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El carnicero, la frutera y la pescadera más cercanos

El Mercado de Ermitagaña, que se inauguró hace 35 años, lucha ahora para que los más jóvenes “pierdan el miedo” al comercio tradicional

Laura Garde / Iñaki Porto - Sábado, 25 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Blanca Amatriain, frutera, Araceli Gurbindo, pescadera, y Juan Ramón Burguete, carnicero, en el Mercado de Ermitagaña.

Blanca Amatriain, frutera, Araceli Gurbindo, pescadera, y Juan Ramón Burguete, carnicero, en el Mercado de Ermitagaña.

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  • Blanca Amatriain, frutera, Araceli Gurbindo, pescadera, y Juan Ramón Burguete, carnicero, en el Mercado de Ermitagaña.

“Trabajamos siempre con productos exclusivos por complacer al cliente y ellos te lo devuelven con su cariño”

pamplona- Juan Ramón Burguete, Araceli Gurbindo y Blanca Amatriain inauguraron el mercado de Ermitagaña el 22 de noviembre de 1982 y, pese a las dificultades, hoy se mantienen al pie del cañón al frente de tres de los seis puestos supervivientes.

Hace treinta y cinco años, el mercado de Santo Domingo y el del Ensanche eran el reclamo de los vecinos de Pamplona, y los barrios como Ermitagaña pedían a gritos más servicios que cubriesen sus necesidades. “En esa época, este era un barrio de parejas jóvenes con hijos. Había muchas familias numerosas, por lo que las exigencias aumentaban”, explicaron Burguete y Amatriain. Además, las cadenas de supermercados y las grandes superficies todavía no habían empezado a expandirse. “Era el momento de hacerlo. Algunos estábamos en los mercados del centro, cambiamos una licencia por otra y nos vinimos. El resto de espacios se subastaron. Firmamos el acuerdo y echamos a andar”, continuó Juan Ramón.

De los cuarenta puestos que conformaban el mercado al principio, ahora solo quedan seis: “Nuestro desgaste, por llamarlo de alguna manera, llegó cuando los centros comerciales y las grandes superficies empezaron a comernos terreno. También hubo gente del barrio que se fue a vivir fuera”, relataron los comerciantes. Aun así, aseguran que sus clientes “de toda la vida” son fieles: “Hay familias que continúan viniendo. Es más, algunos de sus hijos, aunque no vivan aquí, se acercan muchos fines de semana a por productos concretos. Los viernes y los sábados se nota una mayor afluencia”.

Juan Ramón en su carnicería, Araceli dentro de su pescadería, y Blanca al mando de la frutería que comparte con su hermana Mari Luz, han apostado siempre por el producto local: “Aquí radica la calidad de los mercados”, sentenciaron. Asimismo, su oferta se ha ido adaptando a los clientes más jóvenes: “Ahora vendemos verdura limpia y en bolsa, por ejemplo. Antes esto era impensable. En el caso de la carne, tenemos filetes ya empanados, entre otras cosas. Es lo que ahora piden. Si no evolucionamos, nos quedamos atrás. Y si esto pasa, perderemos la partida”, aseveraron Burguete y Amatriain. Su batalla es, desde hace tiempo, conseguir que los jóvenes pierdan el miedo a comprar en el mercado.

La “chispa” y la motivación en su recorrido ha sido del trato con el cliente y la venta personalizada, otra de las características de los mercados y del pequeño comercio. “Nos gusta nuestro trabajo y este es uno de los regalos que nos da. Trabajamos siempre por complacer al cliente. Te lo devuelven con su cariño. Es una aportación mutua. Nunca me he cansado. Cada día es diferente y todos me levanto con ilusión”, afirmó Gurbindo. Amatriain inició su camino para “probar” tres meses y el “ambiente” le cautivó: “Yo estudié auxiliar de enfermería. Eché la solicitud pensando que no me la iban a aceptar. Vine solo para un tiempo y aquí estoy después de treinta y cinco años. He estado siempre muy a gusto. Las clientas son ahora mis amigas”, expresó.

Una de las particularidades del Mercado de Ermitagaña es su servicio a la hostelería: “Hemos trabajado mucho con los bares y restaurantes de la zona que siguen una línea de cocina tradicional con productos autóctonos”, recalcó el carnicero.

dinamizaciónLa Ruleta de los Mercados repartió ayer regalos sorteados entre los clientes de Ermitagaña y del Ensanche. El único requisito para participar era presentar el tíquet de compra del mismo día por un importe mínimo de cinco euros o varios que sumasen esa cantidad. Esta iniciativa, que pretendía premiar la fidelización y promocionar el producto fresco, fue inaugurada por el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron. “El objetivo de este tipo de actividades es la dinamización, intentar animar a los vecinos a participar en estos espacios, que también forman parte de nuestra cultura”, describió Burguete.

Con el mismo fin, a lo largo del año, el Mercado de Ermitagaña organiza otras actividades: “Preparamos degustaciones y realizamos un aula de cocina. Viene un cocinero, prepara dos o tres platos y luego los asistentes pueden degustarlo. Queremos que el mercado sea un punto de encuentro y esto puede ser un aliciente para darle vida”, concluyeron.

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