pero auspiciada por el actual Ejecutivo foral y en concreto por los buenos oficios del vicepresidente Ayerdi. Constatados los méritos vigentes, resulta de justicia extender los reconocimientos con carácter retroactivo, desde la evidencia de que difícilmente nuestro aeropuerto hubiera seducido a cualquier compañía de fuste sin la reforma integral acometida por los gobiernos de Zapatero merced a una inversión de casi 60 millones para construir nuevas torres de control y terminal, además de ampliar la pista en 200 metros. Remodelación de una infraestructura lastrada por unos déficits operativos de tal calibre que en el invierno de 2004-2005 se alteraron por la niebla hasta 250 vuelos, tres cuartas partes de los desvíos y cancelaciones subsanables con las mejoras técnicas luego implementadas. La consecución de semejante cuantía de los Presupuestos del Estado para poner en hora un aeródromo con un tráfico en 2004 de apenas 300.000 pasajeros al año constituyó una tarea titánica. Más habida cuenta de que, en el contexto de una pugna feroz por modernizar el medio centenar de aeropuertos activos en España -en general deficitarios-, la asignación de fondos a Navarra por la empresa pública AENA se topaba con los recelos que en el alto funcionariado del Estado genera el autogobierno foral. Tampoco el clima político era entonces propicio, pues el Gobierno de Sanz ejercía de ariete del PP en contra del de Zapatero, por lo que únicamente las relaciones personales con los responsables directos de la territorialización de los cuartos podía lograr los 60 millones de marras. Y en eso se afanó el mirandés Vicente Ripa, entonces delegado del Gobierno, que ofició de efectivo y honesto conseguidor ejerciendo ese cargo como corresponde, intentando limar asperezas entre ejecutivos y detectando oportunidades de inversión pública en cada epígrafe de las Cuentas estatales. Ripa contó con la inestimable colaboración de Salvador de la Encina, diputado por Cádiz con acceso rutinario al presidente de AENA, Manuel Azuaga, quien acabó por interiorizar -pese a las severas presiones en sentido contrario- que el futuro de Navarra no podía quedar comprometido por un aeropuerto de juguete y además roto. Así que, en puridad, el vuelo a Fráncfort despegó desde Miranda de Arga hace una década larga. Lo sé porque estuve allí.