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Emisión imposible

Era cuestión de darle cuerda

Por Javier Arizaleta - Jueves, 23 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Las noches memorables de televisión suelen estar vinculadas a cierto trasnoche. No sé a qué hora pudo ser el programa de José María Íñigo en el que el mago Uri Geller hizo que la gente doblara cucharillas y que, con solo frotarlos, algunos viejos relojes rotos funcionaran. En el recuerdo de un niño, aquel horario intempestivo era excepción, una salida de norma justificada ante aquel acontecimiento televisivo sin precedentes. Claro, también podrían ser las diez y media de la noche. Muchas décadas después, la misma cadena hizo que la final de MasterCheff Celebrity finalizara pasadas de largo las dos de la madrugada. Y no son horas. Que por más éxito que pudieran tener eso de que la televisión pública castigue al 30% de la audiencia a pasar sueño no ayuda en nada a las aspiraciones de una sociedad responsable. Pero hay que reconocerles el mérito de ver cómo unos humoristas y un remero se lo han tomado tan en serio que lo han convertirlo en referencia televisiva. Hay que decir que el mérito de este tipo de concursos está, claramente, en quienes participan y se someten a las mil trampas y desafíos que les aguardan. Un espectáculo que selecciona los defectos para magnificarlos y convertirlos en momentos televisivos. Y a nada bien que le siga yendo con OT, TVE, años después, podría convertirse en la más vista. Por un lado ha estado el descalabro que el tema catalán ha llevado a las cadenas que lo han ignorado y a que La Sexta esté entre los grandes más este tirón de TVE que se ha producido a pesar de errores como el de Carlos Herrera, van a hacer que el liderato televisivo cambie. Una buena noticia que indicaría que los espectadores no estamos dormidos como se creen quienes fían su programación al cotilleo. La conciencia crítica puede que haya despertado con el tema catalán como aquellos viejos relojes que agitamos en la infancia hasta ponerlos en marcha de nuevo. Luego se supo que no fue la magia. No. Solo había que darles un poco de cuerda.

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