Agresiones sexuales y revictimización

Juana M. Azcárate (psicóloga responsable de área de víctimas en representación del equipo de PSIMAE), Lourdes Aldave (directora de Justicia), Jesús Jiménez Luque (director del Servicio Social de Justicia) e Izaskun Gartzaron (jefa de la Sección de Asistencia a las Víctimas del Delito de Gobierno de Navarra) - Sábado, 25 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Al hilo de los últimos casos contra la libertad sexual juzgados en Navarra y del tratamiento periodístico realizado, queremos sensibilizar a la población y a los periodistas.

Una persona, casi siempre mujer, que sufre una agresión sexual, se ve violentada en lo más íntimo de su persona. La violación es considerada como una de las formas de victimización más graves, y que deja mayor número de secuelas en la víctima. En la mayoría de los casos la víctima está paralizada por el terror y es incapaz de defenderse. Terminada la agresión nos encontramos con mujeres en estado de shock, con unos fuertes sentimientos de vergüenza y de culpa, y cuya primera inercia es borrar lo sucedido y hacer como que no ha pasado nada, cuesta plantearse el denunciar. Pero la sociedad en general les pide que denuncien, que sean valientes, porque necesita sacar a esos agresores de la calle para la seguridad de todos.

Al poner la denuncia se exponen a que muchas personas se enteren de lo sucedido, más cuando sucede en comunidades o poblaciones pequeñas. Es nuestro deber tratar estos casos con el mayor de los respetos y evitar una revictimización. ¿Realmente importan los detalles íntimos de la violación? ¿Si la penetración fue de una u otra manera? ¿Si le rompió o le quitó la ropa? Sinceramente no. No es necesario dar detalles morbosos y no informativos. La noticia puede ser simplemente aséptica, es decir, denunciada una agresión sexual, la denunciante refiere que fue en contra de su voluntad, el agresor declara que fue consentido. Y vale. Eso es informar. A veces no somos conscientes de que algunos detalles sobre el lugar de los hechos van a hacer que se identifique a una víctima (por ejemplo, describir un local, que para la gente de la zona puede ser suficientemente identificativo).

Lo que está claro es que una víctima tiene derecho a permanecer en el anonimato si así lo quiere, además de ser su derecho es la manera de preservar un entorno donde poder recuperarse psicológicamente lo antes posible y con el menor número de secuelas. Por ello, y dado que las pautas terapéuticas van en la línea de recuperar la normalidad y la rutina habitual para evitar cronificar el estrés postraumático que suele estar presente, lo único que hacemos cuando mantenemos múltiples informaciones, cargadas de detalles, sobre una agresión sexual es dificultar este proceso terapéutico, incluso consiguiendo en algunos casos que las secuelas sean de por vida.

Cuestionémonos: si fuera mi hermana, mi madre, mi hija, mi sobrina… ¿escribiría con tanto detalle? ¿Permitiría este tipo de artículos? ¿Me gustaría que se diera esta información? No seamos interlocutores de una víctima cuando no me lo han pedido, y sí pongámonos en su lugar. Cuando seamos capaces de hacer esto, de empatizar con ella, de intentar saber qué está sintiendo… entonces y solo entonces haremos artículos informativos y no morbosos.