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Música

Metales preciosos

Por Teobaldos - Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO de ciclo de la osn

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra. Ine Thing Helseth, trompeta. Pablo Sánchez Escariche, saxofón. Dirección: Antoni Wit. Programa: obras de Prokofiev, Pendercki, Arutiunian (1920-2012), Glazunov y Tchaikovsky. Programación: ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal de Baluarte. Fecha: 23 de noviembre de 2017. Público: tres cuartos de entrada.

Esa línea dorada que separa la percusión del resto de la orquesta, tan brillante y poderosa, pasa hoy al proscenio;adquiere categoría de solista de concierto;le toca a la trompeta, con su campana abierta a bocajarro hacia el oyente;y al saxofón -menos habitual todavía-, con un sonido más onduladamente redondo. Ambos despuntan ya en la primera obra de la tarde:El teniente Kijé de Prokofiev, una partitura entretenida a la que Wit, con la salida en formación militar, aportó su abundante carga cómica y de ironía. La incisiva y purísima primera intervención de la trompeta en off -fuera de escena-, y el aterciopelado sonido del saxo, en sus intervenciones, fueron detalles de toda la narración, en la que no faltaron otros solos orquestales, y la alegría de esta obra, que remite a la vida y la muerte del teniente, a su entorno, a su paisaje.

La última vez que estuvo Penderecki en Pamplona fue en 1993, dirigiendo a la orquesta Sinfonía Varsovia, y estrenando en España su concierto para flauta escrito en 1992. Veintitrés años, pues, lo separan del de trompeta (2015);en aquella ocasión destacamos el respeto de la rítmica y poderosa orquesta para con el delicado sonido de la flauta. Con la trompeta, el riesgo de avasallar al solista es menor, máxime si estamos ante una gran trompetista como es Tina Thing. Penderecki acomoda el metal sobre una orquesta de indudable grosor, a menudo con un poderoso ostinato en la cuerda, pero siempre salvando brillo del solista;brillo que es más destellante o más oscuro dependiendo del instrumento usado. Fue especialmente hermoso el sonido del fiscorno;y muy sutil todo lo que se interpretó con sordina, en unos matices piano increíbles, donde la solista noruega hizo gala de un fiato, o dominio del aire, prodigioso. Técnica, fraseo y buen gusto, que demostró, también, en el concierto de Arutiunian: una partitura francamente hermosa, arrimada al folklore armenio -toda referencia a danzas populares siempre nos agrada-, con un comienzo sorprendentemente barroco para la solista, donde tiene que aligerar los pistones sobremanera;y, de nuevo, con unos contrastes en pianísimo muy bien hechos. El concierto para saxofón de Glazunov no es especialmente espectacular;la gracia se la tiene que sacar el solista. Pablo Sánchez logró cantar con el instrumento de metal apaciguado. Siempre con un sonido dominado por la homogeneidad entre los agudos y los graves, por el fraseo continuado que le propone la partitura -escalas arriba, escalas abajo-. Consiguió unos matices en piano maravillosos, desde donde abría un regulador formidable, sin que vacilara la columna de aire. La orquesta tomó protagonismo absoluto en el Romeo y Julietade Tchaikovsky: aquí también fueron escalofriantes los matices en piano, y no menos emocionante la respuesta de la cuerda a la velocidad impuesta por el director. La cuerda grave, por cierto, estuvo magnífica toda la velada, incluyendo, claro, el solo de F.J. Fernández.

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