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Argentina llora a los 44 del ‘ARA San Juan’

La Armada deja sin esperanzas a las familias al confirmar una explosión en la zona donde desapareció el submarino

Viernes, 24 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Una mujer observa los mensajes dedicados a los 44 tripulantes del submarino desaparecido

Una mujer observa los mensajes dedicados a los 44 tripulantes del submarino desaparecido en la base de Mar del Plata. (EFE)

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  • Una mujer observa los mensajes dedicados a los 44 tripulantes del submarino desaparecido
  • Una familiar sostiene una imagen de la Virgen en la base naval de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.

buenos aires- No hay esperanzas. Las malas noticias que llegaron ayer del Atlántico convirtieron Argentina, en especial de los familiares de los 44 tripulantes del desaparecido submarino ARA San Juan, en un pozo de angustia y dolor: “Yo lo único que quería era a mi hijo vivo”, contaba el padre de uno de los marineros. Tras ocho días de incertidumbre por no saber qué les ocurrió a sus seres queridos -todos profesionales de la Armada- para dejar de comunicarse y perderse en el océano, ayer un jarro de agua fría cayó sobre todos los familiares y amigos de “los 44”, que aguardaban entre lágrimas en la ciudad bonaerense de Mar del Plata, donde el submarino tenía que haber llegado hace cuatro días. “Alrededor de las 11 de la mañana me llamó el jefe de mi hijo desde la base de Mar del Plata confirmando la explosión y que están todos muertos”, contaba sin contener la emoción Luis Tagliapietra, padre de Alejandro Damián, teniente de corbeta de 27 años. “No puedo entender que en el comunicado oficial no digan la verdad, es increíble”, añadía.

Y es que la Armada argentina, en su informe de ayer, en el que confirmó que se detectó una explosión en el mar el 15 de noviembre, día en el que desapareció el sumergible, pidió mantener una extrema “prudencia” y no se aventuró a decir cuál puede ser el estado de los tripulantes, ya que continuaba la búsqueda de la nave.

Según el capitán de navío Enrique Balbi, el embajador de Argentina en Austria, Rafael Grossi, experto nuclear, señaló en una comunicación con el Gobierno que la “anomalía hidroacústica” registrada el miércoles 15 de noviembre en la zona en la que se reportó por última vez el sumergible, fue “un evento anómalo singular corto violento y no nuclear consistente con una explosión”. Esta repentina explosión en inmersión podría ser la explicación de la ausencia de señales de emergencia.

Los sensores que escuchan permanentemente los océanos en todo el mundo por razones militares lograron registrar la explosión del submarino el mismo día en que se le perdió la pista, pero el dato solo se confirmó ayer después de múltiples análisis. El casco puede estar sepultado en un abismo a 3.000 metros.

El pasado lunes, el capitán de navío Gabriel Galeazzi explicó que el miércoles de la desaparición el submarino había comunicado que había sufrido una avería eléctrica en sus baterías, algo que, según dijo en ese momento la fuerza argentina, no tendría por qué haber afectado al funcionamiento del submarino.

“Son momentos muy difíciles para toda la familia”, narraba con la voz entrecortada la prima de Javier Gallardo, de 47 años y suboficial principal en el San Juan, una profesión que vivió desde siempre por ser hijo de un exsubmarinista y excombatiente de la Guerra de las Malvinas, que enfrentó a Argentina y Reino Unido en 1982. Hasta ahora, la sensación general de los familiares de los 44 marineros tripulantes del San Juan y que mantiene en vilo al país entero era la de consternación por no entender nada de lo ocurrido.

No obstante, algunos de los familiares ya vertían ayer duras críticas contra la actitud de la Armada tras conocerse la desaparición de la nave -por una supuesta lentitud de reacción y la forma de transmitir la comunicación- y a las autoridades del país por el supuesto mal estado en el que se encontraba el sumergible. “Mandaron una mierda a navegar”, afirmó ante la prensa Itatí Leguizamón, esposa del radarista Germán Óscar Suárez, al tiempo que reveló que en 2014 el submarino, de fabricación alemana e incorporado a la Armada en 1985, ya sufrió otro incidente grave “y no pudieron emerger”. “No viene de ahora, viene de hace 15 años atrás”, de los “15 años de abandono que tiene la Armada”, aseguró Leguizamón, para quien la responsabilidad “es de todos”, tanto del Gobierno anterior como del actual, ya que a su juicio, desde los años 70 “nadie invierte un peso” en la fuerza naval.

Ahora, medios navales, aéreos y logísticos argentinos y de otros 13 países bregan por hallar rastros del submarino en el lugar donde se detectó, cerca de donde se reportó por última vez su ubicación, a 432 kilómetros de la costa de la Patagonia argentina. “No saben nada. Si hay una explosión en un coche, vuela. El submarino está debajo del agua, voló. ¿A quién van a buscar?”, cuenta María Rosa, madre de otro tripulante, sin esconder la indignación y la desilusión.

Según agregó Luis Tagliapietra, una autoridad de la Armada le contó por teléfono que la explosión que se detectó fue entre los 200 y los 1.000 metros de profundidad y que en un evento de esa magnitud “es imposible que pueda haber un superviviente”. “Estoy yendo de forma personal para pedir explicaciones”, remarcó el padre de Alejandro Damián, quien “desde chiquito” vivía con pasión la que acabó siendo su profesión. “Yo lo único que quería era a mi hijo vivo, nada más”, llora Tagliapietra.

Ahora, los homenajes y las oraciones por “los 44” se suceden en todo el país, a la espera de que pueda darse un milagro

la cifra

3.000

metros de profundidad

El submarino, según los datos que se conocían ayer, podría encontrarse a 430 kilómetros del punto más cercano de la costa del Golfo San Jorge y en un radio de 125 kilómetros. Según la Armada argentina, está muy cerca de un talud con muchas variedades de profundidad, va desde los 200 metros hasta 3.000 metros.

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