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En la colisión murió Gabriel Marín, de 37 años

2,5 años de cárcel por una imprudencia “flagrante” en la A-12 y causar un choque mortal

En la colisión murió Gabriel Marín, de 37 años, y el camionero condenado, que se queda 3 años sin carnet, circulaba a 22 km/h y se incorporó de forma indebida

Enrique Conde - Sábado, 25 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Vehículo que conducía el fallecido y delante, el camión del acusado con el que chocó.

Vehículo que conducía el fallecido y delante, el camión del acusado con el que chocó. (Javier Bergasa)

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  • Vehículo que conducía el fallecido y delante, el camión del acusado con el que chocó.

pamplona- Un camionero de avanzada edad, J.I.C.U., ha sido condenado en el Juzgado de lo Penal número 4 a la pena de dos años y medio de prisión por un delito de homicidio por imprudencia grave después de haber causado un accidente mortal en noviembre de 2016 en la Autovía del Camino (A-12) en Puente la Reina. En la colisión por alcance falleció Gabriel Iñaki Marín Morais, un vecino de Cirauqui de 37 años, casado y con dos hijas. Al acusado se le retira el permiso de conducir durante tres años y medio. La sentencia es recurrible y condena también a la aseguradora del procesado a indemnizar como responsable civil directo con un total de 165.000 euros a seis familiares y al otro seguro.

El juez reprueba la gravedad y “flagrante” conducta del camionero por la anormal velocidad a la que circulaba, entre 17 y 27 km/h, por su incorporación errónea al carril de circulación de la autovía y no haber circulado por el arcén hasta alcanzar velocidad suficiente. Además, recuerda que había causado un primer accidente antes del siniestro mortal, a una distancia muy corta, y trató de desvincular ese hecho en un primer momento ante la Guardia Civil.

El fallo relata que el acusado, sobre las 7.45 horas del 17 de noviembre de 2016 conducía su camión por la A-12 en sentido hacia Pamplona. Se dirigía sin carga al polígono de Burlada. Minutos antes había tenido un accidente en el km 21 de la vía, cuando impactó con un vehículo, conducido por una mujer. Esta no vio el camión del acusado por no llevar suficiente iluminación para apercibir de su presencia en la vía y circular muy despacio. Ambos estacionaron en el arcén para resolver la situación y, luego, el acusado reanudó la marcha sin dejarse indicar para realizar la maniobra de incorporación a la autovía. El acusado circuló unos segundos por el arcén derecho con una velocidad muy reducida y sin hacer uso del alumbrado de emergencia que lo indicara a otros vehículos. Pese a ello, se incorporó a la vía, cuya velocidad mínima es de 60 km/h, “prescindiendo de las normas más elementales en la circulación y con una total y absoluta falta de diligencia, sin comprobar ni asegurarse que ningún otro vehículo circulara por dicho carril”. Escasos segundos después, cuando el camión conducido por el acusado circulaba ya por el carril derecho de la A-12 a una velocidad de entre 17,3 y 27,3 km/h, se acercó por detrás Gabriel Marín, que conducía un VW Golf y se incorporaba al carril derecho desde el izquierdo tras un adelantamiento. El fallecido se encontró “de manera sorpresiva y sin poder hacer nada para evitarlo con el camión del acusado, lo que provocó una fuerte colisión. No ha quedado acreditado, según el juez, que el fallecido circulara con exceso de velocidad ni que a la causa del accidente haya contribuido la velocidad del coche de la víctima, “ni mucho menos que de haberlo hecho a 120 km/h se hubiera evitado el impacto”.

no iba ni a la mitad de la mínimaEl juez recuerda que la velocidad a la que circulaba el acusado, según el tacógrafo, era de 15,19 km/h, aunque en una pericial que encargó se eleva dicha velocidad hasta los 27 km/h en el momento del choque, “velocidad que no llega ni a la mitad de la mínima a la que podía circular por la A-12 (60 km/h). Tampoco se ha discutido, añade la sentencia, que “circulara sin las luces de emergencia, e incluso se ha puesto en duda que llevara ninguna luz, pues no en vano protagonizó en un cortísimo periodo de tiempo y espacio nada menos que dos accidentes”. Además, era un momento de menor visibilidad al no haber luz solar todavía.

En este caso, resume el juez, “los preceptos sobre la regulación de tráfico infringidos por el acusado, de forma flagrante, son en extremo importantes para la seguridad vial” y añade que las pruebas “ponen de relieve a un conductor totalmente inconsciente de sus actos”. El accidente se produjo, según las diligencias practicadas, en el centro del carril derecho de circulación. La Guardia Civil acreditó que en la zona del accidente había un arcén de 2,6 metros, que es por donde debió haber circulado el camión hasta alcanzar la velocidad para incorporarse. Un agente recordó además que sobre el primer accidente que ya había tenido el camionero contra otra conductora en el carril de incorporación, “el acusado dijo en un principio que había sido en la travesía de Puente la Reina y luego cambió la versión”. Los investigadores concluyeron que “lo correcto hubiera sido circular por el arcén con las luces de emergencia hasta la primera salida de la autovía o hasta coger velocidad”. Los guardias no consideraron creíble la versión del acusado de que pensaba que circulaba a 60 o 70 km/h y precisaron como causa del accidente la “incorporación indebida a la autovía y la velocidad inadecuada”.

SANGRE FRÍA Y FALTA DE EMPATÍAY el juez aporta como dato fundamental que el acusado intentara engañar a los guardias sobre el lugar en el que se produjo el primer accidente, evidentemente para descartar la relación entre ambos, lo que denota la sangre fría del acusado desde el primer momento para intentar eludir su responsabilidad. La imprudencia del acusado es flagrante”. El juez también justifica la imposición de dicha pena, que podría implicar ingreso en prisión, en el hecho de que “el acusado ha mantenido una posición de total falta de empatía con las víctimas de sus accidentes y con los familiares del fallecido, no mostrando el más mínimo arrepentimiento por lo ocurrido y siguiendo de forma contumaz e incluso en contra de sus propios peritos, manteniendo una versión exculpatoria que no se compadece lo más mínimo con la realidad”.

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