Música

La doncella nunca muere

Por Teobaldos - Viernes, 24 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

The American String Quartet

Músicos: Peter Winograd, violín. Laurie Carney, violín. Danel Avshalomov, viola. Wolfram Koessel, violochelo. Programa: obras de Haydn, Ravel y Schubert. Programación: ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Gayarre. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 22 de noviembre de 2017.Público: el habitual del abono;lleno el patio de butacas, menos, los palcos (29 euros).

Han pasado por el siempre agradecido ciclo de cámara del Gayarre cinco cumbres del género: Haydn, Ravel, Schubert, Beethoven (la propina) y el Cuarteto Americano, otro acontecimiento musical salido de la Juilliard School. La formación de cuerda americana tiene una sonoridad grandiosa, basada en una cuerda grave -viola y chelo- formidables, con una violinista segunda poderosa en la zona media, y el violín primero muy empastado en el grupo. Bordan el envolvente sonido romántico, pero tienen una paleta de colores muy variada, -en Ravel lo mostraron-, y los reguladores son manejados de tal manera que alcanzan un grosor orquestal, partiendo depianos increíbles. Cuarteto nº 1, op. 76 de Haydn;el cuarteto americano hizo un Haydn muy romántico;por momentos parecía Beethoven: abundante mariposeo de la mano izquierda (vibrato), volumen y regulación extensos;un Haydn que no viene del barroco, como suele hacerse ahora. Comienzo algo extraño, por la afinación, influenciada por la sala fría -(se averió la calefacción)-;pero enseguida, solucionada. Estamos ante un Haydn que camina hacia otro universo, así que en esta versión gana el adagio, lento, a media voz y estático;y el allegrofinal, que se alarga hasta la novena de Schubert.

La versión del cuarteto de Ravel fue magnífica: dentro de la opulencia sonora del conjunto, inventaron sonidos para colorear los distintos movimientos, y para no abandonar nunca la sutileza y elegancia -humor también- de Ravel. Lo escuchamos todo: al violín segundo y a la viola -que suelen pasar desapercibidos-, al violonchelo de cavernosos graves cuando hace falta, y al violín primero, que se inventa un sonido irisado, plateado, de reflejos de agua, o volátil;creando una atmósfera que va del rigor de la sonata, al humor;de la ensoñación a la agitación. El final del movimiento lento, de referencia.

Cerraba el programa, el siempre bien recibido cuarteto de Schubert, La muerte y la doncella. A mí la versión me pareció magnífica porque no hicieron nunca un Schubert melindroso ni lánguido, sobre todo en el famoso andante, con el tema de la muerte. Su sonoridad planeó como un sudario estático y transparente, pero con volumen y tempo nada decadente, y de expresividad profunda, sentida, interiorizada. En las variaciones, volvimos a deleitarnos con la calidad individual de los músicos;el violín primero -de exigencia virtuosística- va y viene por una excelente regulación del acompañamiento del resto: el violonchelo, luce un sonido redondo, cálido, y un fraseo a modo de oración, entre la perorata del violín;el final, enpianísimo es sobrecogedor. El último movimiento, en el que los intérpretes se ponen casi violentos, nos lleva a la conclusión agitada y plena de la obra magistral.

De propina -agradeciendo los abundantes bravos del público-, el cuarteto americano, nos enseñó qué pueden hacer con Beethoven: Cavatina, adagio molto espressivo del opus 130. Más expresividad no cabe.