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Bruselas sigue esperando a Alemania

La inestabilidad en Berlín preocupa a la capital comunitaria, que observa cómo las reformas que necesita la zona euro vuelven a retrasarse.

Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La canciller, Angela Merkel, camina cabizbaja durante una reunión de su partido en la jornada de ayer.

La canciller, Angela Merkel, camina cabizbaja durante una reunión de su partido en la jornada de ayer.

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  • La canciller, Angela Merkel, camina cabizbaja durante una reunión de su partido en la jornada de ayer.

El proyecto de integración europea sigue sin brújula. Bruselas esperaba la previsible reelección de Angela Merkel al frente de la cancillería germana como punto de partida del relanzamiento del motor franco-alemán y el momento perfecto para salir del marasmo en el que ha estado sumido el club tras el portazo británico. Pero esa “ventana de oportunidad” a la que se refirió el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude- Juncker, en septiembre en su discurso sobre el Estado de la UE sigue sin abrirse. Las dificultades para formar coalición en Berlín e incluso la posibilidad de la convocatoria de unos nuevos comicios no son buenas noticias.

Una Merkel débil implica una UE débil. Su liderazgo -con sus virtudes y defectos- siempre ha sido visto en Bruselas como garantía de estabilidad. El presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, es un líder prometedor pero con demasiadas preguntas por responder. Su ambición y arrojo despiertan simpatías, pero también suspicacias tanto en las instituciones europeas (siempre temerosas de acabar eclipsadas por el poder de las capitales tal y como sucedió durante la crisis de deuda) como en algunos Estados europeos. Su estilo visionario recuerda a la luna de miel que vivió Bruselas con otros líderes franceses como Nicolás Sarkozy, un hechizo que acabó desvaneciéndose con el tiempo. Por el momento, Bruselas se atiene a lo establecido. Mantiene el calendario de propuestas y cumbres e intenta marcar el camino antes de que, tarde o temprano, el motor franco-alemán vuelva a estar engrasado. Pero nada está saliendo tal y como se esperaba. La ausencia de Angela Merkel en la cumbre de Gotemburgo (Suecia) la semana pasada, dedicada al pilar social europeo, ensombreció un encuentro que, por otra parte, ya desde su convocatoria, tenía un significado más simbólico que real.

El tiempo apremia, pero también hay quien ve este retraso de la formación de gobierno en Berlín como un motivo de esperanza. La entrada de los liberales en el gobierno capitaneado por Merkel hacía temer un freno en las iniciativas para una nueva estructura en la zona euro basada no sólo en la vigilancia y los castigos sino también en los mecanismos de solidaridad. La puesta en marcha de una coalición tan heterogénea e inédita (con el apoyo también de los verdes para poder funcionar) hacía también presagiar un futuro incierto y con constantes luchas internas.

Ante este panorama, vuelve a resurgir la idea de mantener las fórmulas ya establecidas. Pese a la oposición de Martin Schulz, la posibilidad de reeditar la Gran Coalición entre populares y socialistas vuelve a estar sobre la mesa. Es una fórmula que tranquiliza a Bruselas, siempre amiga de lo conocido, aunque evidencia la dificultad de la socialdemocracia europea para establecer un discurso alternativo en la UE. También se abre el interrogante sobre, si tras el mal resultado cosechado en las elecciones, la posible nueva Gran Coalición sería diferente a la anterior y si el socialismo alemán presionaría a Merkel para un mayor enfoque social y cómo esto incidirá en el conjunto de la Unión.

extrema derechaPero lo que suceda en Alemania, y por ende en Europa, no sólo depende de los partidos que sostengan Merkel para que pueda ocupar la cancillería. La entrada de la extrema derecha como tercera fuerza en el Bundestag también supone una sombra alargada para la siempre pragmática canciller. Merkel puede optar por establecer un discurso alternativo con el apoyo de los socialistas en ámbitos tan delicados como la mayor integración de la zona euro y una política de asilo común europea o rebajar el tono de sus propuestas. Nada parece demasiado claro. Alemania sigue dirimiendo su destino Bruselas sigue esperando a la tradicional locomotora europea.

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