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Los restos de la antigua tejería de Oteiza ven la luz. Rompiendo el alma

por Javier Lana - Sábado, 25 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Aveces resulta complicado caminar. Andar vaya. Poner un pie delante del otro y avanzar dando pasos pequeños o grandes. De niña me gustaba correr y saltar. Tuve alrededor gente amable, gente buena que me ayudó en ese complicado equilibrio, cuando ir de gatas se va quedando atrás y ya el cuerpo busca esa verticalidad a veces tan difícil de conseguir. Tuve unos padres que jugaron conmigo y se inventaron que eran las partes de un puente. La partida y la llegada, y yo aventurera me atrevía a recorrer ese trayecto donde descubres el vacío que te obliga a cerrar los ojos. Y unos brazos afectivos al partir y otros brazos ansiosos al recogerte.

Crecí en un espacio amigo, y por eso cuando ya me sentí lo suficientemente fuerte, me atreví a descubrir lugares diferentes y me animé a conocer a otra gente como yo, y conseguí encontrar a los amigos, y me hallé acomodada en ese marco hermoso donde querer y que te quieran.

Crecí libre y me sentí libre para moverme;para expresarme, porque la vida era algo que me animaba a compartirla con los otros, los hombres y mujeres por igual.

Pero hoy no puedo caminar. Me faltan las fuerzas o las ganas por dejar el banco en el que me hallo no se si sentada, tumbada, acurrucada o tal vez muerta.

Han pasado ya las horas. Caminaba despacio y mis pasos repetían sobre el asfalto ese taconeo bonito, el sonido de unos dedos tamborileando sobre la mesa, llevando el ritmo de una canción que suena en una radio no se dónde. Volvía a casa. Volvía contenta porque ese rato de la cena fue tan grato, ese rato de la cena y luego recorriendo las calles , visitando los bares, la tertulia animada y el baile.

Volvía cansada y con esas ganas de recogerte en una cama y dormir si acaso hasta el mediodía o la tarde del día siguiente. Volvía en ese casi amanecer bonito, que te hace achinar los ojos por los destellos de un sol que se aproxima en un horizonte azul y rojo.

Volvía cuando noté que me seguían, y aunque aceleré el paso por ese temor que te viene, que te hace temblar, por no saber ni como hacer, más que correr porque adivinas que te quieren, que te quieren desnudar el cuerpo y salpicar el alma de tristeza. Y ya lanzarte a la carrera y ver como el tacón se va rompiendo en ese esfuerzo por avanzar y no poder y descalzar los pies para hacer más fácil tirar para adelante y casi sin saber a dónde ir y empezar a llorar, porque se hace imposible lanzar al aire la voz porque está rota. Y es notar el aliento incómodo en tu nuca y unos brazos extraños amarrar tu cuerpo y un derrumbarte en el asfalto en una esquina, a empujones, porque no era solo uno, tal vez dos o puede que tres y es que acaso importa ya, cuando tus brazos abanican el aíre, pidiendo a no se a quién la ayuda que no viene, y es que no hay nadie ajeno a los que encima me atropellan, se divierten rompiéndome la vida, sangrando de mi boca y de mi pecho y mi vagina abierta y explorada , manoseada y rota por esa hombría despiadada y canalla .

No sé el tiempo que pasó, ni las horas y minutos en los que mis ojos se cerraron sin poder cerrarse, ni mis oídos intentando escapar a los sonidos hambrientos, destrozando las palabras generando insultos. No pudo mi boca articular una palabra, porque mis labios fueron obligados a besar lo indeseable . Y hubo un instante en que mis ojos se fueron desgajando y una nube alborotada nubló mi vista derramando una lluvia de cristales, lágrimas amargas .

Y no sé cuándo me quedé sola y esparcida y descompuesta. Me invadió la soledad que tanto deseaba intentando buscar una respuesta a esa humillación que destapa el cajón de las miserias.,

Y es volver a despertar y es pensar cómo contar, cómo explicar, cómo decirlo, si es que seguro que mi voz se quede muda, cuando alguien me pregunte y mis manos tampoco puedan responder por lo que tiemblen. Y es que deseo respirar , pero algo me ahoga. Y es que deseo vivir pero algo me dice que me resultará difícil escapar de la memoria de una historia que de verdad pasó, que no fue un sueño.

las claves

oteiza. Los restos de la antigua tejería de Oteiza pueden verse desde hace unos días tras el trabajo que ha llevado a cabo el grupo de vecinos y vecinas que en los últimos tiempos han estado restaurando también los antiguos aljibes de la localidad. La tejería se encontraba en ruinas y cubierta de maleza, por lo que apenas se veía. Los trabajos llevados a cabo han incluido limpieza, desbroces, etc, así como labores con las piedras. Por otra parte, desde este grupo se ha impulsado una ruta natural de 19 kilómetros por los aljibes. Foto: cedida

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