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Editorial de diario de noticias

Ahora, a por el Fuero

La controversia sobre la actualización del Concierto vasco evidencia una fuerte corriente recentralizadora que exige un cierre de filas en torno al autogobierno, también de Navarra, amparado en derechos históricos

Viernes, 24 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la tan amplificada como agria polémica desatada en torno a la aprobación ayer en el Congreso de la actualización del Concierto vasco cuestionando el modelo de relación económica entre los territorios forales y el Estado en ningún caso responde al interés de las sociedades integrantes del denominado régimen común, por muchas soflamas que se viertan contra el modelo de autogobierno fiscal y financiero de Navarra y de la CAV por considerarlo desajustado o privilegiado. En verdad, las críticas pretenden sólo la diferenciación política en una toma de posicionamiento electoral, como lo evidencia más que ningún otro partido Ciudadanos. Sabedores de su peso residual en los territorios forales, los sectores recentralizadores pretenden explotar un sentimiento de agravio falseando la realidad a ojos de la ciudadanía de las comunidades autónomas que padecen problemas de financiación a consecuencia de la crisis y de una gestión anterior de los recursos deficiente tanto desde las instituciones estatales como propiamente regionales. Esa infrafinanciación cierta del régimen común sólo puede enmendarse mediante un nuevo acuerdo, del que queda al margen la bilateralidad de unos regímenes forales que no cabe instrumentalizar como cortina de humo. Fundamentalmente porque, en base a un sistema amparado por el bloque constitucional y con origen en derechos históricos más amplios a los que no han renunciado, Navarra y la CAV ya abonan la cantidad que les corresponde por las competencias no transferidas y para el sostenimiento de las cargas generales del Estado tras recaudar directamente impuestos con los que sufragar sus servicios a partir del principio de una presión fiscal equivalente a la del régimen común, asumiendo en exclusiva el riesgo que supone hacerlo incluso en épocas de crisis y caída de los ingresos tributarios. Ese compromiso con la solidaridad interterritorial, refrendado con un pago al Estado en función no de la población sino de la riqueza, continuará sin embargo soslayado por los adalides del jacobinismo, que también hallan ahora un caldo de cultivo propicio en segmentos del PP y del PSOE. Frente a la ofensiva ya en ciernes, abierto el melón del artículo 155 en Catalunya, es hora de un férreo cierre de filas político y social en defensa del autogobierno foral, eje de la prosperidad de Navarra, pendiente todavía de la actualización de un Convenio Económico por el que ha venido pagando al Estado al menos cien millones de más al año.

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